La muerte de Harald V abre ahora el último capítulo de un reinado de más de tres décadas: su despedida. El rey de Noruega falleció este viernes a los 89 años en el Hospital Universitario de Oslo y la Casa Real prepara ya las ceremonias que acompañarán al monarca en su último adiós.
La fecha y el programa definitivo todavía no han sido comunicados oficialmente, pero el precedente de los últimos monarcas noruegos permite anticipar buena parte del escenario. La despedida tendrá como referencia la Catedral de Oslo, donde tradicionalmente se celebran los funerales de los miembros de la familia real, y continuará después hasta la fortaleza de Akershus, donde se encuentra el Mausoleo Real.
Ese fue el recorrido seguido por su padre, Olav V, en 1991. Tras la ceremonia en la Catedral de Oslo, el féretro fue trasladado hasta Akershus para su enterramiento. El mausoleo alberga también los restos de Haakon VII y la reina Maud, primeros monarcas de la Noruega independiente, y los de Olav V y la princesa Marta. El recinto se ha convertido así en el lugar de descanso de la dinastía que ha reinado en Noruega desde comienzos del siglo XX.
La elección de Akershus tiene, por tanto, un significado que va más allá del ceremonial. Harald será enterrado junto a los miembros de su familia que construyeron la monarquía noruega contemporánea. Allí terminará físicamente un reinado que comenzó en enero de 1991, cuando Harald sucedió a su padre.
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Una despedida con las casas reales europeas
El funeral de Harald previsiblemente tendrá una importante dimensión internacional. La lista oficial de invitados todavía no se ha hecho pública, pero el precedente del funeral de Olav V ofrece una referencia sobre la representación que puede congregarse en Oslo.
En aquella ocasión acudieron los reyes de España, Suecia, Dinamarca, Países Bajos y Luxemburgo, además de Constantino II de Grecia y representantes de otras casas reales europeas y asiáticas. La ceremonia reunió a buena parte de las familias reinantes del continente, en una muestra del peso que todavía conservaban entonces las relaciones entre las distintas monarquías.
En el caso de Harald, la presencia de la familia real española tendría además una dimensión personal e histórica. La relación entre ambas casas se remonta a la generación del propio monarca y contiene un episodio especialmente singular: cuando Harald era todavía príncipe heredero, Sofía de Grecia, futura reina de España, estuvo entre las jóvenes princesas que llegaron a ser consideradas como posible esposa para él.
La propia Sofía recordó años después aquel episodio y explicó que en 1959 se intentó favorecer un posible acercamiento entre ambos. El intento no prosperó. Harald llevaba entonces varios años vinculado sentimentalmente a Sonja Haraldsen, una mujer que no pertenecía a ninguna casa real y cuyo matrimonio con el heredero acabaría siendo inicialmente rechazado por su padre, Olav V.
Aquella historia terminó teniendo una importancia decisiva para la monarquía noruega. Harald se negó a renunciar a Sonja y, finalmente, su padre autorizó el matrimonio. Se casaron en 1968. Cuando Harald llegó al trono en 1991, Sonja se convirtió en reina.
Ahora será ella quien despida al rey junto al que compartió 58 años de matrimonio.
Haakon, al frente del duelo
El protagonismo institucional pasará inevitablemente al nuevo rey. Haakon, hasta ahora príncipe heredero, se convierte en monarca tras la muerte de su padre y será quien encabece los actos oficiales de despedida.
Haakon ya había asumido en numerosas ocasiones las funciones de regente debido a los problemas de salud de Harald. El Palacio Real noruego había ido incrementando progresivamente sus responsabilidades a medida que la edad y las enfermedades del monarca reducían su actividad pública. Pero el funeral será el primer gran acto de Haakon como rey.
Junto a él estará la reina Sonja y el resto de la familia real. La ceremonia permitirá mostrar por primera vez de manera pública la nueva configuración de la Corona noruega y situará al nuevo soberano en el centro de una institución que su padre encabezó durante más de 35 años.
La transición se produce, además, en un momento especialmente delicado para la familia. La esposa de Haakon, Mette-Marit, atraviesa sus propios problemas de salud y la familia real ha tenido que afrontar durante los últimos años diferentes controversias que han sometido a la institución a una presión mayor.
El último adiós en Oslo
Mientras se concreta el protocolo, Oslo se prepara para despedir a uno de los monarcas más longevos de Europa. Harald murió a los 89 años después de una vida marcada por la guerra, el exilio, el deporte y más de tres décadas al frente de la Corona.
Su funeral tendrá previsiblemente un carácter solemne, pero también servirá para cerrar una época. Harald pertenecía a una generación de monarcas europeos que llegó al trono cuando el continente todavía estaba profundamente marcado por la Segunda Guerra Mundial. Durante su reinado vio desaparecer varias monarquías, asistió a la abdicación de otros soberanos y mantuvo la Corona noruega vinculada a una sociedad que cambió profundamente.
La Catedral de Oslo será previsiblemente el escenario de la despedida pública. Akershus, el de la despedida definitiva.
Allí, en el Mausoleo Real, Harald descansará junto a los reyes que le precedieron.
Y mientras Noruega despide al monarca que ocupó el trono durante más de tres décadas, Haakon comenzará oficialmente una nueva etapa para la Corona.