La ONG Acción contra el Hambre ha advertido este miércoles de que alrededor de dos de cada tres personas que sufren hambre extrema en el planeta se localizan en apenas diez países, y ha puesto el foco en la situación especialmente alarmante que atraviesan territorios como Malí, Níger y la Franja de Gaza.
“Mientras el mundo produce alimentos suficientes para toda la población, el hambre sigue avanzando allí donde confluyen los conflictos, los desplazamientos forzosos, la pobreza extrema y los recortes de financiación humanitaria”, ha advertido la organización en un comunicado de cara al Día Mundial de la Alimentación.
La ONG denuncia que el hambre se concentra progresivamente en un número reducido de Estados, pese a que “responde cada vez más a causas políticas y humanas”. “Guerras prolongadas, desplazamientos masivos, restricciones al acceso humanitario, crisis climáticas recurrentes y sistemas económicos frágiles están dejando a millones de personas atrapadas en crisis que se repiten año tras año”, ha afirmado.
En un reciente informe, Acción contra el Hambre examina las crisis alimentarias de Nigeria, República Democrática del Congo, Sudán, Yemen, Afganistán, Birmania, Bangladesh, Pakistán, Sudán del Sur y Siria, y señala además tres escenarios de máxima preocupación —Malí, Níger y Gaza— por la gravedad de sus emergencias alimentarias y el alto riesgo de hambruna.
Los datos evidencian, además, que estas crisis se están volviendo estructurales. Más del 80% de quienes se encuentran en fase 3 o superior de inseguridad alimentaria aguda reside en 33 países y territorios que se repiten de forma constante en los informes sobre crisis alimentarias. Asimismo, 1,4 millones de personas alcanzaron en 2025 la fase 5, catalogada como de “catástrofe”, el nivel más severo de inseguridad alimentaria, nueve veces más que las 155.000 registradas en 2016.
Para Acción contra el Hambre, uno de los mensajes clave es que el reto “ya no es únicamente producir más alimentos”. “El mundo produce alimentos suficientes, pero millones de personas siguen sin poder acceder a ellos. El hambre es consecuencia de conflictos, pobreza, desigualdad y falta de oportunidades, no de una escasez global de alimentos”, ha señalado Manuel Sánchez-Montero, director general de Acción contra el Hambre España.
La entidad recuerda igualmente que 2.690 millones de personas no tienen capacidad económica para costearse una dieta saludable, una realidad que pone de manifiesto que “el desafío no es solo comer, sino acceder de forma estable a alimentos nutritivos y adecuados”.
SIN UNA ÚNICA CAUSA
El informe constata que las crisis alimentarias más graves no responden a un único detonante. “Los conflictos y desplazamientos se combinan con fenómenos climáticos extremos, epidemias, pérdida de medios de vida, aumento de precios, deterioro de los servicios básicos y dificultades para hacer llegar la ayuda humanitaria”, recoge el documento.
“La guerra nos obligó a huir de nuestro hogar y nos dejó sin nada. Algunos días encontramos trabajo, otros no, y a menudo no podemos permitirnos comprar suficiente comida para nuestros hijos”, ha explicado Ali Ahmed, un padre desplazado en el campamento de AlSaad, al equipo de Acción contra el Hambre en Yemen.
Los mayores aumentos de población en situación de inseguridad alimentaria aguda se han producido en Birmania, con 2,3 millones de personas adicionales; República Democrática del Congo, con 2,1 millones; Afganistán, con 1,6 millones; y Yemen, con 1,4 millones más. En los cuatro países, los conflictos armados, la inestabilidad política y los desplazamientos figuran entre los factores que más intensifican el hambre.
El escenario es especialmente dramático en Sudán. Para 2026 se calcula que 33,7 millones de personas requerirán ayuda humanitaria, 3,3 millones más que el año anterior. En Sudán del Sur, que se incorpora por primera vez al grupo de los diez países con mayor número de personas en inseguridad alimentaria aguda, cerca de 10 millones de habitantes —más del 80% de su población— necesitarán asistencia humanitaria a lo largo de este año.
El documento también recoge algunos avances: Nigeria, Sudán, Pakistán y Siria han experimentado descensos en el número de personas afectadas por inseguridad alimentaria aguda. Bangladesh presenta la disminución más significativa, con 7,6 millones de personas menos que en 2024, un cambio vinculado, entre otros elementos, a mejoras en agricultura adaptada al cambio climático y a una menor dependencia de la ayuda humanitaria. No obstante, Acción contra el Hambre insiste en que estos progresos “conviven con una elevada vulnerabilidad ante futuras crisis”.
INFANCIA Y MUJERES
Las repercusiones son especialmente graves para la infancia y las mujeres. En los países analizados, 30 millones de niños y niñas padecen malnutrición aguda y 6,5 millones de mujeres embarazadas y lactantes sufren igualmente malnutrición aguda.
La organización subraya la estrecha interrelación entre alimentación, agua, saneamiento y salud. Una persona desnutrida tiene menos defensas frente a las enfermedades, mientras que las infecciones repetidas pueden deteriorar con rapidez su estado nutricional. Por ello, sigue apostando por respuestas integrales que combinen intervenciones de nutrición y salud con acceso a agua potable, saneamiento y recuperación de los medios de vida.
El incremento y la concentración de las necesidades humanitarias se producen al mismo tiempo que disminuyen los recursos disponibles. La ayuda humanitaria destinada a sectores vinculados con la alimentación en contextos de crisis se redujo en torno a un 60% entre 2022 y 2025, volviendo a niveles próximos a los de 2016 y 2017. Además, la Ayuda Oficial al Desarrollo mundial cayó un 23% solo en 2025.
“Sobre el terreno, un recorte de financiación no es una cifra abstracta. Se convierte rápidamente en una decisión sobre dónde podemos trabajar, a cuántas personas podemos llegar y qué actividades podemos continuar”, ha detallado Sánchez-Montero, que ha advertido de que la merma de recursos está “obligando a priorizar las intervenciones más urgentes para salvar vidas y a reducir o aplazar programas destinados a evitar que las comunidades vuelvan a caer en la misma situación”.
“Salvar vidas hoy es esencial. Pero no es suficiente. Invertir en prevención cuesta menos, llega a más personas y puede evitar que los niños necesiten un tratamiento que les salve la vida mañana”, ha añadido.
En 2025, por primera vez desde el inicio de la publicación del Informe Global sobre Crisis Alimentarias, se confirmaron dos episodios de hambruna en un mismo año, en áreas de Sudán y Gaza. En ambos contextos, el conflicto actuó como principal desencadenante, agravado por las restricciones al acceso humanitario, los desplazamientos y la destrucción de medios de vida y servicios esenciales.
Por todo ello, Acción contra el Hambre reclama garantizar el acceso humanitario y la protección de la población civil, reforzar los sistemas de alerta temprana y de información sobre seguridad alimentaria y asegurar una financiación “flexible, predecible, plurianual y multisectorial, que permita no solo responder a las emergencias, sino evitar que estas se conviertan en crisis recurrentes”.