Este lunes 14 de septiembre se cumplen 50 años de la gran manifestación que reunió en Madrid -según recogía la prensa de entonces- a más de 100.000 personas por la conocida como ‘guerra del pan’: un escándalo en torno al peso real de la barra, cuyo precio estaba intervenido, que activó a un potente movimiento vecinal contra la subida del coste de la vida.
En la capital, a mediados de los años setenta, la prensa y las asociaciones de vecinos bautizaron como ‘guerra del pan’ el pulso que enfrentó a las organizaciones vecinales de los barrios periféricos y al empresario harinero Emilio Alonso Munárriz con el entramado que dominaba la producción, el precio y la inspección del pan en Madrid, encabezado por el segundo teniente de alcalde, Constantino Pérez Pillado.
Tras varios años de reportajes denunciando el fraude en el gramaje -venta de pan con un peso inferior al obligatorio pero cobrado a precio de tasa completa- y la mala calidad del producto, el conflicto estalló abiertamente en 1976. Ese año, inspectores municipales y agentes de la Policía Municipal requisaron ‘pan barato’ repartido por el empresario Emilio Munárriz en Orcasitas, que acabaría siendo detenido.
Un fraude de 5.550 millones de pesetas
Munárriz, presidente de la harinera y panificadora ‘Pancasa’, sostuvo en conferencias y actos públicos que el fraude del pan había supuesto para los consumidores madrileños 5.550 millones de pesetas en cuatro años (el equivalente hoy a 512 millones de euros, contando la inflación). Apoyaba esa cifra en una cadena de denuncias aparecidas en la prensa entre 1972 y 1975.
El diario ‘Informaciones’ calculó el 14 de febrero de 1972 que el fraude en el peso alcanzaba un 17,3 por ciento; el semanario ‘Sábado Gráfico’ lo situó el 17 de abril de ese mismo año en tres millones de pesetas diarios; el propio ‘Informaciones’ lo volvió a valorar el 15 de julio de 1972 en mil millones de pesetas anuales; el diario ‘Arriba’ elevó el 28 de enero de 1975 la cifra a más de 7,5 millones de pesetas al día y la revista ‘Ciudadano’ midió en marzo de ese año un fraude del 29,2 por ciento en el gramaje de las piezas.
Ante aquel panorama, Munárriz defendía que el fraude del pan equivalía a un “robo diario e indiscriminado en los bolsillos de las familias de los barrios más humildes de Madrid”.
Félix López-Rey: “NINGUNA PANADERÍA VENDÍA EL PESO LEGAL”
El exconcejal del Ayuntamiento de Madrid Félix López-Rey, que vivió aquella ‘guerra’ como presidente de la Asociación Vecinal de Orcasitas, rememora que en su barrio el engaño “causó mucha indignaicón”; pero asegura que el verdadero impacto llegó cuando descubrieron que la estafa era generalizada y la bautizaron como la “mafia del pan”.
El fraude en el peso fue documentado minuciosamente por el propio movimiento vecinal. Según López-Rey, en la Asociación Vecinal de Orcasitas realizaron un estudio del pan vendido en trece panaderías del barrio y concluyeron que “ninguna de ellas vendía el peso reglamentario”.
“Pesamos ambos panes: las barras de 500 gramos, que pesaban en la práctica entre 300 y 400 gramos, mientras que las llamadas ‘pistolas’, que legalmente debían estar en los 270 gramos, registraban en la báscula unos 220 gramos. Vamos que los dos no pesaban más de 700 gramos en total”, relata López-Rey a Europa Press cincuenta años después.
El informe de la asociación calculó unas pérdidas mensuales de 474.000 pesetas solo en Orcasitas y proyectó un fraude potencial superior a 1.700 millones de pesetas anuales en el conjunto de la ciudad.
Pérez Pillado, en el centro del escándalo
Para el movimiento vecinal y para Munárriz, la continuidad del fraude solo se entendía por la existencia de una red política que garantizaba la impunidad, cuyo eje situaban en el segundo teniente de alcalde de Madrid, Constantino Pérez Pillado.
Además de su puesto en el Consistorio, Pillado acumulaba simultáneamente los cargos de procurador en Cortes por el Sindicato Nacional de Cereales, presidente del Grupo Nacional de Panadería, presidente de la Comisión de Abastos del Ayuntamiento y directivo de panificadoras como ‘Siligo S.A.’ o ‘Panificadora Cea Bermúdez’.
La misma persona que fijaba los precios del pan, vigilaba su calidad y ordenaba las inspecciones municipales era, al mismo tiempo, el máximo representante de los empresarios panaderos. El caso se agravó cuando el semanario ‘Doblón’ rescató en portada, el 31 de mayo de 1975, dentro de un reportaje de investigación titulado ‘Pan con escándalo’, una información aparecida en ‘ABC’ el 31 de enero de 1948.
Aquel texto de hemeroteca revelaba que Pérez Pillado ya había sido sancionado entonces con una multa de 1.000.000 de pesetas y con la clausura definitiva de su panadería, en la calle Eloy Gonzalo, por tráfico ilícito de harinas -“estraperlo”- en la posguerra.
La información de ‘ABC’ detallaba, además, una multa de 28.830.000 pesetas al Consorcio de la Panadería en el mismo procedimiento. Munárriz denunció que se hubiera permitido a un antiguo infractor del pan dirigir décadas después el monopolio panadero y el abasto de la capital, y López-Rey rememora que, con ironía, solían decir que habían “pillado a Pillado con las manos en la masa”.
La apuesta por el ‘pan barato’
Frente a ese monopolio, Munárriz trató de probar que era posible vender un pan de peso exacto y calidad contrastada a un precio inferior a través de su empresa, a 28 pesetas el kilo, frente a las 40 pesetas fijadas por el gremio oficial.
La iniciativa, respaldada por varias asociaciones vecinales que distribuían el pan en sus sedes, se topó rápidamente con obstáculos administrativos.
El diario ‘Madrid’, en un artículo titulado “Requisado el pan barato”, narró cómo inspectores de Abastos, acompañados por agentes de la Policía Municipal, incautaron 500 kilos de pan barato de ‘Pancasa’, alegando la “falta de licencia municipal válida” del local vecinal donde se vendía. Este choque culminó en 1976 con la detención de Munárriz por parte de la Policía.
La gran marcha de las ‘pistolas’
Según relata Félix López-Rey, el 14 de septiembre de 1976 la ‘guerra del pan’ alcanzó tal dimensión que derivó en “la manifestación más grande celebrada desde la guerra civil española”. Los diarios de la época hablaron de más de 100.000 personas en la calle, muchas con barras tipo ‘pistola’ en alto, coreando consignas como “Pan, trabajo y libertad”.
La marcha se convocó contra la carestía de la vida, el fraude del pan y para exigir la legalización de las asociaciones vecinales. El recorrido atravesó el barrio de Moratalaz, desde la plaza del Corregidor Cabeza de Vaca hasta el camino de Vinateros.
El recién creado diario ‘El País’ recogió que la comisión organizadora del acto -formada por diez personas en representación de asociaciones y entidades ciudadanas- cifraba en más de cien mil los asistentes que reclamaban “el abaratamiento inmediato del pan”, protestaban por la subida de precios y exigían “la inmediata legalización de la Federación Provincial de Asociaciones y las asociaciones en trámite”.
López-Rey rememora aquella protesta como un acontecimiento que insufló ánimo y confianza para “seguir luchando”. “Para muchos ciudadanos la guerra del pan fue como un rito de iniciación a la democracia, una toma de conciencia sobre las posibilidades que tenía el pueblo si se unía en una lucha. Ver a tantas personas en la calle fue maravilloso”, concluye.