El magistrado de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo, Antonio del Moral, ha afirmado que para un “correcto funcionamiento” del Estado de Derecho “es tan importante contar con jueces preparados y conocedores del Derecho y de su función como con un hondo sentido ético y afán de acomodarse a las denominadas virtudes judiciales”.
Del Moral intervino este viernes en la jornada de clausura del encuentro “Ética, sociedad y derecho”, organizado en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander. Allí expuso que el creciente interés internacional por la ética judicial, visible desde finales del siglo XX, se ha concretado en la elaboración de códigos de ética judicial de ámbito nacional y supranacional, así como en diversas iniciativas para difundir y afianzar estos principios entre quienes integran la carrera judicial.
Durante el encuentro, promovido por la Fundación Fernando Pombo junto con la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, la Fundación Mutualidad y el despacho Gómez-Acebo & Pombo Abogados, expertos del mundo académico, del Derecho, de la empresa y de los medios de comunicación coincidieron en destacar la urgencia de reforzar los principios éticos y la responsabilidad institucional como elementos esenciales para la calidad de la democracia y la convivencia social.
La sesión final se centró en analizar la función de la Justicia y de la prensa como garantes de la calidad democrática. En ella intervinieron el fiscal en excedencia y director del Área Penal de Gómez-Acebo & Pombo Abogados, Carlos Saiz; el catedrático de Derecho Constitucional y patrono de la Fundación Fernando Pombo, Enrique Lucas Murillo de la Cueva; el sociólogo y presidente de Metroscopia, Juan José Toharia, y los periodistas José Antonio Zarzalejos, Elisa Beni, María Peral, Ángela Martialay y Pedro Jiménez.
Toharia subrayó que la democracia se define “por contar con toda una serie de pesos y contrapesos que eviten o corrijan posibles desviaciones o abusos de poder en su funcionamiento cotidiano” y que los tribunales y los medios de comunicación son “dos protagonistas esenciales en la labor de detección y alerta”.
A su vez, Zarzalejos defendió que la prensa debe apostar por la autorregulación “conforme a criterios de moral social y cívica común, evitando así posibles restricciones a la libertad de expresión derivadas del intervencionismo normativo”.
En la misma línea, Beni avisó de que “el populismo cuestiona a los intermediarios democráticos”, entre ellos los periodistas, y reivindicó su papel como dique para que el ciudadano “no quede solo frente al poder”.
Martialay, periodista de El Mundo, examinó “cómo la polarización social ha terminado permeando en el ámbito periodístico” y lanzó un mensaje de confianza al destacar la labor de los profesionales de la información.
“Ahora las noticias son más rápidas, pero ¿son mejores?. Yo creo que no”, afirmó María Peral, adjunta al director de El Español y responsable del área de información judicial. Advirtió de que la inmediatez y la saturación informativa “han reducido las consecuencias de los errores periodísticos” y reclamó reforzar los instrumentos de responsabilidad profesional, al tiempo que sostuvo que “la recuperación de la credibilidad del periodismo pasa por un rearme deontológico”.
Por último, Pedro Jiménez, redactor jefe de la Cadena SER, remarcó que los periodistas especializados en tribunales “tenemos que mantener el rigor que se exige a nuestro trabajo a pesar de la precarización de la profesión y de la polarización que hay en la sociedad”. “Los periodistas no somos agentes políticos”, insistió.