Los musulmanes en EE.UU. arrastran, 25 años después, el estigma del 11-S

Veinticinco años después del 11-S, los musulmanes en Estados Unidos siguen afrontando estigma, polarización política y más delitos de odio.

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Una bandera estadounidense sobre un nombre en la South Pool durante la ceremonia de ofrenda floral en conmemoración del 25.º aniversario del 11-S. Lev Radin / Zuma Press / Europa Press

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Un cuarto de siglo después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, los musulmanes que viven en Estados Unidos continúan soportando el peso del estigma asociado a aquellos ataques de Al Qaeda contra las Torres Gemelas del World Trade Center y el Pentágono. Según una encuesta reciente, más del 40% de la población del país mantiene una opinión desfavorable sobre sus compatriotas musulmanes.

En detalle, un 43% de los adultos estadounidenses considera a los musulmanes “menos patriotas” que al resto de la ciudadanía, mientras que un 42% cree que esta minoría religiosa ejerce una influencia “algo o muy negativa” en la sociedad estadounidense, de acuerdo con el estudio elaborado por el Pew Research Center.

Entre las razones esgrimidas por quienes expresan estas posturas aparecen de forma recurrente los atentados del 11-S, incluidos el siniestro del avión estrellado en Pensilvania y las casi 3.000 víctimas mortales. “¿Te acuerdas de las Torres Gemelas?” o “El miedo a otro atentado terrorista como el del 11-S” son algunas de las respuestas recogidas entre quienes muestran una visión negativa de los ciudadanos musulmanes.

La imagen del islam en Estados Unidos se deterioró drásticamente tras los ataques de la organización yihadista y, desde entonces, la desconfianza no ha dejado de consolidarse entre una población que, en su mayoría, recuerda con precisión dónde estaba o qué hacía cuando se conoció la noticia de los atentados, perpetrados a primera hora de la mañana —el 93% de los mayores de 10 años en el 11-S.

En marzo de 2002, el 25% de los adultos estadounidenses ya señalaba al islam como una religión más proclive que otras a incitar a la violencia “entre” sus seguidores. Ese porcentaje ha oscilado desde entonces entre el 38 y el 52% hasta alcanzar algo más de la mitad de la población, un 51%, según una encuesta del Pew Research realizada a comienzos de este año.

Este último sondeo, que también analiza la opinión sobre el islam y los musulmanes según la orientación política de los votantes, muestra una brecha clara: el porcentaje de republicanos e independientes cercanos a este partido que asocian islam y violencia supera ampliamente al de demócratas y simpatizantes demócratas, con un 76% frente a un 29%.

Polarización política en torno al islam

Esta distancia entre ambos bloques ideológicos era mucho menor en los meses posteriores al 11-S, cuando las cifras se situaban en un 32 frente a un 23%. El Pew Research vincula esta menor diferencia inicial a una “campaña de comunicación” del entonces presidente George Bush, que defendió públicamente que el islam es una “religión de paz”.

“El terror no representa la verdadera fe del Islam (...) Estados Unidos cuenta con millones de musulmanes entre sus ciudadanos, y la contribución que hacen a nuestro país es sumamente valiosa. Hay médicos, abogados, profesores de derecho, militares, emprendedores, comerciantes, padres y madres. Y merecen ser tratados con respeto. En medio de la ira y la emoción, nuestros conciudadanos estadounidenses debemos tratarnos con respeto”, llegó a declarar en un visita al Centro Islámico de Washington el 17 de septiembre de 2001.

Para el Pew Research Center, las opiniones sobre el islam “se han polarizado políticamente”, ya que ahora son “más negativas y más partidistas” que en los meses inmediatamente posteriores a los atentados de Al Qaeda.

Esta asociación entre islam y violencia ha tenido su reflejo, entre otros aspectos, en el repunte de los delitos de odio contra la comunidad musulmana en Estados Unidos. Las denuncias alcanzaron cifras récord en 2001, con cerca de 500 casos frente a la treintena registrada el año anterior, según datos de la Policía Federal (FBI).

Aunque en los años posteriores las estadísticas nunca han vuelto a los niveles del año del 11-S, las denuncias por delitos de odio contra musulmanes han variado de forma notable, moviéndose entre alrededor de 100 casos y algo más de 300 en 2016. En 2025 se contabilizaron 205 denuncias por incidentes dirigidos contra esta minoría, que agrupa entre 3,5 y 7 millones de personas, aproximadamente el 1,1% de la población del país.

A este panorama se suma el incremento de la sensación, entre los propios musulmanes, de ser discriminados por su fe. La proporción de quienes perciben trato discriminatorio ha pasado del 52% a finales de 2001 a casi el 60% en 2026, según distintos estudios del Pew Research.

Esta percepción es aún más intensa entre los musulmanes más jóvenes residentes en Estados Unidos. Una encuesta de 2017 de este centro de investigación revela que más de la mitad de los entrevistados de entre 18 y 40 años (53%) aseguraban haber sufrido discriminación, frente al 40% de los mayores de 41 años.

Pese a este estigma persistente, la comunidad musulmana ha ganado presencia pública en la vida política y social del país. Entre los ejemplos de esta mayor visibilidad figuran el alcalde de la ciudad de Nueva York, Zohran Mamdani, o Abdul El Sayed, elegido recientemente por el Partido Demócrata en Michigan como su candidato al Senado en las elecciones de medio mandato.

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