Durante una semana al año, la capital comunitaria se convierte en el epicentro de la política autonómica y municipal europea. Delegaciones encabezadas por presidentes y consejeros regionales de los Veintisiete viajan a Bruselas para debatir y negociar buena parte de la regulación que después afectará a sus ciudadanos. El Parlamento Europeo cambia de piel para acoger el pleno del Comité Europeo de las Regiones, mientras cafeterías y restaurantes traducen sus menús de desayuno a los veintisiete idiomas.
Si hay una prioridad para las instituciones europeas durante esta legislatura, esa es la reindustrialización del continente. Tras años centrada en regular las exigencias aplicables a las compañías europeas, la Comisión considera que ha llegado el momento de reforzar su política industrial para impulsar y proteger el tejido productivo comunitario. Todo ello con un objetivo añadido: dotar a Europa de herramientas para competir frente a gigantes como Estados Unidos y China, cuyas empresas han experimentado un crecimiento exponencial durante los últimos años.
En este contexto, Demócrata traslada el debate industrial europeo a las comunidades autónomas, que cuentan con un conocimiento directo de las necesidades y dificultades de sus sectores productivos. La consellera de Industria, Turismo, Innovación y Comercio de la Generalitat Valenciana, Marian Cano, atiende a este medio durante la celebración de la Semana Europea de las Regiones y las Ciudades. Su diagnóstico es claro: "Hemos pasado muchos años con una Unión Europea muy centrada en regular y nuestras pymes están sufriendo esa sobrerregulación", advierte.
Pregunta: La Comisión Europea quiere reforzar la producción comunitaria a través del Industrial Accelerator Act, que introduce la preferencia europea en determinados procesos de contratación pública. ¿Qué posición defiende la Generalitat sobre el Made in Europe?
Respuesta: Para nosotros es importante que se den oportunidades a nuestra industria. Hay muchos sectores a los que esta iniciativa puede resultar de aplicación y lo que queremos es una defensa de nuestra industria, pero una defensa que sea realista.
De hecho, estamos trabajando de manera coordinada en algunas alegaciones para que se refleje la realidad de las pequeñas y medianas empresas, que constituyen la mayoría de nuestro tejido industrial. Queremos que esas exigencias sean conscientes de los retos que tienen las pequeñas empresas y que les permitan competir. La clave está en que puedan seguir compitiendo a nivel global, porque las empresas de otras áreas económicas no están sometidas a la misma sobrerregulación que hemos tenido nosotros durante estos años. Y eso hace que compitamos en desventaja.
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Pregunta: El mecanismo de ajuste en frontera por carbono (CBAM) ha entrado este año en su fase definitiva, pero la cerámica sigue fuera de su ámbito inicial de aplicación. ¿Defiende la Generalitat extenderlo a los productos cerámicos para proteger la competitividad del sector de Castellón?
Respuesta: Nosotros siempre somos muy reivindicativos, en todos los sectores, a la hora de pedir reciprocidad. Queremos que los productos que entren en Europa tengan que hacer frente a la misma normativa y al mismo nivel de exigencia que los productos que se fabrican aquí, en nuestro caso, en la Comunitat Valenciana. Por tanto, todo aquello que vaya encaminado a equiparar ese nivel de exigencia es positivo para nosotros.
Pero tenemos que conseguir que esa defensa sea real. Tiene que aplicarse en las fronteras y debe existir el mismo nivel de exigencia y de protección. Si no, no se va a producir el efecto que queremos. Si aquí tenemos unas exigencias en cuanto al carbono, tendremos que ver cómo se abordan en otras áreas económicas, porque el riesgo que tenemos es el de la desindustrialización. Europa quiere avanzar hacia la reindustrialización y nosotros, como comunidad autónoma, tenemos una apuesta clara por ella.
Marian Cano:“La descarbonización está sacando a nuestras empresas del mercado”
Sin embargo, muchas veces, por una sobrerregulación o por fijar unos criterios que compartimos en el fondo, pero de cuya implementación diferimos, corremos el riesgo de que nuestras industrias cierren, se deslocalicen o dejen de ser competitivas.
Pregunta: ¿Puede Europa permitirse exigir a la cerámica de Castellón unos costes de descarbonización que después no es capaz de imponer en las mismas condiciones a sus competidores extracomunitarios?
Respuesta: Efectivamente, porque eso saca a nuestras empresas del mercado. Hemos venido ya varias veces a Bruselas, también de la mano de la industria cerámica, precisamente para poner la realidad sobre la mesa.
Nuestras empresas tienen que continuar invirtiendo, y lo hacen. Ya han descarbonizado mucho, pero a día de hoy no disponen de una energía competitiva ni de una tecnología suficientemente desarrollada que les permita implementar una mayor descarbonización. Por tanto, asumir los costes que se les imponen a través del ETS termina sacando a estas empresas del mercado.
Lo que ocurre con la cerámica también nos va a pasar con los puertos, que son muy importantes para la Comunitat Valenciana. Las exigencias de descarbonización que Europa impone a los barcos que entran en nuestros puertos tienen un coste, mientras que al sur de España tenemos competidores que no están sujetos a estas normativas. Por tanto, volvemos a estar en desventaja.
Aquí es donde resulta importante la proximidad que tenemos las regiones con nuestros clústeres y sectores productivos. Conocemos su día a día y sabemos lo que supone que una normativa cuyo objetivo, insisto, no discutimos, tenga unos tiempos de implementación que no son acordes con las realidades industriales y termine poniendo en riesgo el empleo.

Pregunta: Precisamente, Bruselas está revisando el régimen europeo de comercio de derechos de emisión (ETS). ¿Qué cambios reclama la Generalitat en la asignación gratuita de derechos para evitar que la descarbonización comprometa la supervivencia de la industria cerámica?
Respuesta: En el caso de la cerámica hemos hecho una defensa muy clara de que se mire a esta industria de manera particular. Dentro de la cerámica hay varios subsectores y queremos que las baldosas cerámicas, el tile, reciban un tratamiento diferenciado a la hora de establecer sus exigencias.
Insisto, en estos momentos no existe una tecnología que permita seguir produciendo con niveles de descarbonización mayores. Tampoco disponemos de una energía sustitutiva. Son procesos industriales que necesitan trabajar a temperaturas muy elevadas y la tecnología todavía no está suficientemente desarrollada para poder implementarla. Además, el coste de esa energía tiene que seguir permitiendo que nuestras empresas compitan.
Marian Cano:“No existe todavía una tecnología que permita seguir descarbonizando la producción cerámica”
Lo que queremos es que la revisión atienda a la realidad del sector. De hecho, hace unos meses estuvimos aquí, en Bruselas, junto con Emilia-Romaña. Vinimos las dos regiones de la mano para defender esa revisión del ETS aplicada a la industria cerámica, porque en ello va la supervivencia del sector.
Pregunta: La automoción valenciana está especialmente expuesta a los cambios regulatorios que está introduciendo Bruselas. ¿Qué garantías necesita la Comunitat Valenciana para que la transición hacia el vehículo eléctrico no termine provocando una pérdida de empleo industrial?
Respuesta: Yo creo que Europa ya está viendo la realidad de lo que esos cambios normativos han supuesto para la industria de la automoción, tanto en la Comunitat Valenciana como en el conjunto de Europa.
Lo estamos viendo en la Alianza de Regiones con Industria de Automoción, de la que formamos parte. Hemos celebrado foros con Italia y Alemania y todos somos conscientes del problema que se ha causado y de la destrucción de empleo. Nosotros tenemos una apuesta clara por seguir acompañando a nuestra industria de la automoción y estamos trabajando en ello.
Europa tiene que tener claro que el impulso debe llegar por varias vías. Tiene que haber inversión en infraestructuras y, por parte del Gobierno de España, esa inversión no se está realizando. La evolución del vehículo eléctrico entre los consumidores no está siguiendo el ritmo que se había previsto cuando se diseñó la transición. La realidad está pasando por encima de aquellas previsiones.
No hay infraestructuras de recarga suficientes y la política de apoyo a la adquisición de vehículos eléctricos en España sigue siendo más burocratizada que en otros países que han conseguido una mayor electrificación. Tampoco se está pensando, por ejemplo, en apoyar primero a las flotas de las empresas, como han hecho otros países.
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Creo que tenemos que ser muy realistas. Europa ya ha dado un giro y es muy difícil volver atrás. Ahora debemos continuar apoyando esa transición hacia el vehículo eléctrico, pero tiene que ir más allá del propio vehículo. Hace falta inversión en infraestructuras para que los ciudadanos confíen en esta tecnología.
También tenemos que mirar hacia la industria auxiliar. Ahí tenemos puesto el foco: queremos que nuestro clúster de automoción siga desempeñando un papel importante. A lo largo de los años, las empresas vinculadas al entorno de la factoría de Ford han ido internacionalizándose y buscando clientes en distintas partes del mundo. Tenemos que conseguir que esa industria auxiliar continúe siendo una de nuestras fortalezas.
Marian Cano:“La realidad está pasando por encima de las previsiones de Europa sobre el vehículo eléctrico”
Pregunta: La Unión Europea está diversificando sus relaciones comerciales para reducir sus dependencias de terceros países. Para una economía tan exportadora como la valenciana, ¿qué mercados considera estratégicos en esta nueva etapa de internacionalización?
Respuesta: Estamos siguiendo muy de cerca los tratados de libre comercio que ha ido firmando la Unión Europea. La Comunitat Valenciana es una comunidad exportadora, con muchos sectores que tienen un nivel de internacionalización muy elevado y que apostaron por esta estrategia hace años. Eso nos ha dado un posicionamiento y una fortaleza como territorio, con empresas que comercializan sus productos en distintas áreas económicas.
Los tratados de libre comercio son una noticia positiva, pero tenemos que defender a aquellos sectores que muchas veces pueden convertirse en moneda de cambio durante las negociaciones.
Desde la Conselleria de Agricultura, y con el presidente a la cabeza, estamos haciendo una defensa firme de nuestro sector primario, especialmente de la agricultura. Y lo hacemos en la línea que comentaba antes: la reciprocidad. Queremos que a los productos extracomunitarios se les exija la misma normativa que resulta aplicable aquí.

Lo mismo ocurre con un sector tan internacionalizado como el juguete. Nuestras empresas tienen que afrontar regulaciones muy exigentes, que a veces incluso impiden fabricar determinados productos, mientras que esos mismos productos importados llegan después al mercado europeo sin problemas.
Tenemos que trabajar firmemente por esos acuerdos comerciales. El tratado con Canadá abrió oportunidades; cuando se firmó el acuerdo con Japón también vimos un crecimiento de las exportaciones. El acuerdo con Mercosur puede ser positivo para muchos sectores, pero siempre debemos defender a aquellos que, lamentablemente, no se tienen suficientemente en cuenta durante las negociaciones, como nuestro sector agroalimentario.
Pregunta: China se ha convertido en uno de los principales desafíos comerciales para Europa y los líderes europeos volverán a abordar esta relación. ¿Debe la UE endurecer sus instrumentos de defensa comercial o apostar por atraer inversión extranjera condicionada?
Respuesta: La globalización es una realidad y el peso de las grandes áreas económicas es evidente. China se ha convertido en una potencia y Estados Unidos sigue avanzando y quiere fortalecer su posición. Europa, que ha sido líder industrial, tiene que reforzar también la suya.
Hemos pasado muchos años con una Unión Europea muy centrada en regular y nuestras pymes están sufriendo esa sobrerregulación. Ahora tenemos una realidad delante: tenemos que negociar con China y, desde luego, trabajar en esa reciprocidad que nos permita tener soberanía industrial. Creo que ese debe ser nuestro foco, pero siendo conscientes de que hay que acompasar nuestras decisiones a la realidad actual.
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En España, además, creo que el Gobierno no ha aprovechado bien la oportunidad de los fondos Next Generation. Una de sus líneas más marcadas era precisamente la reindustrialización y el apoyo a las pequeñas y medianas empresas, pero no han querido descentralizar esos fondos para que las comunidades autónomas, que somos las que tenemos proximidad con los sectores productivos, pudiéramos desarrollar políticas más cercanas y seguramente más oportunas.
Creo que hemos perdido una oportunidad para traccionar a nuestras pymes y ayudarlas a avanzar. Tenemos que negociar, pero atendiendo mucho a las realidades de nuestra industria, que es la que debemos defender.
Presupuesto europeo 2028-2034 y papel de las regiones
Pregunta: La propuesta del próximo Marco Financiero Plurianual introduce un modelo basado en planes nacionales que abre la puerta a una mayor centralización de los fondos europeos. ¿Qué consecuencias puede tener esta nueva arquitectura presupuestaria para las comunidades autónomas?
Respuesta: Viendo lo sucedido con los fondos Next Generation, creo que la política debería basarse más en la colaboración y la cooperación.
Al final, es en los territorios donde se implementan esos fondos. Los mecanismos deben avanzar hacia una mayor agilidad y tener más en cuenta las realidades actuales, porque, si no, nos encontramos con niveles de ejecución muy bajos, como hemos visto con los Next Generation.
Siempre debe haber un diálogo con las comunidades autónomas, que estamos muy próximas a los grandes clústeres y a los sectores industriales. Una centralización tan elevada no creo que vaya a permitir una mayor ejecución. Nosotros apostamos más por un desarrollo conjunto.
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Eso nos permite tener una flexibilidad que ya hemos comprobado, por ejemplo, con los fondos que hemos ejecutado en materia de turismo. Hemos sido capaces de trasladar al Gobierno central la necesidad de prolongar algunos plazos o de permitir utilizar parte de los remanentes que teníamos para dar respuesta a los problemas derivados de la terrible dana que sufrimos.
Hemos conseguido que parte de esos fondos del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia se destinaran a mancomunidades afectadas para contribuir a su recuperación.
Pregunta: Si volvemos a mantener esta conversación dentro de cinco años, ¿qué tendría que haber cambiado para que pudiera afirmar que la Comunitat Valenciana ha salido reforzada de la transformación industrial europea?
Respuesta: Creo que hay una máxima que tenemos en el Consell y que el presidente siempre nos traslada: la escucha activa. Aquí hace falta mucha más escucha.
Las regiones tenemos esa proximidad con los sectores productivos. En la Comunitat Valenciana conocemos de cerca sus realidades y, a través de la escucha activa, podemos identificar cuáles son los problemas que afrontan. De esa manera, podemos acercar mucho más los objetivos de una regulación a la realidad.
Marian Cano:“Si se regula desde los despachos, se terminan haciendo políticas que no atienden a la realidad de los sectores”
Si se regula desde los despachos, al final se terminan haciendo políticas que no atienden a las realidades de los sectores. Si dentro de cinco años podemos decir que la Comunitat Valenciana ha conseguido desempeñar un papel más activo, de la mano de los sectores y de quienes se ven afectados por la regulación, creo que habremos avanzado en la dirección correcta.
La advertencia de Cano resume buena parte del dilema al que se enfrenta Bruselas: cómo reindustrializar Europa sin que las exigencias diseñadas para proteger su futuro terminen comprometiendo la supervivencia de su tejido productivo. Desde la cerámica de Castellón hasta la automoción valenciana, la consellera reclama una política industrial que atienda a las particularidades de cada sector y conceda mayor protagonismo a las regiones. Porque, mientras Europa debate cómo recuperar su competitividad, las consecuencias de sus decisiones ya se miden en las fábricas.