Un nuevo consenso aboga por adaptar los estudios de trombofilia en mujeres con problemas reproductivos

Siete sociedades científicas fijan 145 recomendaciones para personalizar estudios de trombofilia y tratamiento en mujeres con problemas reproductivos.

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Siete sociedades científicas han dado a conocer este martes un documento de consenso en el que se propone valorar de forma individualizada la conveniencia de solicitar estudios de trombofilia e iniciar tratamiento antitrombótico cuando una mujer presenta dificultades de fertilidad o complicaciones durante la gestación.

En la elaboración de este texto han participado la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH), la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), la Sociedad Española de Contracepción (SEC), la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), la Sociedad Española de Fertilidad (SEF) y la Asociación para el Estudio de la Medicina Vascular en España (ASEMEVE).

El documento “El papel de la terapia antitrombótica y la trombofilia en mujeres con problemas reproductivos, complicaciones vasculares gestacionales y trombosis” pretende aclarar la gran variabilidad existente tanto en la práctica clínica como en la literatura científica respecto al manejo del riesgo trombótico femenino a lo largo de toda su etapa fértil.

“La mujer tiene un riesgo de trombosis durante toda su vida reproductiva. Primero, a la hora de elegir el anticonceptivo que va a recibir, toda la terapia hormonal, todas las técnicas de reproducción asistida el embarazo, el parto, el puerperio”, ha advertido la presidenta de la SEHH y jefa de Sección de Trombosis y Hemostasia del Hospital Universitario La Paz, María Teresa Álvarez.

El consenso recoge en cinco capítulos un total de 145 recomendaciones. Según ha señalado Olga Gavín, su principal aportación en la práctica diaria se sitúa en el ámbito de la atención especializada, al facilitar un circuito más coordinado y evitar que las pacientes deban acudir a múltiples consultas de diferentes disciplinas, con el consiguiente riesgo de recibir mensajes clínicos dispares.

De acuerdo con Gavín, este enfoque también permitirá reducir la solicitud de pruebas que no aportan valor y limitar el sobretratamiento cuando no exista evidencia sólida que lo justifique, con el consiguiente impacto positivo en la utilización de recursos del sistema sanitario.

“Las mujeres vienen muchísimas veces con una etiqueta de una trombofilia que no lo es o que se les ha dicho que esa es la causa de sus abortos o de sus fallos de implantación o de su esterilidad o de su complicación vascular gestacional”, ha señalado, insistiendo en que no se deben pedir estudios de trombofilia de forma indiscriminada sin haber revisado antes la historia clínica y los antecedentes.

“No es decir que no vamos a pedir trombofilia hereditaria, por supuesto que no, porque en algunos casos sí que nos puede ayudar, pero sí hacer la solicitud de la prueba que sea más adecuada para esa paciente en ese momento y que, además, le podrá dar una solución o un tratamiento antitrombótico”, ha explicado.

La jefa de Sección de Obstetricia Médica del Servicio de Obstetricia y Ginecología del Hospital Universitario La Paz, María de la Calle, ha alertado asimismo sobre el uso excesivo de heparina en gestantes con sospecha de riesgo trombótico. “Creo que estamos exagerando con todas las pruebas diagnósticas que estamos pidiendo a nuestras embarazadas y, luego, sobretratando por una mala interpretación de esos resultados. Y la evidencia no respalda este tratamiento para todas”, ha subrayado.

Valoración del riesgo trombótico antes de pautar anticonceptivos

Otro de los puntos clave del consenso es la necesidad de que los profesionales realicen una evaluación estructurada del riesgo trombótico antes de prescribir anticonceptivos hormonales, con el fin de determinar si son adecuados y, en su caso, cuál es la opción más segura.

“No a toda mujer que vaya a tomar anticonceptivos hormonales hay que hacerle pruebas de trombofilia, a menos que haya tenido un antecedente trombótico (...), pero lo que sí que hay que hacer es una valoración del riesgo trombótico de esa mujer, cuál es su índice de masa corporal, si fuma, los antecedentes familiares”, ha explicado De la Calle.

En la misma línea, Olga Gavín ha recalcado la importancia de informar a la mujer sobre los riesgos para que pueda identificar posibles signos de alarma, pero ha querido transmitir un mensaje de calma al recordar que la incidencia de episodios trombóticos asociados al uso de anticonceptivos es “bajísima”.

Respecto a las manifestaciones que deben hacer sospechar un posible evento trombótico, la hematóloga ha descrito el dolor e hinchazón de aparición brusca sin causa aparente; la sensación de cansancio intenso o dificultad respiratoria; la cefalea persistente que no mejora con analgésicos y, en situaciones más graves, el síncope.

El jefe de la Unidad de Hemostasia y Trombosis del Hospital Universitario y Politécnico La Fe, Santiago Bonanad, ha señalado que, si una persona que utiliza anticonceptivos sufre una trombosis, se debe investigar la presencia de otros factores desencadenantes y no atribuir de forma automática el episodio al fármaco, ya que las trombosis son “fenómenos aleatorios”, aunque la suma de factores de riesgo aumente la probabilidad.

En caso de no detectarse factores añadidos, el uso futuro de anticonceptivos con estrógenos quedaría contraindicado, lo que no implica que no puedan valorarse otras alternativas de anticoncepción hormonal, tal y como han precisado los expertos.

“Personalizar, estudiar cuándo hacer todo el estudio de tromofilia, hacerlo si va a cambiar nuestra decisión clínica, prevenir y tratar de acuerdo al riesgo real de cada mujer, individualizar las distintas fases de la vida y trabajar de forma coordinada entre especialidades a lo largo de toda su vida reproductiva”, ha resumido María Teresa Álvarez como los ejes centrales del consenso.