La variabilidad climática del Atlántico permitiría prever brotes de leishmaniasis en el norte de África, según un estudio

Un estudio de ISGlobal vincula la variabilidad climática del Atlántico con la predicción, hasta un año antes, de brotes de leishmaniasis en el norte de África.

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El Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) ha encabezado una investigación que concluye que los cambios en el clima del océano Atlántico pueden servir para anticipar, con varios meses de margen, los brotes de leishmaniasis cutánea en el norte de África.

Para desarrollar este trabajo, el centro impulsado por la Fundación “la Caixa” ha colaborado con especialistas del Institut Pasteur de Túnez, Marruecos y Francia. El objetivo ha sido analizar esta relación entre clima y enfermedad para perfeccionar la capacidad de predicción de los brotes en esta zona geográfica.

El equipo científico ha determinado que ciertos patrones climáticos que modifican el régimen de lluvias en la región influyen, en diferentes escalas temporales, en la transmisión de la leishmaniasis. Gracias a ello, han logrado diseñar un sistema de predicción estacional capaz de anticipar la aparición de brotes con hasta un año de adelanto. Se trata de una patología parasitaria que se transmite mediante la picadura de flebótomos, pequeños insectos conocidos como moscas de la arena.

“Aunque generalmente no pone en peligro la vida, provoca lesiones y úlceras en la piel que pueden persistir durante meses o años y dejar cicatrices permanentes, con un importante impacto físico, psicológico y social”, han indicado, al tiempo que recuerdan que “cada año se estima alrededor de un millón de nuevos casos en el mundo, especialmente en la cuenca mediterránea, Oriente Medio, Asia Central y América”.

Hasta ahora, los sistemas de alerta temprana para enfermedades condicionadas por el clima se habían desarrollado sobre todo en áreas tropicales, donde fenómenos como “El Niño” permiten elaborar pronósticos con varios meses de antelación. “En las regiones templadas, en cambio, la atmósfera se consideraba mucho menos predecible, lo que dificultaba la elaboración de herramientas similares para enfermedades transmitidas por vectores”, han señalado.

El estudio, publicado en la revista ‘Science Advances’, demuestra que esta limitación puede superarse si se incorporan dos grandes patrones de variabilidad climática del Atlántico: la “Oscilación del Atlántico Norte” (NAO, por sus siglas en inglés) y la “Variabilidad Multidecadal del Atlántico” (AMV, también por sus siglas en inglés).

Influencia de las precipitaciones y del desierto

Los autores explican que la NAO es un fenómeno atmosférico que regula los vientos sobre el Atlántico e incide en las lluvias invernales de Europa y el norte de África, mientras que la AMV describe cambios lentos en la temperatura superficial del océano que se prolongan durante años o décadas. “Los resultados del estudio muestran que la interacción entre ambos patrones modula las precipitaciones en el norte de África y, de forma indirecta, condiciona la evolución de la leishmaniasis”, han precisado.

Las variaciones en la temperatura de la superficie atlántica alteran la circulación atmosférica y los vientos que transportan humedad hacia el norte de África, lo que repercute en las precipitaciones. Estas lluvias regulan el desarrollo de la vegetación en los ecosistemas desérticos y, con ello, las poblaciones de roedores que actúan como reservorios del parásito.

“Como la leishmaniasis cutánea depende estrechamente de esta cadena de procesos, su aparición también puede predecirse a partir de las señales climáticas del Atlántico”, han resumido. El investigador de ISGlobal y primer firmante del trabajo, Adrià San-José, ha subrayado que “el desierto actúa como un filtro natural que deja al descubierto la memoria climática del Atlántico”.

A su juicio, y “al estar influido por menos procesos climáticos”, el desierto “permite aislar con mucha más claridad la señal del Atlántico en los patrones de lluvia”. “Gracias a ello, identificamos una región donde la lluvia es sorprendentemente predecible, los desiertos de Túnez y Marruecos, y demostramos que esa predictibilidad también se transfiere a una enfermedad infecciosa”, ha destacado.

Con toda esta información, el equipo desarrolló un modelo dinámico que simula la transmisión del parásito entre humanos, flebótomos y roedores. La herramienta integra temperatura y precipitación locales con datos atmosféricos y del Atlántico, lo que permite prever la aparición y la intensidad de los brotes de Leishmania major y Leishmania tropica en Marruecos y Túnez con hasta 12 meses de antelación.

“Se pensaba que este tipo de predicciones solo eran posibles en los trópicos”, ha reiterado el investigador ICREA de ISGlobal y autor sénior del estudio, Xavier Rodó, quien ha añadido que “lo sorprendente” es que se ha hallado “una fuente de predictibilidad también en una región templada” y se ha incorporado en un modelo listo para su uso operativo.

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