El petróleo escala hasta los 117 dólares y pone a prueba a las bolsas con cinco grandes incógnitas

El Brent sube un 6,2% en la semana mientras los inversores esperan las decisiones de la Fed y el BCE, los resultados tecnológicos y nuevas señales sobre el conflicto con Irán

Esta semana será decisiva para el precio del petróleo y su efecto sobre la economía mundial. Foto: Europa Press.

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El petróleo se acerca ya a los 117 dólares por barril en una semana de pérdidas para las bolsas europeas y de resultados dispares en Wall Street. Este viernes, el Brent cerró en 116,72 dólares, tras subir un 3,1% en la sesión y acumular un avance semanal del 6,2%. El WTI, referencia estadounidense, terminó en 103,27 dólares. Entretanto, las tensiones en Oriente Medio y el temor a interrupciones del suministro mantienen la presión sobre el mercado energético.

Pero esta próxima semana se concentrarán varias referencias para los inversores. Por un lado, la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) se reunirá los días 27 y 28 de octubre y el Banco Central Europeo (BCE), lo hará el 28 y el 29. Además, también publicarán resultados grandes tecnológicas como Alphabet, Amazon y Microsoft, cuyas cuentas ayudarán a evaluar si las fuertes inversiones en inteligencia artificial pueden traducirse en beneficios suficientes.

En este contexto, el Grupo de Economistas de Schroders, a cuyos estudios ha tenido acceso DEMÓCRATA, plantea cinco escenarios de riesgo para la economía mundial: un petróleo a 150 dólares, una pérdida de confianza en la Fed, un límite hipotético del 4% a la rentabilidad de la deuda estadounidense a 30 años y dos desenlaces opuestos para la inteligencia artificial, desde un fuerte impulso de la productividad, hasta el estallido de una burbuja bursátil.

El petróleo a 150 dólares reabre el riesgo de estanflación

El primer escenario contempla una escalada de las tensiones en Oriente Medio que lleve el crudo hasta los 150 dólares. El encarecimiento de los combustibles, el transporte y la producción reduciría el poder adquisitivo de los hogares y elevaría los costes empresariales, con especial impacto en las economías importadoras de energía, como las de la eurozona, Reino Unido y Japón.

El riesgo es una combinación de inflación persistente y menor crecimiento. Los bancos centrales tendrían que decidir si mantienen una política monetaria restrictiva para contener los precios pese al deterioro de la actividad.

Según la hipótesis de Schroders, si la recesión se afianzara en el cuarto trimestre, los recortes de tipos podrían llegar a partir de la segunda mitad de 2027. Ese calendario pertenece al escenario hipotético, no a una previsión confirmada.

En estos momentos, el Brent sigue por debajo de los 150 dólares, pero su reciente avance vuelve más relevante el riesgo energético. La evolución dependerá de la duración de las tensiones y de si estas afectan efectivamente al suministro.

La credibilidad de la Fed y el coste de la deuda

El segundo escenario contempla que la Reserva Federal suba los tipos menos de lo que esperan los mercados pese a que la inflación siga elevada. Si los inversores interpretaran esa respuesta como una menor determinación para contener los precios, podrían exigir una rentabilidad mayor por mantener deuda a largo plazo.

El resultado sería un aumento de los costes de financiación y presión sobre los activos estadounidenses y el dólar. La reunión de la Fed de los días 27 y 28 de octubre permitirá conocer su diagnóstico sobre la inflación y el crecimiento, aunque la decisión inmediata no resolverá por sí sola las dudas sobre la trayectoria futura de los tipos.

El tercer escenario plantea una intervención hipotética del Tesoro estadounidense para limitar al 4% el rendimiento de los bonos a 30 años. La medida podría abaratar la financiación, pero también provocar salidas de capital si los inversores extranjeros redujeran su exposición a la deuda estadounidense.

Una depreciación del dólar encarecería las importaciones y podría alimentar la inflación, mientras parte de los flujos se dirigiría hacia otros mercados.

Schroders presenta este límite de rentabilidad como una posibilidad teórica, no como una decisión anunciada por Washington.

La inteligencia artificial: productividad o burbuja

Los dos últimos escenarios dibujan resultados opuestos para la inteligencia artificial. En el primero, la inversión en centros de datos, equipos e infraestructuras impulsa la productividad y el crecimiento. Sin embargo, la automatización también puede desplazar trabajadores, elevar el desempleo y debilitar el consumo, mientras el aumento de la demanda energética añade costes.

En la hipótesis de Schroders, las mejoras de productividad y la moderación del consumo compensarían esas presiones inflacionistas.

El crecimiento aumentaría sin un repunte proporcional de los precios, aunque los beneficios no se distribuirían necesariamente de forma uniforme entre sectores y trabajadores.

El quinto escenario contempla una corrección brusca de las cotizaciones ligadas a la IA si las empresas no consiguen convertir las expectativas actuales en beneficios suficientes.

Una caída de la inversión empresarial y de la confianza podría extenderse más allá del sector tecnológico y llevar a Estados Unidos a una recesión leve. La menor demanda moderaría la inflación y permitiría a la Fed recortar tipos, antes de una eventual recuperación impulsada por el consumo.

Los resultados de las grandes tecnológicas de la próxima semana ayudarán a evaluar las perspectivas de ingresos, márgenes e inversión, en un momento en que sus valoraciones tienen un peso considerable en los índices estadounidenses.

Las bolsas europeas retroceden y Wall Street ofrece un balance mixto

El Stoxx 600 europeo cayó alrededor de un 1,4% en la semana, su mayor descenso semanal desde principios de septiembre. El Ibex 35 perdió cerca de un 1,7%; el DAX alemán, un 2,3%; el CAC 40 francés, un 2,8%, y el FTSE MIB italiano, alrededor de un 3,5%.

En Estados Unidos, el S&P 500 retrocedió un 0,5% semanal y el Nasdaq, un 0,7%, mientras que el Dow Jones avanzó un 0,4% y el Russell 2000 subió cerca de un 2%. Los principales índices estadounidenses cerraron el viernes a la baja.

La rentabilidad del bono del Tesoro a diez años, próxima al 5%, añade presión al elevar el coste de financiación y reducir el valor presente de los beneficios futuros.

La combinación de petróleo caro y rendimientos elevados será una de las variables que vigilarán los inversores. Su evolución, junto con los mensajes de los bancos centrales y los resultados empresariales, marcará la reacción de los mercados durante los próximos días.

Trump, Irán y las elecciones de noviembre

La incertidumbre geopolítica añade un factor de riesgo al precio del petróleo a menos de dos semanas de las elecciones legislativas estadounidenses del 3 de noviembre.

Las amenazas a las rutas marítimas y la posibilidad de nuevos ataques en Oriente Medio mantienen abierta la posibilidad de nuevas perturbaciones en el suministro.

No hay base suficiente para afirmar que Donald Trump haya decidido retirar todos los buques estadounidenses de la zona de Irán y devolverlos a Estados Unidos. El portaaviones USS Abraham Lincoln regresó a San Diego, pero ese movimiento coincidió con nuevos despliegues navales hacia Oriente Medio.

Así pues, todo hacer prever que, para los mercados, la clave será si se produce una desescalada que reduzca la prima de riesgo del crudo o si persiste la amenaza sobre el suministro.

No obstante, la proximidad electoral añade incertidumbre política, pero no permite anticipar por sí sola las decisiones militares ni el desenlace del conflicto.

Una semana decisiva para los mercados

Las decisiones de la Fed y el BCE, los resultados tecnológicos y la evolución de Oriente Medio concentrarán la atención de los inversores.

Un petróleo sostenidamente caro podría dificultar la moderación de la inflación, mientras que unos rendimientos elevados de la deuda encarecerían la financiación.

En paralelo, las cuentas de las grandes tecnológicas pondrán a prueba las expectativas sobre la rentabilidad de la IA.

Los cinco escenarios de Schroders muestran distintas vías por las que estos riesgos pueden afectar al crecimiento, los precios y los flujos de capital.

No son pronósticos de que esos acontecimientos vayan a producirse, sino hipótesis cuyo impacto dependerá de su intensidad y duración. La próxima semana aportará nuevas señales para valorar ese equilibrio, aunque no bastará por sí sola para despejar la incertidumbre.