El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, encabezará la lista del PSOE en la provincia de Cádiz. Nacido en Madrid, toma el relevo de su compañero del Consejo de Ministros, Fernando Grande-Marlaska que en las últimas tres convocatorias ha sido el número uno por la provincia andaluza. Por su parte, el ministro del Interior, de origen vasco, se integra ahora en la lista socialista por Madrid para las elecciones generales del 29N.
Este juego de sillas, que suele producirse al margen de las estructuras regionales de los partidos, no entiende de siglas. Tampoco es nuevo. Disueltas las Cortes y con las formaciones políticas metidas en faena, florecen los diputados o senadores "cuneros".
Hablamos de aquellos parlamentarios que se presentan a las elecciones por una circunscripción con la que no tienen una vinculación personal, política o territorial destacable. Es decir, candidatos que concurren por una provincia en la que no han nacido, no residen o no han desarrollado su trayectoria política.
Ordena y mando
El término procede del "cunerismo", una práctica habitual durante la Restauración borbónica, cuando los dirigentes de los partidos colocaban a candidatos en distritos electorales con los que apenas tenían relación, aprovechando el control de las estructuras políticas locales para garantizar su elección. Era una práctica que estaba estrechamente relacionada con el caciquismo y el sistema del turno de partidos entre conservadores y liberales.
En la actualidad, este fenómeno ha quedado reducido a la anécdota, y no esconde detrás un juego de escaños entre las élites. No obstante, cuando ocurre, sigue provocando tensiones dentro de los propios partidos.
El malestar surge especialmente dentro de las organizaciones provinciales y regionales, que en ocasiones ven cómo las direcciones nacionales les imponen candidatos ajenos al territorio, desplazando a dirigentes que llevan años trabajando en el día a día.
Normalmente, la llegada de un candidato "paracaidista" en la provincia suele responder a estrategias electorales de las cúpulas, que buscan garantizar un escaño a determinados dirigentes (por ejemplo, ministros) o dar visibilidad a figuras nacionales.
Se busca provincia
Uno de los primeros "cuneros" de la democracia fue José Manuel García-Margallo, que acabaría siendo ministro de Asuntos Exteriores con Mariano Rajoy, y que encontró en Melilla en 1977 la circunscripción desde la que dar el salto al Congreso.
Según relató el propio García-Margallo a DEMÓCRATA, cuando trasladó a Pío Cabanillas su intención de convertirse en diputado en los inicios de la Transición, este le preguntó dónde había nacido y estudiado. "En Madrid y San Sebastián", respondió Margallo. "Pues lo tienes jodido", fue la franca contestación de Cabanillas. Madrid era una lista muy disputada y reservada a las primeras espadas, y la provincia vasca era una plaza difícil para los partidos de centro-derecha en pleno florecimiento del nacionalismo.
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Sin embargo, el joven político no se dio por vencido y decidió contratar una agencia de comunicación y marketing para identificar una circunscripción en la que pudiera presentar su candidatura. Tras estudiar el mapa electoral, encontró un vínculo familiar con Melilla: su bisabuelo había muerto allí en 1893 al frente de sus tropas. La ciudad autónoma, que elegía un único diputado, terminó otorgando su escaño a UCD.
Margallo acabaría siendo elegido diputado en otras seis legislaturas y su nombre figurando en la papeleta de Valencia y posteriormente de Alicante, ya en las filas del Partido Popular.
Suma y sigue
Durante los casi cincuenta años de democracia, se han visto casos en todos los partidos y por todo el territorio. Pero en 2019, se vivió una derivada del "cunerismo", normalmente asociado a la etapa puramente electoral, cuando el dirigente del PP Javier Maroto no logró escaño por Álava y acabó siendo senador autonómico por Castilla y León.
Nacido en Vitoria y alcalde de la capital alavesa entre 2011 y 2015, no logró acta en las elecciones generales de abril. La dirección popular, de la que formaba parte, encontró entonces una alternativa para mantenerlo en primera línea: designarlo senador autonómico por Castilla y León, una comunidad con la que no tenía ningún tipo de vinculación hasta la fecha.
Para acceder al cargo, Maroto se empadronó en Sotosalbos, un pequeño municipio segoviano de poco más de un centenar de habitantes. Su desembarco provocó una polémica política y el PSOE llegó a cuestionar la legalidad del empadronamiento, mientras que el dirigente popular defendió que cumplía todos los requisitos. Finalmente, las Cortes de Castilla y León lo designaron senador el 23 de julio de 2019, con los votos favorables de PP y Ciudadanos.