La inteligencia artificial puede hacer que la economía produzca mucho más dinero y que, al mismo tiempo, una parte importante de quienes hoy trabajan frente a un ordenador salga perdiendo.
Esa es probablemente la conclusión más incómoda del nuevo estudio económico de Anthropic. No plantea que la IA vaya necesariamente a empobrecernos. Plantea algo bastante distinto: podríamos vivir en una economía extraordinariamente más rica, pero con menos empleo en determinadas profesiones, salarios mucho más desiguales y una proporción creciente de esa riqueza terminando en manos de los propietarios del capital.
El trabajo es nuevo. Economic Scenarios for Transformative AI figura como Working Paper 2026-02 del Anthropic Institute y está fechado en septiembre de 2026. Anthropic difundió esta semana también una herramienta interactiva basada en ese modelo para explorar cómo podría ser la economía estadounidense en 2030.
Sus autores son los economistas Anton Korinek, Charles I. Jones, Szymon Sacher, Tess Cotter y Peter McCrory.
Y hay una advertencia necesaria antes de entrar en los números: no están prediciendo qué ocurrirá. Han construido tres futuros posibles y no asignan una probabilidad a ninguno. El estudio sirve para observar qué sucedería si la capacidad y adopción de la IA avanzan a diferentes velocidades.
Tres economías completamente diferentes en apenas cuatro años
El modelo arranca en 2026 y termina en 2030.
El escenario modesto supone que la IA avanza y se extiende, pero sin provocar una ruptura histórica. El efecto económico sería parecido al de otras grandes tecnologías recientes.
El escenario sustancial implica una transformación bastante mayor del trabajo intelectual. Para 2030, la IA sería capaz de realizar aproximadamente la mitad del trabajo cognitivo considerado por el modelo, aunque las empresas no la utilizarían en todo aquello que técnicamente pudiera hacer.
El escenario extremo entra en otro territorio. La IA sería mejor que los seres humanos en la mayoría de las tareas cognitivas, asumiría casi todas ellas de manera autónoma y apenas aparecerían nuevas tareas intelectuales reservadas a las personas. Para llegar ahí probablemente sería necesario que los propios sistemas de IA acelerasen el desarrollo de nuevas generaciones de inteligencia artificial.
Y las tres economías que salen de ahí tienen muy poco que ver entre sí.
El PIB crece siempre: desde un 1,6% hasta un 32,4% adicional
Lo primero que encuentra Anthropic es que la IA hace crecer la economía en todos sus escenarios.
En el más moderado, el PIB estadounidense de 2030 sería un 1,6% mayor que en una economía equivalente sin inteligencia artificial. Alcanzaría unos 34,1 billones de dólares, medidos a precios de 2025. En el escenario sustancial, la diferencia aumenta hasta el 8,3% y el PIB llega a 36,3 billones.
Y en el extremo se produce el salto: 44,4 billones de dólares, un 32,4% más que sin IA. El crecimiento anual llegaría entonces al 15,4%. A ese ritmo, la economía podría duplicar aproximadamente su tamaño cada cuatro años y medio.
El problema empieza cuando se pregunta quién se queda con ese crecimiento.
Una economía un 32% más rica puede tener casi un 12% de paro
Más productividad no significa automáticamente más empleo. En el escenario modesto apenas se aprecia el golpe laboral. El desempleo general pasa del 3,8% utilizado como referencia por el modelo al 3,9%. En el escenario sustancial alcanza el 4,6%.
En el extremo sube al 11,9%. Entre los trabajadores que comienzan en ocupaciones cognitivas llega al 17,9%, prácticamente uno de cada cinco.
No es que desaparezca todo ese trabajo. Parte se automatiza. Parte cambia. Parte de las personas desplazadas busca empleo en otras profesiones. Y precisamente ahí aparece uno de los problemas centrales del estudio.
Un programador puede perder parte de la demanda de su trabajo porque la IA escriba código. Eso no significa que pueda convertirse inmediatamente en electricista, enfermero o trabajador de la construcción.
Cambiar de profesión cuesta tiempo, requiere habilidades diferentes y no siempre funciona. Cuanto mayor sea el número de trabajadores intentando hacerlo simultáneamente, mayor puede ser el desempleo durante la transición.
Programadores, analistas, administrativos y profesionales están más expuestos
Anthropic no divide la economía simplemente entre empleos que desaparecerán y empleos que sobrevivirán.
Divide cada ocupación en tareas. Un enfermero puede tener tareas administrativas que una IA automatice y otras físicas o humanas que continúen dependiendo de una persona. Un abogado puede delegar la revisión inicial de documentos mientras conserva otras funciones. Un programador puede producir más código con ayuda de una IA o ver directamente automatizada parte de su trabajo.
El modelo concentra la exposición directa en ocupaciones de dirección, profesionales, comerciales y administrativas. En conjunto representan alrededor del 62% del empleo estadounidense utilizado para calibrar el estudio.
Las profesiones físicas quedan mucho menos expuestas en este modelo porque Anthropic deliberadamente no incorpora una revolución acelerada de la robótica antes de 2030.
Eso genera una de sus conclusiones más llamativas: en determinados escenarios, ser electricista, enfermero o trabajar en construcción puede tener económicamente más recorrido que desarrollar una actividad puramente intelectual frente a un ordenador.
Los salarios se parten en dos
Aquí aparece probablemente el resultado con mayor impacto cotidiano.
En el escenario modesto prácticamente todos mejoran. El salario medio queda un 0,7% por encima de lo que habría sido sin IA. Los trabajadores cognitivos ganan un 0,4% adicional y el resto un 1,1%.
El escenario sustancial ya empieza a separar los caminos.
El salario medio aumenta un 2,1%, pero el de las ocupaciones cognitivas queda prácticamente congelado, un 0,3% por debajo del escenario sin IA. En el resto de las profesiones aumenta un 5,9%.
El escenario extremo rompe el mercado laboral en dos.
El salario medio es un 9,7% mayor. Pero eso oculta una diferencia enorme.
Los salarios de los trabajadores cognitivos quedan un 11,5% por debajo de lo que habrían alcanzado sin inteligencia artificial. Los de las demás ocupaciones son un 33,6% superiores.
En otras palabras: una economía puede pagar de media salarios más altos y, al mismo tiempo, pagar menos a una parte enorme de las personas que hoy ocupan algunos de los puestos considerados más cualificados.
Cómo puede ganar más un electricista si la IA automatiza programadores
La explicación del modelo tiene bastante lógica económica. Si la IA permite diseñar un edificio más deprisa, tramitar documentación en menos tiempo, calcular estructuras con menor coste o automatizar buena parte de la planificación, se pueden iniciar más proyectos.
Crece entonces la demanda de trabajadores cuyos empleos se benefician indirectamente de la productividad de la IA pero que la propia IA no puede realizar físicamente.
Anthropic pone precisamente ejemplos como construcción, electricidad o enfermería. Al mismo tiempo sucede lo contrario con determinados trabajos intelectuales.
Si una empresa puede producir la misma cantidad de software, documentos, análisis o atención al cliente utilizando menos trabajadores, cae la demanda de personas para realizar esas tareas.
La IA no tendría que sustituir completamente una profesión para ejercer presión sobre su salario. Bastaría con reducir el número de trabajadores necesarios.
El gran cambio podría llegar después de 2027
El calendario del estudio también resulta relevante. Los autores calculan que casi toda la diferencia entre sus tres escenarios aparece después de 2027. Hasta entonces, las trayectorias económicas permanecen relativamente cerca.
Eso ayuda a explicar una aparente contradicción del debate actual. La utilización de inteligencia artificial ha aumentado con rapidez, pero todavía no existe en los datos agregados estadounidenses una destrucción masiva de empleo atribuible a ella.
Otro estudio de Anthropic publicado en marzo tampoco encontró hasta ese momento un aumento sistemático del desempleo entre los trabajadores de las profesiones más expuestas desde finales de 2022. Sí detectó indicios de una ralentización de la contratación de trabajadores jóvenes en esos sectores, pero no una ruptura general del mercado laboral.
El nuevo trabajo plantea dos explicaciones posibles. Una es tranquilizadora: quizá la economía esté realmente avanzando hacia el escenario moderado. La otra lo es bastante menos: quizá todavía estemos en los primeros metros de una transformación que se acelerará cuando la IA pueda realizar muchas más tareas y las empresas comiencen a utilizarla de forma masiva.
El pastel crece, pero cambia quién se lo lleva
La cuestión más profunda del trabajo de Anthropic no es el paro. Es el reparto de la riqueza.
Actualmente, el modelo parte aproximadamente de una economía donde el 60% de la renta corresponde al trabajo y el 40% al capital. En el escenario modesto apenas cambia: los trabajadores conservan el 59,4% y el capital pasa al 40,6%. En el escenario sustancial, la participación del trabajo cae al 56,1% y el capital aumenta al 43,9%.
En el extremo se produce el vuelco: el trabajo recibe el 45,2% y el capital el 54,8%.
Por primera vez en esta simulación, más de la mitad de la renta terminaría remunerando capital en lugar de trabajo.
Los propietarios del capital pueden convertirse en los grandes ganadores
El dato se vuelve todavía más contundente al mirar cuánto dinero recibe cada grupo. En el escenario extremo, el PIB es un 32,4% mayor que en la economía sin IA.
Sin embargo, los ingresos totales derivados del trabajo son apenas un 0,5% superiores. Los ingresos del capital aumentan un 81,4%.
Ese es el corazón del escenario más disruptivo. La sociedad produce muchísimo más. El problema no está en crear riqueza.
Está en cómo llega esa riqueza a la población si una proporción cada vez menor se distribuye mediante salarios.
Para los trabajadores cognitivos la diferencia resulta todavía más acusada. La masa salarial total de ese grupo cae un 31% respecto a la trayectoria que habría seguido sin IA. Se combinan dos golpes: salarios un 11,5% inferiores y un 21,5% menos de empleo en esas ocupaciones.
La paradoja: el salario medio puede subir mientras los trabajadores pierden peso
Hay un resultado que parece contradictorio hasta que se separan las variables. En el escenario extremo, el salario medio aumenta un 9,7%.
Al mismo tiempo, la participación de los trabajadores en la economía cae desde aproximadamente el 60% hasta el 45,2%.
Las dos cosas pueden suceder a la vez. La economía se ha hecho tan grande que determinados trabajadores cobran mucho más en términos absolutos. Pero los propietarios de empresas, infraestructura, centros de datos, chips y otros activos necesarios para producir con IA capturan una parte todavía mayor del crecimiento.
El tamaño del pastel aumenta mucho más rápido que la porción destinada al trabajo.
¿Cuál de los tres escenarios cree la gente que ocurrirá?
Anthropic añadió al estudio una encuesta representativa realizada por Morning Consult a 10.980 adultos estadounidenses durante agosto.
Les preguntaron hasta dónde creen que llegará la IA, cuánto la utilizarán las empresas, qué productividad aportará, cuánto trabajo automatizará y cuánto tardaría una persona desplazada en encontrar otro empleo.
Cuando los investigadores introdujeron la respuesta mediana de la población en su modelo, apareció una economía muy parecida al escenario sustancial.
El PIB quedaría un 8,6% por encima de la trayectoria sin IA en 2030. El desempleo estaría alrededor del 4,6%. El empleo cognitivo sería aproximadamente un 4,2% menor.
El salario de los trabajadores cognitivos apenas cambiaría, mientras el del resto de ocupaciones sería un 6,4% mayor.
Solo alrededor del 10% de los encuestados dio respuestas compatibles con el escenario extremo.