La psicóloga de Blua de Sanitas, María Calle, ha llamado la atención sobre la ansiedad anticipatoria ligada al regreso al trabajo, un estado que surge cuando el cuerpo reacciona ante una situación futura como si ya estuviera ocurriendo.
Habitualmente se analiza la vuelta al trabajo una vez que la persona ya se ha incorporado, aunque en numerosos casos el malestar se inicia antes. En los últimos días de vacaciones pueden aparecer bucles de pensamientos sobre tareas por hacer, dificultad para desconectar, tensión física, mal humor o una sensación de prisa constante sin motivo claro.
En el entorno profesional, este fenómeno no se explica solo por cómo cada individuo maneja sus emociones. La hiperconectividad, la acumulación de correos y mensajes, la ausencia de límites durante el descanso o la previsión de una agenda repleta convierten el retorno en algo difuso. Cuanta menos información real tiene la persona sobre lo que encontrará al volver, más peso gana la interpretación anticipada.
“Cuando alguien pasa los últimos días de vacaciones repasando mentalmente reuniones, correos o conversaciones pendientes, no está resolviendo el problema, está ensayando una amenaza con datos irreales. La ansiedad anticipatoria intenta recuperar sensación de control, pero si se transforma en rumiación reduce justo aquello que las vacaciones deberían facilitar: recuperación emocional y descanso psicológico”, ha explicado Calle.
Esta forma de ansiedad se reconoce porque la anticipación ocupa un espacio excesivo. Un indicador claro es dejar de aprovechar los últimos días libres porque la mente vuelve de manera insistente al trabajo. Suele expresarse mediante pensamientos intrusivos sobre lo pendiente, necesidad de consultar el correo, insomnio o despertares precoces, contracturas, opresión torácica, malestar digestivo o mayor irritabilidad.
También se refleja en la forma de actuar. Hay personas que rehacen mentalmente la vuelta una y otra vez, adelantan tareas sin que sea necesario o evitan hablar del regreso porque les genera inquietud. La cuestión es diferenciar si esa anticipación sirve para organizarse y aporta calma o, por el contrario, altera el estado de ánimo, interfiere en el descanso y genera sensación de peligro antes de que exista una demanda laboral concreta.
“El problema se intensifica cuando las vacaciones no han permitido una desconexión real. Revisar el correo “solo un momento” o responder mensajes fuera de horario mantiene activo el vínculo con la obligación autoimpiesta. La persona no llega a entrar del todo en modo descanso y tampoco se siente preparada para volver”, añade Calle.
Separar hechos de hipótesis para reducir la incertidumbre
En este escenario, los especialistas psicólogos de Sanitas proponen abordar la situación como una “reentrada psicológica”, es decir, una breve transición que no implica trabajar en vacaciones, sino rebajar la incertidumbre sin invadir el tiempo de descanso.
Entre las pautas, recomiendan distinguir entre lo que es un hecho y lo que son suposiciones. Escribir qué se conoce con seguridad sobre la vuelta, qué se está imaginando y cuál sería la primera acción lógica al regresar contribuye a disminuir la sensación de amenaza generalizada.
Asimismo, aconsejan no utilizar la revisión del correo como estrategia para calmarse. Consultar mensajes de manera repetitiva alimenta la ansiedad, ya que introduce nuevas demandas sin capacidad real de respuesta. Si es imprescindible mirar algo, conviene hacerlo en un tramo horario concreto y con un objetivo definido, y solo cuando se trate de una urgencia real.
Otra recomendación es proteger el primer tramo de la reincorporación. Siempre que se pueda, el inicio de la jornada debería dedicarse a ordenar prioridades y separar lo urgente de lo simplemente acumulado. Retomar la actividad con reuniones seguidas desde el primer minuto incrementa la sensación de saturación.
También se sugiere regular el cuerpo antes de intentar discutir con los pensamientos. La respiración diafragmática, la relajación muscular progresiva, un paseo tranquilo o estiramientos suaves ayudan a reducir la activación fisiológica. Si el organismo sigue en modo alerta, razonar sobre el trabajo resulta menos efectivo.
Por último, se considera útil hablar con el equipo sobre las prioridades reales. Aclarar qué necesita respuesta inmediata y qué puede esperar disminuye la ambigüedad, uno de los factores que más alimentan la ansiedad anticipatoria.
“Desde psiquiatría conviene distinguir una reacción adaptativa de un cuadro que requiere valoración clínica. Si la angustia impide dormir durante varios días, aparecen crisis de ansiedad, evitación intensa del trabajo, consumo de alcohol o fármacos para aguantar la vuelta, o el malestar se mantiene más allá de las primeras semanas, es recomendable consultar a un profesional, ya sea presencial o a través de videoconsulta”, ha señala Soraya Bajat, jefa de servicio de Salud Mental del Hospital Universitario Sanitas La Zarzuela.
“El tratamiento no pasa por automedicarse, sino por valorar el origen, la intensidad y la repercusión funcional”, ha finalizado la jefa de servicio de Salud Mental del Hospital Universitario Sanitas La Zarzuela.