La derrota electoral de Donald Trump en las 'midterms' obliga a revisar los cálculos sobre Estados Unidos mucho más allá de sus fronteras. Un presidente que pierde respaldo parlamentario conserva la capacidad de negociar con otras potencias, pero encuentra más obstáculos para garantizar que sus compromisos se traduzcan en leyes, presupuestos y nombramientos.
La victoria demócrata abre una etapa de mayor disputa entre el Congreso y la Casa Blanca. Sus efectos internacionales dependerán de qué decisiones quiera adoptar Trump, de las facultades que utilice y de los acuerdos que consigan construir sus adversarios. El Servicio de Estudios del Parlamento Europeo ya señalaba antes de las elecciones esa combinación: mayor control parlamentario, con el veto presidencial y las órdenes ejecutivas todavía en manos del mandatario.
Para China, el cambio no garantiza una tregua comercial. Para Rusia, puede complicar una negociación sobre Ucrania que encuentre resistencia en el Capitolio. Irán e Israel deberán atender tanto a las decisiones presidenciales como a las condiciones que los legisladores quieran imponer a la financiación y a la cooperación militar.
China: Trump debilitado no significa Washington más complaciente
Pekín tendrá que distinguir entre la debilidad electoral del presidente y la orientación de la política estadounidense. Los demócratas pueden enfrentarse a Trump por sus métodos sin renunciar a defender la industria, la tecnología y la seguridad de Estados Unidos frente a China.
El primer frente será comercial. Una mayoría contraria a los aranceles de Trump puede intentar limitar sus atribuciones o exigir mayor intervención del Congreso en los acuerdos internacionales. CSIS identificaba antes de las elecciones precisamente esa recuperación del poder parlamentario sobre el comercio como una de las posibles prioridades de una nueva mayoría.
La consecuencia para China sería una negociación con más participantes y posibles vetos. Un entendimiento entre Trump y Xi Jinping seguiría teniendo peso, pero su alcance dependería de si necesita cambios legislativos o puede ejecutarse mediante competencias presidenciales.
Tampoco hay motivo para interpretar el resultado como una retirada inmediata de las restricciones comerciales. Los demócratas podrán discutir los instrumentos de presión sobre China sin abandonar la competencia con ella.
Taiwán: el Congreso puede dificultar las concesiones a Pekín
Taiwán muestra por qué una derrota de Trump no equivale necesariamente a una victoria china. El apoyo a determinadas medidas de seguridad para la isla atraviesa las divisiones partidistas estadounidenses.
En su análisis de la cumbre entre Trump y Xi de septiembre, CSIS señalaba que existía un consenso bipartidista en el Congreso favorable a las ventas de armas a Taiwán. Ese respaldo limita la utilidad de leer la relación con Pekín como una elección simple entre republicanos duros y demócratas conciliadores.
Una mayoría demócrata podría examinar con más intensidad cualquier concesión presidencial que afectara a la isla. Pero el resultado electoral tampoco garantiza una nueva operación de venta de armamento, una entrega inmediata o un compromiso militar adicional: cada decisión tiene sus propios procedimientos.
La cuestión será qué acuerdos busca Trump con China y qué está dispuesto a aceptar el Congreso para hacerlos posibles.
Rusia: más obstáculos para un acuerdo sobre Ucrania sin respaldo parlamentario
Para Moscú, un Congreso dispuesto a sostener a Ucrania puede dificultar decisiones presidenciales que reduzcan el apoyo a Kiev o alivien la presión sobre Rusia. Los legisladores disponen de herramientas presupuestarias y de supervisión para intervenir en esa discusión.
Eso no convierte a los demócratas en responsables directos de la negociación diplomática. Trump conservará un papel central y podrá oponerse mediante el veto a medidas legislativas que rechace.
El margen de actuación estará en los acuerdos concretos: financiación, condiciones de la ayuda y posibles medidas sobre sanciones. Expertos consultados por Kyiv Independent antes de la votación destacaban la posibilidad de incorporar disposiciones favorables a Ucrania en grandes paquetes de defensa que el presidente tenga interés en aprobar.
La lectura para el Kremlin es, por tanto, más compleja que la de un adversario debilitado. Un Trump con menos apoyo parlamentario también puede tener menos capacidad para convertir una promesa negociada en una política duradera de Estados Unidos.
Irán: el coste de la guerra tendrá más vigilancia, pero no hay un alto el fuego electoral
La guerra con Irán será uno de los asuntos en los que la nueva mayoría podrá reclamar explicaciones sobre objetivos, costes y resultados. La financiación ofrece al Congreso una vía para presionar a la Administración y discutir las condiciones de su actuación.
Sin embargo, ganar las elecciones legislativas no permite ordenar por sí solo el final de una guerra. Los intentos de restringir operaciones militares pueden encontrarse con el veto presidencial y con disputas sobre las atribuciones de cada poder.
Para Teherán, la derrota republicana puede abrir expectativas de mayor presión interna sobre Trump. Sería arriesgado confundirlas con una decisión estadounidense de desescalar que todavía debe concretarse.
Israel: más debate sobre armas y condiciones de la ayuda
El cambio parlamentario puede ampliar el debate estadounidense sobre la cooperación militar con Israel, las transferencias de armas y la situación de los palestinos. Dentro del Partido Demócrata conviven posiciones distintas sobre cómo utilizar esa relación para influir en las decisiones israelíes.
Recordemos que ayer mismo Trump anunció que Washington suspenderá la entrega de 4.000 millones de dólares (unos 3.575 millones de euros) en asistencia militar a Israel antes de que termine el año, tras subrayar que esta decisión forma parte de un entendimiento alcanzado con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, de quien habría partido la propuesta.
La Casa Blanca seguirá siendo un interlocutor decisivo. Pero conseguir el respaldo presidencial puede resultar insuficiente para aquellas medidas que necesiten también financiación o autorización parlamentaria.
Los aliados del Golfo y Asia tendrán que mirar a dos centros de poder
Para países que negocian cooperación militar, inversiones o acuerdos comerciales con Washington, la consecuencia práctica será prestar más atención al Congreso. Las mayorías deciden quién dirige las comisiones, qué proyectos se votan y qué cuestiones se investigan. El Senado también interviene en numerosos nombramientos del Ejecutivo.
Esto puede ofrecer vías adicionales para defender una relación bilateral. También puede ralentizar acuerdos o introducir condiciones que no figuraban en las conversaciones con la Casa Blanca.
El efecto dependerá del contenido de cada compromiso. Un acuerdo político anunciado por Trump, una venta de armas y una ley comercial no siguen necesariamente el mismo procedimiento ni están expuestos a idénticos controles.
El riesgo global: que Trump busque fuera el margen que pierde dentro
Una posibilidad es que el presidente responda al nuevo equilibrio buscando acuerdos. Otra es que intensifique el uso de sus facultades ejecutivas y concentre sus iniciativas en ámbitos donde dispone de más autonomía.La segunda opción merece atención internacional, pero sigue siendo un escenario, no una decisión acreditada.
Los primeros indicios estarán en las prioridades de las nuevas comisiones, las negociaciones presupuestarias y las iniciativas sobre comercio y seguridad. Los nuevos mandatos parlamentarios comienzan en enero de 2027; hasta entonces seguirá actuando el Congreso saliente.