Dos proteínas en sangre permiten identificar la aterosclerosis silenciosa en fases iniciales

La medición de Hp e IgA2 en sangre se consolida como método sencillo para detectar aterosclerosis silenciosa y predecir eventos cardiovasculares.

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La determinación en sangre de los niveles de haptoglobina (Hp) e inmunoglobulina A2 (IgA2) se perfila como una herramienta útil para detectar la aterosclerosis subclínica, al funcionar como biomarcadores diagnósticos, según han comprobado especialistas del área de Enfermedades Cardiovasculares del Centro de Investigación Biomédica en Red (CIBERCV) y del Instituto de Investigación Sanitaria-Fundación Jiménez Díaz-Universidad Autónoma de Madrid (IIS-FJD-UAM).

“La aterosclerosis es el mecanismo subyacente de la mayoría de las enfermedades cardiovasculares. Estas suponen uno de los mayores problemas de salud a nivel mundial, con un enorme coste para nuestro sistema sanitario. Por ello resulta muy importante poder identificar la enfermedad en sus etapas más tempranas, para prevenirla antes de que se desarrolle”, ha explicado la primera autora de este estudio e investigadora del CIBERCV y en el CNIC Ana García-Álvarez.

El trabajo, difundido en la revista 'Journal of the American Heart Association' y llevado a cabo con la participación de la empresa The Binding Site y el apoyo económico de la Fundación “la Caixa”, se apoya en una investigación previa donde ya se había observado que concentraciones altas de Hp e IgA2 permitían identificar aterosclerosis en individuos asintomáticos pertenecientes a tres cohortes españolas.

En esta nueva fase, los autores han validado la utilidad diagnóstica de estos dos marcadores tras el análisis de 5.328 adultos estadounidenses sin síntomas, incluidos en el estudio 'BioImage'. La población analizada presentaba una edad media de 69 años y un 56,9 por ciento eran mujeres.

Además, los resultados confirman que estos biomarcadores también tienen valor pronóstico, al constatar que niveles elevados de Hp e IgA2 se asocian con un riesgo aproximadamente doble de padecer eventos cardiovasculares. El investigador principal en el CIBERCV y en el CNIC Jesús Vázquez ha señalado que esto implica que “su análisis puede proporcionar pistas adicionales para comprender la estratificación del riesgo en estos pacientes”.

“La detección de Hp e IgA2 es una técnica relativamente simple, objetiva, reproducible y factible en la mayoría de los hospitales, lo que facilitaría su implementación inmediata en la clínica”, ha destacado Vázquez. No obstante, el equipo subraya la necesidad de seguir ampliando la base de conocimiento para “dilucidar el papel exacto de Hp e IgA2 como biomarcadores diagnósticos y pronósticos, así como su contribución a los mecanismos patogénicos de la aterosclerosis”.

Relevancia clínica de estos biomarcadores

La aterosclerosis consiste en la acumulación paulatina de grasas, células inflamatorias y tejido fibroso en la pared arterial. Durante largos periodos, incluso décadas, esta patología puede evolucionar sin manifestaciones clínicas.

Cuando una de estas placas se fisura o se erosiona, se puede originar un trombo que interrumpa de forma súbita el riego sanguíneo hacia órganos esenciales, como el corazón o el cerebro. Este proceso está detrás de la mayoría de los síndromes coronarios agudos y de los ictus isquémicos, lo que convierte a la aterosclerosis en la principal causa subyacente de mortalidad cardiovascular.

Por este motivo, los autores insisten en que la detección precoz de la enfermedad es crucial, aunque recuerdan que sigue siendo uno de los retos más complejos de la cardiología moderna.

Hasta ahora, la valoración del riesgo cardiovascular se ha basado sobre todo en factores clásicos como la hipertensión, la hipercolesterolemia, la diabetes, el consumo de tabaco o el exceso de peso. Si bien estos parámetros ayudan a calcular la probabilidad de sufrir enfermedad cardiovascular en grandes grupos de población, no siempre permiten identificar con precisión qué personas están desarrollando aterosclerosis en fases iniciales y sin síntomas.

La presencia de aterosclerosis puede ponerse de manifiesto mediante técnicas de imagen no invasivas, como la ecografía vascular, que mejoran la estratificación del riesgo respecto a los modelos tradicionales. Sin embargo, estas pruebas no están disponibles de forma universal, lo que impulsa la búsqueda de métodos alternativos, rápidos y no invasivos, entre ellos la determinación de biomarcadores plasmáticos como Hp e IgA2.

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