La Federación Salud Mental Región de Murcia se ha adherido a la campaña #NiCulpaNiSilencio, promovida por la Confederación Salud Mental España con motivo del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que se conmemora este jueves 10 de septiembre. La iniciativa busca dar visibilidad al duelo que sigue al suicidio de un ser querido y ayudar a romper el silencio y el estigma que aún persisten en torno a esta realidad, según ha señalado la propia federación.
La campaña centra su mensaje en las emociones que suelen acompañar este tipo de duelo, como la culpa, la vergüenza, la rabia o las dudas que surgen tras la pérdida. De acuerdo con la Confederación Salud Mental España, se calcula que por cada suicidio al menos seis personas resultan profundamente afectadas.
Esta acción, financiada por el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, pretende aliviar la culpa y la vergüenza que pueden sentir familiares, amistades y personas del entorno de quien ha fallecido por suicidio, además de facilitar que puedan expresar lo que sienten y acceder a apoyo adecuado.
Los últimos datos cerrados del Instituto Nacional de Estadística (INE) indican que en 2024 se registraron 3.953 muertes por suicidio en España, de las cuales 2.902 fueron hombres y 1.051 mujeres, lo que supone una bajada del 3,9% respecto a 2023. Es el segundo año consecutivo de descenso, aunque el suicidio continúa siendo la segunda causa de muerte externa, solo por detrás de las caídas accidentales.
En la Región de Murcia, las entidades del movimiento asociativo de Salud Mental llevan a cabo diferentes acciones de prevención y acompañamiento ante las conductas suicidas. Entre ellas figura ÁPICES Salud Mental Cartagena, que dispone de un programa de mediación comunitaria al que llegan personas derivadas desde el hospital tras un intento de suicidio, así como familiares y usuarios que solicitan ayuda después de haber manifestado ideas suicidas.
La psicóloga responsable de este programa, Eva Guillamón, detalla que una de las primeras tareas consiste en realizar un análisis integral de la situación de cada persona, con el fin de detectar factores económicos, sociales, familiares o psicológicos que estén influyendo en su sufrimiento.
A partir de esa evaluación, el equipo trata de vincular a la persona con los recursos y apoyos existentes, además de ofrecerle un espacio de escucha y acompañamiento emocional. “Cuando una persona piensa en quitarse la vida, muchas veces no quiere morir; lo que quiere es dejar de sufrir”, apunta Guillamón, quien añade que el trabajo se centra en identificar los factores que afectan a la persona e intentar abordarlos mediante los recursos disponibles.