Jackson Hole abre este jueves con Warsh como nuevo anfitrión y la deuda de EEUU bajo presión

Jackson Hole arranca con Kevin Warsh como nuevo anfitrión, la deuda de EEUU bajo presión y los mercados pendientes del mensaje de la Reserva Federal.

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Las cumbres de las Montañas Rocosas que rodean el valle de Jackson Hole (Wyoming) volverán a convertirse desde este jueves en el punto de encuentro de los grandes bancos centrales. Al frente estará el presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), Kevin Warsh, que se estrena como anfitrión en este foro anual, celebrado el último fin de semana de agosto desde 1982 en esta estación de montaña, y que en esta ocasión llega marcado por las turbulencias que afectan a la deuda de EEUU y por la nueva estrategia de comunicación del banquero central estadounidense.

Así, aunque el 'leitmotiv' elegido para la 49ª edición del simposio de Jackson Hole, que se desarrollará desde hoy hasta el sábado, sea “Innovación financiera: implicaciones para los pagos y las políticas”, los inversores estarán atentos a cualquier indicio sobre los próximos pasos de la Reserva Federal, que celebrará su primera reunión de política monetaria tras el verano el próximo 16 de septiembre.

En este contexto, cobra especial relevancia el discurso de Kevin Warsh, previsto para mañana viernes, cuando se espera que el presidente de la Fed aporte alguna señal sobre el rumbo de los tipos de interés en EEUU, así como su valoración de las recientes sacudidas en el mercado del bono estadounidense, después del fuerte aumento de las rentabilidades exigidas, una vez que la deuda del país ha rebasado la histórica cota de los 40 billones de dólares (34,3 billones de euros).

Por otro lado, aunque Christine Lagarde no participará este verano en Jackson Hole, desde el Banco Central Europeo (BCE) han confirmado a Europa Press la asistencia de la miembro del comité ejecutivo Isabel Schnabel, que intervendrá también el viernes, además del economista jefe, Philip R. Lane, y el vicepresidente, Boris Vujcic.

Desde 1978, el Banco de la Reserva Federal de Kansas City organiza un simposio para analizar los desafíos que afrontan las economías de Estados Unidos y del resto del mundo. A partir de 1982, este encuentro se celebra en el Jackson Lake Lodge, dentro del Parque Nacional Grand Teton (Wyoming).

Oportunidad para Warsh

“El Simposio de Jackson Hole le brinda a Kevin Warsh la oportunidad de perfeccionar su estrategia de comunicación, que recientemente se ha caracterizado por una opacidad deliberada. Sin embargo, aún no está claro si está dispuesto a hacerlo”, señalan David Kohl, economista jefe, y Dario Messi, director de Análisis de Renta Fija de Julius Baer, para quienes el evento se produce “en un momento delicado para los mercados de bonos”, que aún están asimilando la señal de la recompra de bonos del Tesoro de EEUU.

En esta línea, recuerdan que, aunque históricamente la cita de Jackson Hole sólo ha tenido un impacto decisivo en el mercado en contadas ocasiones, advierten de que “cuando lo ha sido, los impulsos han sido considerables y duraderos”, subrayando que las expectativas para la edición de este año “son elevadas”, especialmente tras la “desafortunada comunicación de la Fed en julio”, que ha dejado a los inversores con escasa visibilidad sobre el futuro de la política monetaria.

“El obstáculo para satisfacer las expectativas del mercado probablemente sea alto. Por lo tanto, incluso en ausencia de información nueva y significativa, o quizás precisamente por ello, el evento podría volver a influir en los mercados”, añaden.

De su parte, Michael Pearce, economista jefe para EEUU de Oxford Economics, considera que, aunque es poco probable que el discurso de Kevin Warsh aporte señales claras sobre la política monetaria a corto plazo, sí podría ayudar a perfilar sus planes para reformar a largo plazo el marco de actuación y las operaciones de la Fed.

“En julio, Warsh declaró que aún no había decidido qué tipo de discurso pronunciaría. Presidentes anteriores han aprovechado la ocasión para exponer ideas generales sobre la economía, mientras que otros la han utilizado para contextualizar las reuniones de política monetaria de otoño”, recuerda.

Por ello, Pearce ve más razonable que Warsh utilice su intervención del viernes para informar sobre los avances de los grupos de trabajo de la Fed y sobre algunos de los asuntos de mayor calado que ha venido insinuando en los últimos meses.

“No nos hacemos muchas ilusiones, pero sería útil comprender cómo Warsh está sopesando los impactos inflacionarios y desinflacionarios potenciales de la IA, y si el nivel, la trayectoria o la amplitud de la inflación son los factores más relevantes para las futuras acciones de la Reserva Federal”, añade.

Asimismo, desde MFS Investment Management, Erik Weisman, economista jefe, y Kish Pathak, analista de renta fija, sostienen que el principal reto para Warsh no es tanto la falta de orientación sobre el futuro de la política monetaria como la ausencia de una definición nítida de su función de reacción.

“Sin un conjunto creíble de posibles respuestas ante la nueva información que vaya surgiendo, la promesa de estabilidad de precios queda vacía de contenido”, advierten, al tiempo que señalan que “definir una función de reacción de la política monetaria en términos demasiado rígidos podría resultar contraproducente”.

Al mismo tiempo, si el presidente de la Fed decide centrar su mensaje en los asuntos que están estudiando los grupos de trabajo, los expertos de MFS Investment consideran que la reacción del mercado podría ser negativa, ya que podría interpretarse como una forma de eludir las dudas existentes sobre la credibilidad de la Reserva Federal.

“En cualquier caso, el presidente Warsh se enfrenta a una situación delicada”, concluyen.

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