La sección cuarta de la Audiencia Provincial de Pontevedra celebró este jueves la primera sesión del juicio contra un hombre acusado de varios delitos de malos tratos en el ámbito de la violencia de género, para el que la Fiscalía reclama en total 12 años y 7 meses de cárcel. Su expareja, que actúa como acusación particular y es la denunciante del caso, declaró ante el tribunal que los insultos y las agresiones físicas eran habituales y que tardó en acudir a la justicia porque le tenía “muchísimo miedo”.
Durante la vista, la mujer, que mantuvo con el procesado una relación sentimental de algo menos de un año, confirmó ante la sala que los improperios por parte de él se producían “prácticamente todos los días”. Según su testimonio, unos tres meses después de iniciar la convivencia comenzaron también los episodios de violencia física, tanto en las viviendas donde residieron juntos como en plena vía pública.
“Yo no sabía qué hacía mal para que me tratase así, me echaba la culpa a mí misma”, relató, antes de detallar diferentes episodios de golpes, tirones, bofetadas y empujones. Añadió que el acusado le revisaba el teléfono móvil, no le permitía salir sola e incluso se presentaba en los lugares donde ella quedaba con sus amistades, ejerciendo un control constante sobre sus movimientos.
La denunciante situó uno de los episodios más graves en el verano de 2024, cuando, tras una discusión en un local de Pontevedra, el hombre supuestamente la encerró en el baño del establecimiento y la abofeteó, hasta que una camarera la protegió detrás de la barra. “Se volvía loco de repente por cualquier cosa, yo tenía pavor, por ejemplo, de que me sonara el móvil”, manifestó, y aseguró que era habitual que el acusado la mantuviese “encerrada” durante varios días seguidos.
Tras ese incidente, según su versión, se sucedieron nuevas agresiones: en una de ellas sufrió una brecha en la cabeza y, en otra, el hombre presuntamente la tiró contra el suelo, causándole la rotura de una pieza dental. Aunque hasta entonces no había acudido a un centro sanitario “por miedo” ni había mantenido sus denuncias (presentó una anterior que finalmente retiró), después de la última paliza decidió ir a la Comisaría y poner fin definitivamente a la relación.
La mujer explicó también que el procesado consumía drogas y que las agresiones se producían cuando él tomaba sustancias, aunque “no siempre”. Reconoció que ella también consumía estupefacientes, pero en menor cantidad, y subrayó que “a veces” se drogaba “para aguantar las palizas y golpes”.
En la jornada de este jueves declaró igualmente la hija de la denunciante, quien corroboró que su madre le había relatado los episodios de violencia, le había enviado fotografías de las lesiones y que ella misma había visto “los moratones y el diente roto”. Según indicó, su madre no se atrevía a denunciar antes porque sentía un gran temor hacia su pareja.
El juicio se reanudará el próximo 22 de septiembre, después de que la vista quedase suspendida por la ausencia de dos testigos citados. Ese día está previsto que también comparezca el acusado, que ha solicitado declarar una vez se practique el resto de la prueba.
Calificación de los delitos y petición de condena
La Fiscalía atribuye al procesado un delito de maltrato habitual en el ámbito de la violencia de género, cuatro delitos de maltrato físico en el mismo contexto y un delito de lesiones cualificadas con deformidad, apreciando además las agravantes de parentesco y género.
En consecuencia, el Ministerio Público reclama para él penas que suman 12 años y 7 meses de prisión, la prohibición de portar armas durante 17 años y la prohibición de aproximarse o comunicarse con la víctima durante un periodo de 24 años.