Preocupa la salud de Maricarmen: su entorno alerta del deterioro mientras sigue hospitalizada

La mujer de 87 años que se ha convertido en símbolo de la lucha por la vivienda continúa en el Gregorio Marañón. El acuerdo para regresar a su casa está alcanzado, pero su vuelta depende del alta médica

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Maricarmen atiende a los medios de comunicación durante una concentración bajo el lema ‘Maricarmen se queda’ la víspera de su desahucio.  Fernando Sánchez - Europa Press

Maricarmen atiende a los medios de comunicación durante una concentración bajo el lema ‘Maricarmen se queda’ la víspera de su desahucio. Fernando Sánchez - Europa Press

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Maricarmen Abascal tiene un acuerdo para recuperar su hogar, pero todavía no puede regresar. La mujer de 87 años, cuyo desahucio desencadenó manifestaciones y acampadas por el derecho a la vivienda, continúa ingresada en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid mientras su entorno expresa preocupación por el deterioro de su salud.

RTVE informó este viernes de que su estado había empeorado, citando a familiares, representantes legales y al Sindicato de Inquilinas. La inquietud se mantiene después de que las negociaciones con la propiedad abrieran la posibilidad de volver al piso del distrito de Retiro donde vivió durante más de siete décadas.

El acuerdo supone una salida para su situación residencial. Su recuperación, sin embargo, sigue pendiente de la evolución clínica y de las decisiones del equipo que la atiende.

"Su salud está realmente complicada"

La portavoz del Sindicato de Inquilinas, Alicia del Río, explicó el miércoles que Maricarmen seguía hospitalizada en planta y sometida a pruebas. «Su salud está realmente complicada», señaló en unas declaraciones recogidas este viernes por El Español, en las que también pidió respeto a su privacidad y a la de su familia.

La vicealcaldesa de Madrid, Inma Sanz, trasladó el jueves una preocupación similar. Según recoge el mismo periódico, explicó que la información recibida por el Ayuntamiento no apuntaba a un alta a corto plazo y que los servicios sociales del distrito mantenían el contacto con ella.

Su primo Vicente también ha descrito un empeoramiento. En declaraciones difundidas por el programa Y ahora Sonsoles, de Antena 3, aseguró que estaba «más deteriorada con respecto a días anteriores» y que aguardaban los resultados de las pruebas.

Estas informaciones recogen las observaciones de quienes la acompañan. No detallan un diagnóstico médico público que permita precisar la causa del deterioro ni establecer un pronóstico.

El regreso a su vivienda sigue pendiente del alta

Maricarmen permanece ingresada desde el 23 de septiembre, cuando fue desalojada y trasladada al hospital. Días después, sus representantes alcanzaron un acuerdo con Urbagestión, propietaria del inmueble, mediante la mediación de la Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo.

El pacto contempla un contrato de ocho años y una renta ajustada a sus ingresos. Su abogada, Beatriz Duro, confirmó a RTVE que Maricarmen había aceptado las condiciones y que quería regresar a casa cuando recibiera el alta.

La noticia del acuerdo había abierto una expectativa de alivio. La letrada la describió como contenta y esperanzada por recuperar su hogar, aunque ya advertía de que su salud era delicada. La posibilidad de volver y la preocupación por su estado han convivido desde entonces.

## Por qué Maricarmen se convirtió en un símbolo

La repercusión de su historia se entiende al reunir sus elementos: una mujer de 87 años, una vivienda en la que transcurrió casi toda su vida y unas imágenes del desalojo que mostraron su salida en camilla. Su caso puso rostro a una discusión que suele expresarse mediante precios, contratos y estadísticas.

RTVE documentó cómo el desahucio fue seguido por protestas en distintas ciudades y devolvió la emergencia de vivienda al centro de la confrontación política. El lema «Ni una Maricarmen más» convirtió su nombre en una reclamación que desbordaba la solución individual de su caso.

En esa identificación reside buena parte de su significado público: la posibilidad de perder la casa después de décadas viviendo en ella conecta la inseguridad de quienes buscan su primer alquiler con la de quienes creían tener un hogar estable para la vejez. 

Su propio mensaje: seguir luchando por los demás

Maricarmen también ha participado en la construcción de ese significado. Desde el hospital, en su primer mensaje público tras el desalojo, agradeció el apoyo recibido y pidió que la movilización continuara: "No he logrado defender mi casa, pero sí he luchado para que los demás aprendan a luchar por la suya".

Ahora, la preocupación por su salud devuelve la atención a la persona que hay detrás del símbolo. Mientras su nombre sigue presente en las plazas y en el debate político, Maricarmen permanece en el hospital. La vuelta a casa que desea todavía depende de su recuperación.