El Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos (DHS, por sus siglas en inglés) ha negado este domingo que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) cometa torturas o deniegue atención sanitaria en sus centros, después de la difusión de un reportaje del diario 'The New York Times' con testimonios de varios migrantes detenidos que denuncian agresiones y malos tratos, informaciones que la propia cartera ha calificado de “bulo”.
“Nadie está siendo torturado, ni se le niega atención médica, ni recibe palizas en los centros de detención del ICE”, ha asegurado la cartera en una publicación en redes en la cual ha tachado al reportaje de “bulo”, agregando que “los medios de comunicación están desesperados por que estas acusaciones falsas sean ciertas”.
Frente a las acusaciones, Seguridad Nacional ha denunciado un aumento de ataques contra sus agentes, que vincula directamente a la difusión de informaciones periodísticas sobre el trato a los migrantes bajo custodia del ICE. “Este tipo de basura que difunden los medios de comunicación está alimentando el aumento de más del 1.300% en agresiones contra nuestros agentes”, ha replicado la cartera dirigida por Markwayne Mullin.
Con estas declaraciones, el Departamento responde a las acusaciones recogidas en el reportaje de 'The New York Times', que incluye entrevistas con diez migrantes expulsados de Estados Unidos en el primer vuelo de deportación a Liberia, país al que la Administración de Donald Trump tiene previsto trasladar a un total de 1.200 personas detenidas por el ICE.
Según detalla el citado diario, los diez entrevistados aseguraron haber sufrido o presenciado lo que describen como un trato abusivo o violento por parte de funcionarios del ICE, tanto durante el proceso de deportación como mientras permanecían bajo custodia en territorio estadounidense.
El acuerdo con Liberia figura entre los convenios más relevantes firmados en los últimos meses por el Gobierno de Trump para trasladar a migrantes irregulares a terceros países, en muchos casos muy alejados del continente americano y, en varios supuestos, situados en África, sin tener en cuenta la existencia de lazos personales entre los deportados y los Estados de destino.
Las autoridades estadounidenses sostienen, por su parte, que únicamente son enviados a terceros países aquellos deportados que no pueden regresar a sus lugares de origen o que se niegan a hacerlo.