Pedro Sánchez, ante su último triple: las señales apuntan a ganar tiempo antes de convocar elecciones generales

Pedro Sánchez agota el tiempo muerto de su reflexión con una última jugada disponible: volver a llevar la vivienda al Congreso antes de convocar elecciones. Las fuentes y expertos consultados por DEMÓCRATA apuntan a que intentará apurar esa posesión, con la presión de la calle como baza y posponiendo un adelanto que en que las encuestas hacen casi imposible la continuidad del Gobierno. Con todo, de nuevo, solo Sánchez sabe que pasará

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una sesión plenaria, en el Congreso de los Diputados, a 2 de octubre de 2026, en Madrid (España). Eduardo Parra - Europa Press

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una sesión plenaria, en el Congreso de los Diputados, a 2 de octubre de 2026, en Madrid (España). Eduardo Parra - Europa Press

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En este domingo 4 de octubre, último día del fin de semana que Pedro Sánchez se ha dado para reflexionar, la posibilidad de volver a intentar sacar adelante medidas de vivienda y apurar aún más esta derivada encaja con las últimas valoraciones recabadas por DEMÓCRATA y con los mensajes públicos de varios de los partidos implicados más que un adelanto. La hipótesis es aprovechar la movilización para aumentar la presión parlamentaria y reservar la convocatoria electoral para después, si ese nuevo intento también fracasa.

Eso sí, no hay una decisión anunciada y solo Sánchez puede despejar la incógnita. Entre las fuentes consultadas conviven avisos de un adelanto inminente con la interpretación de que el presidente del Gobierno puede obtener más de esta crisis prolongando la negociación y utilizar las protestas de la calle para elevar la presión sobre PP y Vox antes de acudir a las urnas.

Lo lógico en este escenario sería recuperar las medidas que cayeron el viernes, explorar una salida presupuestaria y acercarse a quienes han impulsado las movilizaciones, analizan los expertos pero "todas las hipótesis están abiertas". Eso sí, el primer test era el de este sábado y ha dejado una combinación que favorece posponer abrir las urnas. Es decir, habría generales pero no de manera inmediata. 

Con todo, en Moncloa siguen "haciendo trackings y valorando todos los escenarios" y será Sánchez el que tomará la decisión, que aún no ha comunicado. 

La calle mantiene la presión

Cuatro columnas confluyeron el sábado en Cibeles en la principal manifestación de la jornada. La Delegación del Gobierno cifró la asistencia en Madrid en 70.000 personas; el Sindicato de Inquilinas la elevó a 500.000. Las convocatorias del fin de semana alcanzaban unas 50 localidades.

Hubo marchas en ciudades como Valencia, Sevilla, Bilbao y Cádiz. En Valencia se produjeron cargas policiales junto al Palau de les Arts. La movilización prevista en L'Hospitalet quedó suspendida por el temporal. La reclamación de una huelga general por la vivienda estuvo presente en las movilizaciones, así como las tensiones durante la noche con grupos ultras.

Esa continuidad de la movilización, que era una incógnita el sábado por la mañana, importa para la decisión de Sánchez. La calle sigue agitada y le da margen para apurar la posesión. Esperar permitiría a Sánchez comprobar algo más que el tamaño de las marchas: si esa presión termina desgastando algo al PP y, sobre todo, aprieta a Junts, cuyo apoyo sería el decisivo para recuperar las medidas. Sin cambios entre los de Puigdemont, aumentaría la presión para acudir a las urnas pero las últimas horas le dan un balón de oxígeno para retener el balón y poner las urnas sí pero no exáctamente en noviembre sino a principios de 2027.

Esperar y no hacer un adelanto electoral se justificaría con que convocar ya cerraría esa posibilidad de negociación y, además, trasladaría a la campaña una demanda que sigue sin respuesta y que concluida en precario puede acabar volviéndose contra el Gobierno.

La negociación sigue abierta

Hay tres posiciones públicas conocidas a lo largo del sábado que permiten sostener la hipótesis de otro intento de negociación antes de un adelanto. De un lado, Aina Vidal, portavoz adjunta de Sumar en el Congreso, defendió el sábado en el programa Parlamento, de RNE, volver a llevar las medidas a la Cámara. También reconoció que el Gobierno había llegado tarde y señaló las dificultades de actuar sin una mayoría suficiente.

La portavoz del PSOE, Montse Mínguez, aseguró en RAC1 que su partido seguía dispuesto a negociar. Introdujo, sin embargo, una precisión relevante: dijo desconocer si había conversaciones en marcha con Junts. Finalmente, desde Junts, Jordi Turull ofreció negociar soluciones y retó a Sánchez a convocar si optaba por el electoralismo. De otro lado, en contra de esta hipótesis estaba Míriam Nogueras, en Catalunya Ràdio, que acusó al presidente de actuar "más en clave electoral" y defendió la propuesta de su partido y, por lo tanto, de aguantar el pulso del adelanto electoral.

Es decir, las posiciones siguen alejadas, pero sigue habiendo partido. Sánchez todavía puede mover el balón antes de lanzar: presentar otra iniciativa y exigir a cada grupo que se pronuncie sobre un texto concreto.

El beneficio potencial sería doble. Si consiguiera apoyos, podría mostrar un resultado después de la derrota. Si volviera a perder, tendría un argumento adicional para defender que ha intentado responder a la protesta antes de pedir una nueva mayoría. 

La opción de los Presupuestos

Algunos expertos consultados por DEMÓCRATA llegan más allá y plantean que lo que podríamos ver el lunes es un hilado fino del relato de Sánchez hasta el momento.

Por ejemplo, que anuncie un proyecto de Presupuestos con medidas de vivienda y lo lleve al Congreso. Si lo hiciera el martes, podría prolongar la negociación y desplazar las elecciones hacia 2027, aunque presentar las cuentas no retrase por sí solo las urnas. Si después no consiguiera aprobarlas, tendría otro argumento para convocar.

Así mantendría la advertencia que dirigió a los partidos en el hemiciclo: "La historia les juzgará antes de lo que creen y con más contundencia de la que imaginan", sin inmolarse de manera inmediata en noviembre y mantendría su posición original: las elecciones generales serían en 2027.

Un adelanto que puede darse, pero que no le viene bien

El argumento para adelantar existe. La vivienda permite al PSOE disputar la conversación política en unas condiciones diferentes a las de las semanas dominadas por Ceuta. La indignación tras el rechazo de los decretos puede movilizar a electores que se habían distanciado del Gobierno. La duda es cuánto duraría ese efecto y a quién beneficiaría.

Y es que por mucho que pueda beneficiar al PSOE o trasvasar voto del PP hacia Vox lo cierto es que mejorar las perspectivas del PSOE no garantiza conservar el Ejecutivo. Tanto que algunas voces son partidarias de negociar una protección más limitada frente a los desahucios antes de acudir a elecciones: esto es, intentar acercarse a Junts antes de ir a las urnas.

Para quienes recelan del adelanto, convocar las elecciones se acerca a la inmolación política: la recopilación de encuestas publicada por DEMÓCRATA este sábado sitúa al PP por delante y a la suma de PP y Vox alrededor del 51% del voto. Cataluña aparece como el bastión socialista más claro. El conjunto dibuja un escenario muy adverso para que el PSOE vuelva a gobernar.

Un adelanto que tampoco garantiza salvar a los alcaldes 

El calendario de Sánchez también afecta a los alcaldes y candidatos socialistas que se examinarán en mayo de 2027. Entre los argumentos favorables a unas generales en noviembre aparece la posibilidad de separar ambas citas: resolver primero la batalla nacional y disponer después de unos meses para recomponer el partido y preparar las municipales. Algunas de las voces territoriales favorables al adelanto lo consideran una "oportunidad difícil de repetir".

Ese cálculo tiene una debilidad. Una derrota en noviembre podría dejar a los candidatos municipales con apenas seis meses para recuperarse, un partido pendiente de su dirección nacional y enfrente un posible Gobierno recién estrenado de PP y Vox, más en fase de luna de miel que de enfrentamiento. La reconstrucción que promete el adelanto dependería de la magnitud del resultado socialista y de cómo lo administrase el PSOE y separar las fechas no asegura separar sus consecuencias.

El recuerdo de 2011 introduce otra incógnita para los alcaldes. Aquel año, el PSOE sufrió el desplome municipal y autonómico del 22 de mayo antes de que Rajoy obtuviera 186 diputados en las generales del 20 de noviembre. Ahora, unas generales en noviembre invertirían la secuencia.

El precedente sí acredita que el desgaste nacional puede alcanzar a los ayuntamientos; no demuestra que anticipar las generales vaya a protegerlos, sobre todo porque dependerá de la actitud de PP y Vox a la hora de negociar gobierno si ganaran en las urnas. Con las municipales y autonómicas a pocos meses, ambos podrían beneficiarse de una negociación rápida que presentase el cambio de Gobierno como una operación estable y desmovilizara al votante progresista.

Una disputa prolongada por los ministerios daría al PSOE argumentos para movilizarse antes de mayo. Un acuerdo ágil permitiría a sus candidatos territoriales concurrir con el impulso de la victoria nacional y por lo tanto, recuperar el poder municipal y territorial que les falta. Lo lógico es que Feijóo y Abascal opten por esto último y esperen a junio para marcar diferencias entre ellos.

"Nada" a la izquierda

Sánchez, además de sus propios números, tiene la dificultad adicional de que no tiene nada con qué sumar -literalmente-. Se la advirtió además Rufián el viernes al reclamar "cabeza fría" a Moncloa: "no tienen nada a su izquierda para poder sumar".

Le queda apurar la posesión y buscar un tiro menos forzado. El trasvase de votantes del PP hacia Vox ofrece un alivio limitado: si continuara mientras retrasa la convocatoria, podría contener el crecimiento de Feijóo e incluso dejarlo por debajo del 23J, como apuntan algunas encuestas. Eso permitiría al PSOE competir por la primera posición sin que se redujera necesariamente la fuerza conjunta de las derechas: esto es, una amarga victoria, similar a la de Feijóo en 2023.

Con todo, las señales de que el adelanto electoral es posible están ahí. Los partidos integrados en Sumar tienen prevista para este domingo una reunión sobre su preparación electoral. La candidatura y la relación con Podemos siguen siendo cuestiones pendientes. Acelerar la convocatoria reduciría el tiempo disponible para resolverlas.

También hay análisis demoscópicos que enfrían la hipótesis de unas elecciones inmediatas. Narciso Michavila, presidente de GAD3, considera improbable un adelanto este año y apunta a después de las municipales de 2027, según su valoración en ABC.

"Capitalizar la solución o convocar"

De vuelta a la vivienda, todavía queda margen para otro intento. Si Sánchez optara por prolongar la negociación, las elecciones podrían desplazarse a comienzos de 2027, con enero o febrero entre los escenarios posibles. Antes tendría margen para recuperar parte de las medidas y acercarse a quienes han impulsado las protestas.

Entre unas elecciones en noviembre y otras en enero o febrero hay tiempo para muchas más jugadas: acercarse a los acampados, escuchar a las organizaciones y volver a presentar medidas que obliguen a los grupos a pronunciarse. Cada paso le daría una ocasión para hablar de vivienda con el argumento de que sigue intentando sacar adelante soluciones.

Hay mucho recorrido de comunicación política ahí como para consumirlo en los 54 días hasta las urnas, que puede pasar por ponerse el foco junto al Sindicato de Inquilinas y a la propia Maricarmen, la mujer cuyo desahucio desencadenó esta nueva fase de movilizaciones, permitiría al presidente escenificar ese acercamiento.

Ese puede ser el incentivo final para no adelantar a noviembre: aprovechar durante unos meses una movilización que no controla, pero que podría ayudarle a recuperar la iniciativa. 

El riesgo de que la espera se vuelva contra Sánchez

Ganar tiempo tiene un coste si no produce avances. Nogueras ya ha situado la acusación de electoralismo en el centro de su respuesta. Una nueva ronda sin cambios podría reforzar ese reproche y alimentar la frustración de quienes se han manifestado. Haber optado de nuevo por "reflexionar" y luego anunciar algo sobre el vacío, con nueva derrota parlamentaria incluida podría, además, reabrir el debate sobre la continuidad de Sánchez al frente del PSOE.

El PP también ha aprovechado la espera. Durante el sábado, dirigentes territoriales populares han difundido vídeos reclamando elecciones. Si Sánchez convoca, podrán apuntarse el tanto de haberlo presionado; si continúa, insistirán en que todo era un amago. Los populares no conceden credibilidad a esa reflexión y han tenido el fin de semana para preparar su respuesta. Parte del efecto sorpresa ya se ha perdido.

Las señales apuntan a un nuevo intento antes de las urnas. Pero la decisión sigue en la cabeza de Pedro Sánchez. Tiene el balón, está mirando a la canasta y habrá que ver qué tiro elige.