La mortalidad por cáncer de laringe se desploma en hombres en España, pero repunta en mujeres mayores de 55 años

Un estudio nacional revela un fuerte descenso de la mortalidad por cáncer de laringe en hombres y un preocupante aumento en mujeres mayores de 55 años.

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La mortalidad por cáncer de laringe en varones ha caído en torno a un 60 por ciento en España, al reducirse de 12,10 a 4,76 fallecimientos por cada 100.000 habitantes. En cambio, entre las mujeres, las defunciones han bajado en las más jóvenes, pero se han incrementado de forma clara a partir de los 55 años.

Estas conclusiones proceden de un estudio nacional publicado en “Acta Otorrinolaringológica Española”, que examina la evolución de la mortalidad entre 1999 y 2023. A partir de los registros del Instituto Nacional de Estadística (INE), el trabajo contabiliza 36.598 muertes por cáncer de laringe en España en esos 25 años, de las que 34.532 correspondieron a hombres (94%) y 2.066 a mujeres (6%).

Los autores ponen de relieve la estrecha relación entre la dinámica de este tumor y las variaciones en la exposición de la población a los factores de riesgo en las últimas décadas, con especial protagonismo del tabaco.

“Los datos muestran de forma muy clara que los cambios en los hábitos de consumo de tabaco de las distintas generaciones tienen un reflejo décadas después en la mortalidad por cáncer de laringe”, ha señalado el presidente de la SEORL-CCC, Serafín Sánchez.

“La evolución favorable observada en los hombres es una buena noticia, pero el incremento que estamos viendo en mujeres de mayor edad nos recuerda que los efectos del tabaquismo pueden aparecer muchos años después de la exposición y que la prevención debe mantenerse como una prioridad”, ha explicado Sánchez.

En los hombres, el descenso de la mortalidad ha sido continuado durante todo el periodo. La tasa estandarizada pasó de 12,10 fallecimientos por 100.000 habitantes en 1999 a 4,76 en 2023, lo que supone una reducción media anual del 4 por ciento. Entre los menores de 50 años, la tendencia fue aún más marcada, con una bajada desde 1,31 a 0,11 muertes por 100.000 habitantes y una reducción anual del 11 por ciento.

El análisis estadístico muestra que esta caída no se explica solo por un periodo concreto, sino también por un claro efecto de cohorte. En los varones, el riesgo de muerte fue disminuyendo de forma progresiva en las generaciones nacidas más recientemente: el riesgo relativo estimado pasó de 3,27 en la cohorte de 1919 a 0,05 en la de 1984.

Según los investigadores, este patrón encaja sobre todo con la menor exposición al tabaco entre las generaciones jóvenes. El trabajo apunta a que otros elementos, como los avances en diagnóstico y tratamiento, también habrían contribuido a la mejoría, si bien consideran que el factor determinante del descenso en hombres es la menor incidencia del tumor ligada a la reducción de los principales factores de riesgo.

Una evolución distinta en las mujeres

En las mujeres el panorama es diferente. Aunque la mortalidad global se mantiene baja y sin grandes cambios, el análisis por franjas de edad revela trayectorias opuestas. Entre las menores de 50 años, las muertes se redujeron de forma significativa entre 1999 y 2023, con un descenso medio anual del 7,2 por ciento. Sin embargo, en las mujeres de 50 años o más se observó un incremento anual del 1,5 por ciento.

El modelo Edad-Periodo-Cohorte empleado en el estudio permite afinar aún más estas diferencias. A partir de aproximadamente los 55 años se detecta un cambio de tendencia, con aumentos anuales de la mortalidad que alcanzan el 4,13 por ciento en el grupo de 60 a 64 años y el 4,51 por ciento entre las mujeres de 65 a 69 años.

Los autores vinculan este comportamiento a la historia del consumo de tabaco y alcohol en las mujeres españolas. La incorporación masiva de la población femenina al tabaquismo se produjo más tarde que en los hombres, de modo que las consecuencias de aquella exposición se estarían manifestando ahora, décadas después, en las cohortes que llegan a edades avanzadas.

No obstante, los responsables del trabajo insisten en que estos resultados deben leerse con prudencia, ya que el número absoluto de fallecimientos en mujeres sigue siendo reducido: algo más de 2.000 muertes frente a más de 34.500 en hombres a lo largo de los 25 años estudiados.

Tabaco y alcohol: factores de riesgo clave

Los especialistas recuerdan que el cáncer de laringe está muy ligado a factores de riesgo evitables. El tabaco es el principal agente implicado, mientras que el consumo de alcohol puede actuar de manera sinérgica, incrementando de forma notable la probabilidad de desarrollar el tumor cuando ambos hábitos coinciden.

Por ello, los expertos de la SEORL-CCC subrayan que la prevención sigue siendo una herramienta esencial para disminuir la incidencia y la mortalidad. La reducción del consumo de tabaco y alcohol debe ir acompañada de medidas de apoyo al abandono del tabaquismo y de una vigilancia reforzada sobre aquellos colectivos que mantienen una exposición elevada a estos factores.

“Que la mortalidad masculina haya descendido de forma tan importante demuestra que los cambios en los factores de riesgo pueden tener un impacto enorme sobre la salud de la población, aunque sus efectos se manifiesten a largo plazo”, ha añadido Sánchez.

“Al mismo tiempo, la evolución observada en las mujeres mayores debe servir como una llamada de atención para reforzar las medidas de prevención y no bajar la guardia frente al tabaquismo”, ha destacado.

El estudio recuerda igualmente que la larga latencia entre la exposición al tabaco y la aparición del cáncer de laringe hace que las variaciones en los patrones de consumo no se traduzcan de inmediato en cambios en la mortalidad. Por este motivo, las políticas preventivas deben sostenerse durante décadas.

Finalmente, la SEORL-CCC incide en la necesidad de acudir a consulta ante síntomas persistentes relacionados con la laringe, especialmente en personas con factores de riesgo. Señala que una alteración de la voz o una ronquera que no desaparece, dificultades para tragar, dolor de garganta mantenido, sensación de cuerpo extraño, problemas respiratorios o la aparición de un bulto en el cuello son signos que deben ser valorados por un especialista si se prolongan en el tiempo.

Los expertos recalcan que el diagnóstico en fases iniciales permite plantear, según las características de cada paciente, tratamientos orientados tanto a controlar la enfermedad como a preservar, en la medida de lo posible, funciones esenciales como la voz y la deglución.

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