El IPRIX, índice de precios de exportación, registra un fuerte repunte en julio impulsado por la energía y los bienes intermedios, lo cual podría significar el inicio de una fase de encarecimiento de los productos industriales, y no industriales por extensión.
Los precios de los productos industriales fabricados en España y vendidos en el extranjero aumentaron un 4,4% en julio respecto al mismo mes de 2025, según los datos provisionales publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE). En comparación, el informe del INE avanza que la diferencia entre ambos ejercicios supera en 1,1 puntos al registrado en junio y alcanza el 1% en términos mensuales.
El encarecimiento puede influir en la capacidad de las empresas españolas para competir en mercados internacionales, además de que podría afectar también a los mercados nacionales de España por el encarecimiento de la exportación. El Índice de Precios de Exportación de Productos Industriales, conocido como IPRIX, observa precios, no cantidades, facturación, pedidos o cuota de mercado.
Qué mide realmente el IPRIX
El IPRIX mide cada mes la evolución de los precios de los productos industriales fabricados en España y vendidos en el extranjero durante la primera fase de comercialización. El indicador mide únicamente los precios de productor expresados en euros, sin IVA, ni impuestos indirectos o derechos aduaneros. Tampoco incluye el transporte y los seguros correspondientes al trayecto exterior.
En este sentido, el INE trabaja con el IPRIX de la siguiente manera: envía a peritos mensualmente a más de 4.100 establecimientos industriales, para recopilar información y analizar aproximadamente 15.000 precios mensuales y cerca de 1.700 productos. Sin embargo, la metodología del INE No incluye los servicios ni los bienes producidos en otros países que posteriormente puedan ser reexportados desde España, por lo que su función consiste únicamente en aislar la variación de los precios.
¿Por qué aumentan los precios?
Hay una diferencia enorme entre vender más y que se encarezcan los precios de lo bienes productivos. Ambos casos pueden producir un aumento de los precios, si bien la diferencia reside en el coste de producción. Si una empresa exporta 100 productos a 100 euros, el valor de sus ventas asciende a 10.000 euros. Si el precio sube un 4,4%, hasta 104,40 euros, pero vende únicamente 90 unidades, ingresará 9.396 euros. En ese supuesto, el precio habría aumentado, pero tanto el volumen como el valor de las exportaciones habrían disminuido.
Las estadísticas de Aduanas y DataComex ofrecen el valor declarado de las exportaciones de bienes. Los últimos datos disponibles, correspondientes al primer semestre de 2026, sitúan las ventas exteriores en 201.133,6 millones de euros, un 2% más que un año antes, como ya recogió Demócrata al analizar la evolución de las exportaciones españolas.
Ese 2% y el 4,4% del IPRIX no son magnitudes directamente comparables: pertenecen a periodos distintos y el primero mide valor exportado, mientras que el segundo refleja precios industriales.
El motor de la economía, la energía, se encarece
Es comunmente sabido que nuestras economías modernas se asientan sobre la producción energética. Sin energía, la sociedad carecería de la actual calidad de vida, por lo que si aquello que estimula el crecimiento económico se encarece, entonces la producción se ralentiza.
Observando los datos del INE se revela que los precios de exportación del sector industrial aumentaron un 31,1% interanual, es decir, 12,8 puntos más que en junio de 2026. Las razones se deben principalmente a la evolución de la producción, el transporte y la distribución de electricidad. Sin embargo, si se excluye el coste de la energía de los precios industriales, entonces el IPRIX registra una subida anual del 2,7%, es decir, 1,7 puntos menos que la tasa general. Los datos reflejan por tanto una conclusión: el encarecimiento de los precios se extiende al resto de la industria, pero con una intensidad considerablemente menor.
De igual modo, los bienes intermedios también registraron una subida destacada, del 6,3%, debido al aumento de los precios del hierro, el acero, las ferroaleaciones y los metales preciosos y no férreos, pero, en comparación con junio, la electricidad se encareció un 24,4%, el hierro y el acero un 2,2%, el refino de petróleo un 1,3% y las especialidades farmacéuticas un 1,7%. En sentido contrario, los precios de los productos químicos básicos, la carne procesada y los aceites y grasas han descendido desde entonces.
¿España está perdiendo competitividad internacional?
Primero que nada, cabe entender la competitividad como la capacidad de ser más eficientes, en términos productivos, que el resto de competidores. En este sentido, el Banco de España define la competitividad-precio mediante la comparación entre los precios de las exportaciones españolas y los de los países que compiten en los mismos mercados. Ello conecta mucho con la eficiencia, entendida como la capacidad de producir la mayor cantidad (y calidad) posible con el menor número de recursos posibles.
Por lo tanto, si los precios españoles aumentan un 4,4%, pero los de los competidores aumentan un 6%, entonces España ganaría competitividad relativa pese a ese encarecimiento. Si, por el contrario, los precios extranjeros avanzan únicamente un 1%,, mientras que los precios españoles se mantienen en ese 4,4%, entonces las empresas españolas podrían perder ventaja relativa, siempre que no compensen la diferencia mediante calidad, especialización o productividad.
Además, para conocer si España está perdiendo competitivad industrial, cabe también analizar el tipo de cambio en las operaciones realizadas fuera de la zona euro, pues una depreciación de dicha moneda podría abaratar los productos españoles para el comprador extranjero.
Por lo tanto, y después de consultar diversas fuentes, se puede afirmar que no consta que España haya perdido competitividad internacional solo porque el IPRIX haya aumentado un 4,4% anual en julio. El encarecimiento está muy concentrado en la energía (+31,1%) y los bienes intermedios (+6,3%), mientras los precios de los bienes de consumo exportados bajaron un 1,2% y los de equipo subieron un moderado 1,5%. Por lo tanto, no existe un deterioro generalizado, aunque sí una presión clara en determinadas ramas industriales.
Cabe matizar que las importaciones hayan subido todavía más, un 5,7%, apunta además a mayores costes para las empresas y a una posible reducción de márgenes. Pero, sea como sea, la conclusión más rigurosa es que existe riesgo de pérdida de competitividad en energía y bienes intermedios, si bien el IPRIX no demuestra una pérdida agregada de competitividad internacional.