Sin candidato, ni alianzas y con camino por recorrer para alcanzar la ansiada papeleta única. Así pilló el adelanto electoral a la izquierda posibilista, la izquierda que ha acompañado al PSOE fuera y dentro del Gobierno bajo distintos liderazgos y nombres en los últimos ocho años.
El margen para llegar a un acuerdo es estrecho: conforme a los plazos de la Ley Orgánica del Régimen Electoral General, las coaliciones deben comunicar su constitución antes de que concluya el 16 de octubre. Las listas presentadas se publicarán el 28 de octubre y las candidaturas proclamadas, el 2 de noviembre.
Precisamente un día después del plazo para presentar candidatura, el 17 de octubre, la coalición formada por Movimiento Sumar, Izquierda Unida, Más Madrid y los Comuns tiene previsto presentar su proyecto y cabeza de cartel para las elecciones.
A esos tiempos se le suma la propuesta de Podemos, liderado por Irene Montero, para celebrar los días 14 y 15 de octubre y definir los candidatos que se presenten.
Luchar juntos, morir solos
El sistema electoral español reparte los escaños del Congreso por provincias mediante la fórmula D'Hondt, lo que reduce considerablemente las posibilidades de representación de los partidos pequeños fuera de los territorios más poblados.
En provincias que eligen tres, cuatro o cinco diputados, una candidatura puede reunir un porcentaje apreciable de votos y quedarse sin representación si otras fuerzas concentran mejor sus apoyos. Una coalición permitiría acumular votos y competir por más escaños, además de hacer palanca sobre la movilización electoral.
Si Pedro Sánchez aspira a volver a gobernar, necesita que sus posibles aliados a la izquierda consigan suficientes diputados para construir, junto a formaciones territoriales como ERC y EH Bildu, una mayoría alternativa a PP y Vox.
¿Dónde está el problema?
Pese a las diferencias de programa y de estrategia que puedan existir, la mayor discrepancia es de afinidad personal y, sobre todo, la confección de las listas para colocar a dirigentes en puestos con más posibilidades de representación.
Ada Colau, candidata que exige consenso
La exalcaldesa de Barcelona se erige en la figura alrededor de la cual los distintos partidos estudian construir la nueva candidatura. Su perfil ofrece un posible punto de encuentro entre organizaciones que mantienen importantes diferencias.
Y, para mayor beneficio, Colau condiciona su participación a que exista un acuerdo amplio capaz de integrar a todas las formaciones, incluido Podemos.
Comuns: tú a Madrid y yo a Barcelona
En la organización catalana no quieren oficialmente hablar de listas, sino centrarse primero en los acuerdos necesarios para formar una coalición lo más amplia posible. Pero fuentes conocedoras de las negociaciones señalan que su idea es situar a Ada Colau como cabeza de lista por Madrid y a Ernest Urtasun como número uno por Barcelona.
Al situar a Colau en Madrid, los Comuns dejarían el primer puesto de Barcelona para Urtasun y aumentarían sus posibilidades de alcanzar representación en sus listas.
Más Madrid: 'no hay cama p'a tanta gente'
Ha terminado inclinándose por Colau, después de que entre sus opciones figurase la ministra de Sanidad, Mónica García, que había decidido meses atrás volver a presentarse a la Comunidad de Madrid, tras una pugna interna con Emilio Delgado, que colocó a este último en un puesto de salida para las generales.
La formación prefiere que Colau encabece la lista por Barcelona, lo que le dejaría más espacio en Madrid para colocar a sus propios candidatos, entre los que figuran los citados Garcia y Delgado, la diputada Tesh Sidi y el concejal Eduardo Fernández Rubiño.
La entrada de Podemos complica ese reparto. Más Madrid es una de las organizaciones que mayores reservas ha mostrado ante la incorporación de los morados, tanto por las diferencias acumuladas entre sus dirigentes --el partido se erigió como una escisión de los morados-- como por la competencia directa por los puestos de Madrid.
Es más, si Podemos llegara a integrarse en el Frente Amplio, en Más Madrid han llegado a plantear que Irene Montero, cabeza de cartel de los morados y madrileña, acompañe a Colau en Barcelona.
Podemos: primarias, primarias, primarias
Escarmentadas de la última negociación para conformar Sumar, en la que se vetó a Irene Montero, Podemos exige unas primarias para decidir los candidatos que ya ha lanzado en una web específica.
El escaso margen (y la poca disposición del resto de formaciones) no invita al optimismo. La inscripción de precandidaturas empieza este viernes y acaba el domingo.
Su principal interés es conseguir para Irene Montero una posición destacada en Madrid, donde también se concentran buena parte de las aspiraciones de sus posibles aliados.
Izquierda Unida: primero, acuerdo global
Izquierda Unida comparte la apuesta por Colau, según fuentes conocedoras de las negociaciones, si bien ha censurado la apuesta pública lanzada por Más Madrid, con quien ya tiene un acuerdo de coalición.
La formación defiende que la confección de las candidaturas forme parte de un pacto global entre los partidos, evitando que cada organización cierre por separado sus posiciones antes de determinar el alcance de la coalición.
Su objetivo es preservar representación propia dentro de un espacio que podría perder diputados respecto a las últimas elecciones. Su candidato lanzado es Toni Valero.
¿Y Rufián, qué?
Tras defender durante meses la necesidad de construir una alianza de izquierdas a nivel estatal, la posibilidad de que Gabriel Rufián liderara una candidatura ha ido perdiendo fuerza por reiterar su voluntad de liderar Esquerra Republicana (y el rechazo de su partido a integrarse en una coalición).
En las últimas horas, varios medios han publicado la idea de ERC de trabajar con un plan B con un candidato alternativo si Rufián no encabezaba las listas. El que ha sido portavoz parlamentario de los republicanos en Madrid manifestó públicamente en un mensaje en X su voluntad de representar a ERC, pero "acompañado de otras fuerzas de izquierdas": "Esto solos no se gana".
El caso valenciano, ¿ejemplo de papeleta única?
Mientras los partidos de la izquierda estatal negocian la composición del Frente Amplio, Compromís ha tomado la iniciativa en la Comunidad Valenciana para impulsar una candidatura única a la izquierda del PSOE en las tres provincias, con la intención de integrar a Esquerra Unida, Podemos, Sumar y Esquerra Republicana del País Valencià.
La propuesta pretende evitar la dispersión del voto, aunque con una particularidad: la coalición valencianista quiere liderar el acuerdo desde el territorio, sin quedar subordinada a la estructura estatal del Frente Amplio. No es todavía un preacuerdo electoral entre todos los partidos, sino de una iniciativa respaldada por las distintas sensibilidades que integran Compromís.
La formación valencianista reclama encabezar la candidatura y mantener su identidad propia, una posición que también ha defendido Joan Baldoví, quien exige que el nombre de Compromís figure en la papeleta.
El planteamiento valenciano introduce así una fórmula distinta a la que se negocia en Madrid y Barcelona. Compromís pretende concentrar a las fuerzas de izquierda en una candidatura común, pero sin integrarse orgánicamente en el Frente Amplio estatal. El acuerdo sigue pendiente de concretarse y de resolver el reparto de puestos, aunque sus promotores consideran que la unidad electoral puede construirse desde cada territorio sin necesidad de compartir una misma estructura política en toda España