Hubo un tiempo en que ejercer en el ámbito de los asuntos públicos era un oficio que se aprendía «observando y copiando a nuestros mayores», asegura Esteban González Guitart. El fundador y director de AP institute, un centro especializado en la formación y profesionalización de los asuntos públicos, explica a DEMÓCRATA cómo la irrupción de la IA y el creciente peso de Bruselas están transformando un sector en el que las empresas buscan perfiles cada vez más especializados. Frente a esa evolución, advierte de una asignatura que España aún tiene pendiente: la regulación de los lobbies, justo cuando el Congreso aborda la convalidación del real decreto-ley aprobado por el Gobierno.
Pregunta - ¿Por qué hacía falta un instituto especializado en asuntos públicos en España?
Respuesta - Durante muchos años quienes hemos formado parte de la profesión de los asuntos públicos procedíamos de disciplinas muy diversas y aprendíamos el oficio casi como los artesanos o los alquimistas, observando y copiando a nuestros mayores. Sin embargo, yo creo que el auge del sector y sobre todo, en mi opinión, la llegada de grandes actores como las consultoras internacionales o las grandes empresas del IBEX han hecho que ya no baste como ocurría antes con el tender de política.
Hoy en día, los consultores tenemos que saber leer las normas como si fuéramos abogados, manejar grandes volúmenes de datos como si fuéramos sociólogos, comunicar tanto en público y en privado y construir argumentos técnicos que estén sustentados en la evidencia y en un conocimiento profundo de la materia. Y esto implica comprender el negocio de nuestros clientes.Por tanto, los profesionales nos hemos cualificado, ya no basta simplemente con observar lo que hacían las personas que nos precedieron. Y a ello además se suma la dimensión geopolítica y tecnológica que creo que de manera transversal ha transformado prácticamente todas las profesiones. Todo esto nos llevó a concluir que hacía falta una formación específica que estuviese adaptada a esta nueva forma de ejercer los asuntos públicos.
P- ¿Cómo le explicaría a alguien ajeno a este mundo qué es exactamente un profesional de asuntos públicos y qué diferencia su trabajo del lobby?
R- Los asuntos públicos son una profesión muy amplia que, a mí me gusta definir, consiste en tratar de alinear el interés legítimo de una organización o de un grupo de personas con el interés general. Y para ello tenemos que hacer muchas cosas: monitorizamos políticas públicas, analizamos la regulación y sus posibles consecuencias para nuestra organización o nuestros clientes, identificamos los actores implicados, construimos argumentarios y trasladamos a los reguladores las preocupaciones y propuestas ante una norma en proceso de elaboración.
Por ejemplo, imaginemos una asociación de familias de personas con discapacidad ante una reforma de las ayudas a la dependencia. Nuestro trabajo comenzaría mucho antes: seguiríamos la evolución de la norma, analizaríamos cómo puede afectar a las familias y a las personas dependientes, recogeríamos datos sobre sus necesidades, compararíamos distintos modelos de atención en otros países y elaboraríamos propuestas concretas para mejorar la regulación.
Solo en un momento posterior se produciría una reunión con el regulador para trasladarle esas conclusiones y propuestas. Ese momento de interlocución directa es lo que llamamos lobby. El lobby está integrado dentro de los asuntos públicos y, aunque representa solo una parte de la profesión, es una parte necesaria. Los asuntos públicos son más que el lobby, pero sin lobby no hay asuntos públicos.
P - ¿Y qué perfiles buscan actualmente las empresas para sus departamentos de asuntos públicos?
R- Cuando yo empecé, bastaba con que la persona proviniese de la política o tuviese la cabeza bien amueblada. Ahora ya eso no es suficiente. En los más jóvenes se valora, y esto es curioso, que sean nativos en inteligencia artificial. Si no se manejan en inteligencia artificial (IA) y no lo demuestran en la entrevista o en el proceso, no suelen obtener el puesto al que están optando. Eso es lo que nosotros estamos viendo desde el instituto.
También se valora que tengan idiomas, aunque esto ya es una commodity, y que tengan pasión por la política. No tanto que sepan de política, sino que se note que son apasionados de la política, porque al final es un trabajo muy intenso en este sentido. Y, sobre todo, capacidad para comunicar.
Si los jóvenes no demuestran que se manejan en IA, no suelen obtener el puesto
En los perfiles más senior se buscan profesionales dinámicos, con capacidad para analizar datos, que sepan comunicar bien y, sobre todo, y este es un cambio que detecto en los últimos años, que comprendan el negocio de los clientes.
Antes bastaba con que fueras un gurú de la política, de estos que conocemos todos, que supiera cuándo se van a producir unas elecciones, cuándo se va a aprobar una regulación o que supiera leer muy bien la aritmética parlamentaria. Ahora, cada vez más, tanto empresas como consultoras exigen que los profesionales que se incorporan a sus organizaciones sepan hablar el lenguaje de la empresa. Esto es una novedad.
P- Mencionaba la IA, ¿cómo diría que está cambiando esta herramienta el seguimiento político y regulatorio?
R- Es el gran reto de las consultoras durante los próximos cinco o diez años, porque está cambiando absolutamente todo. Durante muchos años, una parte relevante del valor de los servicios de asuntos públicos consistía en monitorizar boletines oficiales, actividad parlamentaria, consultas públicas, agendas institucionales o documentación regulatoria y detectar rápidamente cualquier novedad relevante para la organización.
La IA permite automatizar una parte enorme de este trabajo: organizar información, comparar textos, resumir documentos y clasificar una enorme cantidad de contenido en muy poco tiempo. Eso hace que este servicio, que era una parte importante de lo que las consultoras ofrecían a sus clientes, se haya convertido en una commodity.
Por tanto, y hablando específicamente de las consultoras, que es a quienes más nos afecta, creo que vamos a tener que ser muy imaginativos para seguir proporcionando valor añadido a nuestros clientes.
P- El Congreso aborda este miércoles la convalidación o derogación del real decreto-ley sobre lobbies, y no pinta bien para el Gobierno ¿han avanzado al mismo ritmo la profesionalización de los asuntos públicos y su regulación? ¿En qué punto cree que se encuentra el sector en cada uno de estos ámbitos?
R- En profesionalización hemos avanzado muchísimo. Hoy tenemos departamentos internos en empresas mucho más consolidados, consultoras especializadas en asuntos públicos y, dentro de los asuntos públicos, especializadas en sectores. Tenemos asociaciones profesionales, investigación académica, que lideramos nosotros desde la Universidad de Nebrija, y formación específicamente orientada a asuntos públicos, que ha proliferado en distintas instituciones.
La regulación, en cambio, es la gran tarea pendiente en España porque ha avanzado bastante más despacio. Llevamos muchos años debatiendo sobre la necesidad de contar con un marco estatal y, además, es un debate un poco ficticio, porque todos estamos de acuerdo en que la regulación es necesaria y tiene que haberla, pero no se lleva nunca a término.
Yo diría que ha habido dos velocidades: por un lado, la profesionalización, que ha avanzado al ritmo de los países de nuestro entorno; y, por otro, la regulación, donde seguimos teniendo una gran tarea pendiente, que es básicamente su aprobación.
La profesionalización ha avanzado; la regulación sigue siendo la gran tarea pendiente
P- ¿Y cómo valoran el texto aprobado del Gobierno que parece no va a ser convalidado por el Congreso? ¿Les parecía suficiente?
R- Siempre valoraremos positivamente que nuestra actividad profesional cuente con una regulación clara y adecuada. No obstante, considero que en determinados aspectos el Proyecto de Ley ofrecía un equilibrio más acertado que el real decreto-ley. En las obligaciones de la nueva regulación será importante garantizar que no se desincentiva la participación de la ciudadanía en los asuntos públicos.
P- Y saltando al marco comunitario ¿se puede trabajar hoy en asuntos públicos sin entender cómo se decide en Bruselas?
R - No. En muchos sectores, por no decir en todos, cuando una cuestión llega a Madrid, una parte importante de las decisiones sustantivas ya se ha tomado en Bruselas. Si empezamos a trabajar cuando las cosas llegan a Madrid, estamos llegando varios años tarde.
Empresas de otros países, y están los datos del Registro de Transparencia para demostrarlo, invierten muchos más recursos que las nuestras en estar en la Unión Europea. Esto afecta a la regulación, pero también a la captación de fondos europeos y, en última instancia, a la competitividad de nuestras empresas. Creo que los profesionales de asuntos públicos tenemos una responsabilidad social, por así decirlo, de concienciar a nuestras empresas acerca de la importancia de estar allí.
P- De cara al nuevo curso, ¿cuáles son vuestros principales objetivos y qué deberes os habéis puesto en el AP institute?
R- Queremos contribuir a la profesionalización del sector, poner nuestro grano de arena y formar a más estudiantes. Estamos detectando que gran parte de las personas que apuestan por nuestra formación es gente que siempre ha tenido pulsión por la política, pero no veía en la política en sí misma una salida profesional. Ahora los asuntos públicos ofrecen a gente que se dedica a la abogacía, las finanzas, etc., la posibilidad de seguir trabajando en el mundo de la empresa al tiempo que atienden esa vocación política.
También estamos muy comprometidos con un reto que nos parece muy bonito: formar a jóvenes que se gradúan en carreras que históricamente han tenido altas tasas de precarización y desempleo, como Ciencias Políticas, Sociología o Relaciones Internacionales.
Queremos decirles que existe a día de hoy una salida profesional, los asuntos públicos, que les permite dedicarse a la política, que al final es lo que les gusta y para lo que han estudiado, sin renunciar a poder adquisitivo, porque los salarios son muy competitivos, y con un empleo de calidad, que básicamente es poder trabajar en lo que has estudiado. Esos son nuestros retos para el próximo curso.
P- Para terminar, ¿qué recomendaría a un joven que quiere hacer carrera en asuntos públicos y no sabe por dónde empezar?
R- Muy directo: que lea los periódicos, todos los periódicos y todos los días, y que, en la medida de lo posible, aprenda a comunicar. El tiempo de los representantes institucionales es limitado y su atención todavía lo es más.