Los fondos europeos Next Generation han tenido un impacto positivo sobre la economía española, pero su capacidad para producir la transformación estructural que perseguía el programa presenta todavía limitaciones. Es la conclusión que se desprende del informe El impacto de los fondos Next Generation en la economía española, elaborado por Funcas y Afi, que analiza tanto la ejecución de los recursos como sus efectos sobre el crecimiento, la inversión y la productividad.
El estudio diferencia entre el efecto de los fondos sobre la actividad económica y su capacidad para generar cambios estructurales. En el primer ámbito, los autores (Miguel Ángel González Simón, Borja Rodríguez Martínez y Gonzalo López Molina) identifican una contribución positiva. En el segundo, señalan varios elementos que condicionan el alcance del programa.
El objetivo de los Next Generation no era únicamente contribuir a la recuperación posterior a la pandemia, recuerda en su informe Funcas. El programa europeo buscaba también impulsar la inversión, mejorar la productividad y acelerar la transformación de las economías mediante las transiciones verde y digital.
Funcas y Afi estiman que los fondos europeos explicaron entre el 10% y el 14% del crecimiento medio anual del PIB real español entre 2021 y 2025, equivalente a entre 1,4 y 2,1 puntos de crecimiento, de modo que, el informe -sin actualizar después de la última adenda del Gobierno- reconoce, un efecto positivo sobre la actividad.
Sin embargo, el análisis plantea que el PIB no es el único indicador para evaluar el resultado de un programa cuyo objetivo también era transformar la estructura productiva.Y es en este segundo plano donde los autores identifican las principales limitaciones.
Las siete debilidades que señala el informe
1. Una brecha entre los recursos recibidos y el gasto efectivo
España había recibido 71.366 millones de euros a finales de 2025. De esta cantidad, alrededor del 80% estaba comprometido y el 55% había sido gastado, recoge el informe de Funcas.
Este documento distingue entre los fondos desembolsados por la Unión Europea, los recursos comprometidos por las administraciones y el gasto que finalmente se materializa en empresas y hogares. Las administraciones habían comprometido 57.395 millones, mientras que el gasto contabilizado por empresas y hogares se situaba en torno a 39.000 millones.
Los autores utilizan esta diferencia para analizar el recorrido que existe entre los recursos recibidos y su llegada efectiva a la economía.
2. La inversión empresarial continúa por debajo del nivel prepandemia
La evolución de la inversión privada constituye uno de los indicadores utilizados por Funcas y Afi para valorar el efecto transformador del programa.
El informe señala que, a finales de 2025, la inversión empresarial se encontraba 3,3 puntos por debajo de su nivel real de 2019.
Los autores observan que los fondos europeos han contribuido a sostener la inversión, pero consideran que el impulso sobre la inversión empresarial ha sido inferior al esperado inicialmente.
El dato resulta relevante para el objetivo del programa porque la movilización de inversión privada constituía uno de los mecanismos previstos para ampliar el efecto de los recursos europeos.
3. Parte de las inversiones financiadas habría sustituido a inversión privada
El estudio introduce además el denominado efecto sustitución.
Según el análisis de Funcas y Afi, una parte de las inversiones que han recibido financiación europea se habría realizado igualmente mediante recursos propios de las empresas.
Por ello, el volumen de inversión asociado a los fondos no equivale necesariamente al volumen de inversión adicional generado por ellos.
La distinción permite a los autores separar el efecto de financiación de los fondos del efecto neto que tienen sobre la actividad económica.

4. Un impacto adicional limitado sobre la productividad
La productividad es otro de los indicadores utilizados para valorar el cambio estructural.
El informe señala que España ha sido la única de las cuatro grandes economías europeas donde la productividad real por hora habría mejorado respecto a su tendencia previa. El incremento adicional estimado se sitúa en 0,4 puntos.
Pero Funcas y Afi consideran este avance limitado en términos absolutos en relación con la dimensión del programa.
La productividad constituye uno de los elementos centrales del objetivo transformador de los Next Generation, por lo que su evolución forma parte del balance realizado por los autores.
¿dÓNDE ESTÁ LA PRODUCTIVIDAD ESPAÑOLA?
Según datos de Eurostat, la productividad por persona empleada sitúa a España en 2025 en 97,5 puntos frente a 100 de la media de la UE-27.
Francia alcanza 107,3 puntos, Italia 102,7 y Alemania 101,9, de modo que España queda 2,5 puntos por debajo de la media europea y 4,85 puntos por debajo de la media de estas cuatro grandes economías.
Si se mide la productividad por hora trabajada, un indicador más adecuado para comparar países porque elimina las diferencias derivadas del peso del empleo a tiempo parcial y del número de horas trabajadas, España se sitúa en 98,1 puntos sobre una UE=100. Está por debajo de Alemania (99,2), pero por encima de Francia (94,2) e Italia (88,4).
El problema está en la evolución: en 2025 la productividad por hora española aumentó un 0,8%, frente al 1,5% de la UE, por lo que España mantiene una productividad cercana a la media comunitaria, sin embargo, no está reduciendo la brecha al mismo ritmo, porque avanza más lentamente que el conjunto europeo.
5. La gestión y coordinación administrativa condicionan la ejecución
La dimensión del programa ha supuesto, según el informe, un reto para la capacidad de gestión de las distintas administraciones.
El modelo de ejecución implica la participación de la Administración General del Estado, las comunidades autónomas y las entidades locales. El Estado gestiona alrededor del 60% de los fondos movilizados, las comunidades autónomas el 25% y las entidades locales el 15%.
Funcas y Afi observan diferencias en los ritmos de ejecución entre territorios y las relacionan, entre otros factores, con las capacidades técnicas disponibles, el diseño de las convocatorias y la experiencia previa en la gestión de fondos europeos.
Los autores plantean así la capacidad administrativa y la coordinación entre niveles de gobierno como elementos relevantes para determinar la velocidad con la que los recursos llegan a la economía.
En datos
Once organismos rebajan el triunfalismo sobre los fondos europeos: más dinero comprometido que ejectuado
AIReF, Banco de España, Comisión Europea, Tribunal de Cuentas Europeo, Eurostat, FMI y distintos organismos nacionales coinciden en una cautela: recibir fondos de Bruselas, convocar ayudas o adjudicar proyectos no equivale necesariamente a que el dinero haya llegado al beneficiario final ni a que la inversión esté terminada. La AIReF distingue entre fondos convocados, adjudicaciones, obligaciones reconocidas y pagos realizados, mientras que el Tribunal de Cuentas ha identificado en distintas fiscalizaciones retrasos, problemas de planificación y carencias en los indicadores de resultados. La Comisión Europea, por su parte, vincula sus desembolsos al cumplimiento de hitos y objetivos, pero sus informes siguen reclamando acelerar inversiones y reforzar la capacidad administrativa.
El Banco de España y el Tribunal de Cuentas Europeo también han advertido de la diferencia entre los desembolsos recibidos y su absorción efectiva por la economía. Eurostat permite observar esa distancia al comparar el gasto contabilizado por los Estados con los recursos asignados, mientras que el FMI ha señalado la dificultad de vincular un sistema de pagos basado en hitos administrativos con resultados económicos mensurables. En España, la CEOE, Cotec-Ivie y Fedea han señalado asimismo problemas de burocracia, acceso de las pymes, fragmentación de los datos y dificultades para identificar los pagos a los beneficiarios finales.
El conjunto de estos análisis no concluye que los fondos Next Generation hayan fracasado, ni todos ellos realizan una valoración específica de la gestión del Gobierno. Sí introducen una diferencia relevante respecto al uso agregado de las cifras de ejecución: dinero asignado, desembolsado, comprometido, adjudicado, pagado y convertido en una inversión terminada son magnitudes distintas. La cuestión que plantean estos organismos es, por tanto, cuánto de los recursos europeos ha llegado efectivamente a la economía real, qué proyectos han terminado y qué resultados económicos verificables han producido.
6. Una elevada concentración de los recursos entre las grandes empresas
El tamaño de las empresas receptoras constituye otro de los elementos analizados.
Las empresas de más de 250 trabajadores representan el 0,4% del tejido empresarial español, pero han concentrado aproximadamente el 45,7% de los compromisos de gasto del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia.
Las microempresas, que representan el 89,3% del tejido empresarial, concentran alrededor del 10% de esos compromisos.
El informe señala que la concentración en grandes empresas está relacionada con la naturaleza y dimensión de algunos de los proyectos tractores, que requieren capacidad financiera y técnica.
Al mismo tiempo, los autores analizan cómo esta distribución ha condicionado el alcance de los fondos sobre el conjunto del tejido empresarial.
7. Una distribución sectorial que no siempre coincide con los sectores más dinámicos
El informe analiza también el destino sectorial de los recursos.
Los sectores de manufacturas, información y comunicaciones y construcción concentran más del 60% de los fondos comprometidos.
Funcas y Afi observan, sin embargo, que la intensidad de los fondos no siempre se ha correspondido con la evolución de la inversión en los diferentes sectores. De hecho, el estudio plantea que la distribución de los recursos no necesariamente ha coincidido con los sectores más dinámicos del ciclo expansivo español.
De ahí que, los autores plantean, a partir de este análisis, la conveniencia de considerar instrumentos más horizontales en futuros programas de inversión.
Un efecto positivo sobre el crecimiento
El informe no plantea un balance negativo de los fondos Next Generation. Funcas y Afi señalan que el programa ha contribuido a sostener la recuperación económica y que se han producido avances en ámbitos como la transición verde y digital.
La estimación de su contribución al PIB sitúa el impacto de los fondos entre el 10% y el 14% del crecimiento medio anual entre 2021 y 2025.
Pero el análisis introduce, sin embargo, una diferencia entre ese impacto coyuntural y el objetivo estructural del programa, ya que, los fondos fueron concebidos para acompañar la recuperación tras la pandemia, pero también para elevar la productividad, movilizar inversión privada y modificar la estructura productiva. Y, es en estos últimos objetivos donde Funcas y Afi identifican los principales elementos pendientes.
La ejecución como parte del impacto
El estudio presta especial atención a la diferencia entre la convocatoria de recursos y su ejecución efectiva.
La magnitud del programa ha implicado una estructura administrativa compleja y una participación de distintos niveles de gobierno. Los autores consideran que esta configuración ha generado diferencias en la capacidad de ejecución y en los ritmos con los que los recursos se convierten en gasto.
El informe también plantea una cuestión relacionada con el sistema de seguimiento del programa: el cumplimiento de un hito administrativo no garantiza por sí mismo que los recursos hayan generado el efecto económico previsto.
Por ello, los autores plantean complementar el seguimiento documental con indicadores que permitan comprobar aspectos como la movilización efectiva de financiación privada o la existencia de licitaciones desiertas.
El balance: crecimiento frente a transformación
El estudio de Funcas y Afi sitúa el resultado de los Next Generation en dos planos.
El primero es el de la actividad económica, donde los autores estiman una contribución positiva de los fondos al crecimiento español entre 2021 y 2025.
El segundo es el de la transformación estructural, donde el informe identifica una serie de factores que limitan el alcance del programa: la diferencia entre recursos recibidos y gasto efectivo, la evolución de la inversión empresarial, el efecto sustitución, el impacto sobre la productividad, las dificultades de gestión y coordinación, la concentración empresarial y la distribución sectorial.
Los autores concluyen que el potencial transformador de los fondos todavía no se ha materializado plenamente.
Funcas y Afi apuntan así a la necesidad de extraer conclusiones de la experiencia española para el diseño de futuros instrumentos europeos de inversión. El análisis plantea reforzar las capacidades administrativas, mejorar los mecanismos de seguimiento y adaptar el diseño de los programas para favorecer una mayor movilización de inversión privada y un impacto más amplio sobre la productividad.
El balance que ofrece el informe, por tanto, no se centra únicamente en cuánto dinero ha recibido España o en cuánto ha contribuido al crecimiento. Su análisis plantea una cuestión adicional: hasta qué punto los fondos Next Generation han conseguido convertir ese volumen extraordinario de recursos en un cambio duradero de la inversión, la productividad y la estructura productiva española.
Y es precisamente en esa diferencia entre impulsar el crecimiento y transformar la economía donde Funcas y Afi sitúan las principales cuestiones abiertas sobre el resultado del programa.