La crisis de Ceuta ha devuelto al Centro Nacional de Inteligencia (CNI) al centro de la actividad parlamentaria mientras permanece bloqueada en el Congreso una reforma que pretende modificar algunos de los pilares de su funcionamiento. La iniciativa del PNV, presentada originalmente al calor del caso Pegasus, plantea reformar las dos normas que desde hace más de dos décadas constituyen el armazón jurídico del servicio de inteligencia: la Ley 11/2002, reguladora del CNI, y la Ley Orgánica 2/2002, que establece su control judicial previo.
El Congreso aceptó tramitarla en septiembre de 2024 por 177 votos a favor y 170 en contra. Casi dos años después, el texto permanece en la Comisión de Defensa y sigue acumulando ampliaciones del plazo de presentación de enmiendas.
Qué propone la reforma
Uno de los cambios centrales afecta a la responsabilidad política sobre el CNI. El Grupo Vasco propone que el máximo responsable del Centro sea nombrado y cesado directamente por el presidente del Gobierno.
El PNV pretende así establecer una vinculación más directa entre la dirección de los servicios de inteligencia y el jefe del Ejecutivo. Durante la toma en consideración, Mikel Legarda resumió la filosofía de la modificación desde la tribuna: “En un Estado democrático el presidente del Gobierno no puede desentenderse como dogma de las decisiones operativas de los servicios secretos”.
El planteamiento generó uno de los principales choques durante aquel debate. Vox consideró “un despropósito monumental” atribuir al presidente esa competencia exclusiva y advirtió de que podría comprometer el carácter “profesional, técnico e independiente” que, a su juicio, debe preservar el Centro.
El segundo pilar de la reforma pasa por reforzar el control parlamentario sobre las actividades del CNI. La proposición pone el foco en la Comisión de control de los créditos destinados a gastos reservados, conocida habitualmente como Comisión de Gastos Reservados o de Secretos Oficiales, ante la que comparece la dirección del Centro.
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La reforma del marco normativo del CNI propuesta por el PNV supera la toma en consideración en el Congreso
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Los nacionalistas quieren que sus integrantes puedan conocer con menos restricciones determinados aspectos operativos, actuaciones y medios utilizados por los servicios de inteligencia cuando estos adquieren una especial relevancia pública.
Se trata de buscar, según defendió Legarda hace más de un año, un equilibrio entre dos exigencias. “Compartimos que la discreción y la reserva son principios de la actuación de los servicios de inteligencia”, afirmó durante el debate, pero estos principios deben compatibilizarse con “la protección de los derechos fundamentales y la existencia de controles externos e internos”.
Más detalles
El tercer gran cambio afecta al control judicial previo del CNI. Actualmente, determinadas actuaciones que afectan a derechos fundamentales necesitan autorización judicial previa de un magistrado del Tribunal Supremo. La proposición plantea sustituir este sistema por un órgano colegiado formado por tres magistrados, que debería decidir por unanimidad sobre la concesión de las autorizaciones y conocer previamente los medios que pretende emplear el Centro.
Este punto tampoco consiguió el consenso de los grupos durante su primer debate. El PP cuestionó que la intervención de tres magistrados pudiera restar eficacia al funcionamiento del servicio, mientras otras formaciones que respaldaron la tramitación reclamaron controles todavía más intensos.
¿Legislación anticuada?
Detrás de la iniciativa existe también una cuestión temporal. Las dos normas que el PNV quiere modificar fueron aprobadas en 2002, durante el Gobierno de José María Aznar, y desde entonces el escenario tecnológico y geopolítico en el que operan los servicios de inteligencia ha cambiado profundamente. El propio Pedro Sánchez anunció en mayo de 2022 su intención de actualizar la normativa del CNI después de la crisis provocada por Pegasus y avanzar también hacia una nueva regulación de la información clasificada.
La toma en consideración salió adelante con el respaldo de PSOE, Sumar, ERC, Junts, EH Bildu, PNV, Podemos, BNG y Coalición Canaria. PP, Vox y UPN votaron en contra.La proposición fue remitida a la Comisión de Defensa, pero continúa en fase de presentación de enmiendas. El plazo se ha prorrogado sucesivamente y, a día de hoy, está abierto hasta el 16 de septiembre.
La norma ha permanecido desde entonces en el "congelador" tal como advirtió el popular Rafael Hernando: “Todos sabemos dónde se quedan las proposiciones de ley que se toman en consideración (...): en la nevera. En este caso, en el congelador, señor Legarda”, afirmó.
Ceuta vuelve a abrir el debate
La crisis de Ceuta ha abierto ahora un frente diferente al que dio origen a la reforma del PNV. Lo que está bajo cuestión es el sistema de alertas del CNI: cómo se transmite la información que obtiene el Centro, a qué órganos de la Administración se comunica y qué recorrido deben seguir los avisos cuando pueden afectar a la Seguridad Nacional. Las comunicaciones desclasificadas sobre los días previos a la entrada masiva en la Ciudad Autónoma han llevado a varios grupos a reclamar explicaciones sobre el funcionamiento de esa cadena de información.
Entre las iniciativas registradas figura la petición de convocar la Comisión de Secretos Oficiales, para que la directora del CNI dé cuenta de los avisos previos y de la información trasladada al Gobierno.