La entrada masiva de unas 72.000 personas en Ceuta los días 30 y 31 de julio vuelve a situar el foco sobre la actuación de Marruecos y sobre la información que manejaron los servicios de seguridad españoles antes de la llegada de miles de personas a la ciudad autónoma. Un informe del Centro Nacional de Inmigración y Fronteras (CENIF), remitido a la jueza de la Audiencia Nacional María Tardón, sostiene que los acontecimientos respondieron a un proceso planificado en el que habrían participado miembros de las fuerzas de seguridad marroquíes.
La publicación del contenido de ese documento ha provocado además una nueva reacción del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. El ministro ha pedido al director general de la Policía, Francisco Pardo, que aclare desde cuándo disponía la institución de ese informe y si sus conclusiones son efectivamente las que han trascendido. Marlaska considera especialmente relevante determinar el recorrido de esa información por su posible relación con la seguridad nacional.
La Policía apunta a un proceso organizado
El informe del CENIF, unidad de inteligencia integrada en la Comisaría General de Extranjería y Fronteras, descarta que la entrada fuera exclusivamente consecuencia de un movimiento espontáneo provocado por las mafias o por una convocatoria en redes sociales. La hipótesis recogida en el documento es que la finalidad migratoria habría servido como cobertura de una operación dirigida desde el lado marroquí de la frontera.
La documentación fue remitida a la Audiencia Nacional después de que la jueza María Tardón solicitara información a la Policía Nacional y a la Guardia Civil para determinar si los hechos podían presentar indicios de un delito contra la independencia del Estado.
Uno de los elementos que utiliza el CENIF para sostener la existencia de una planificación previa es el comportamiento posterior de quienes accedieron a Ceuta. Según el informe, alrededor del 90% regresó a Marruecos pocas horas después de entrar en territorio español, un comportamiento que la investigación considera difícilmente compatible con una operación migratoria cuyo objetivo principal fuera permanecer en España.
Alertas previas antes de la entrada masiva
El CENIF había emitido el 29 de julio una alerta sobre el riesgo de una entrada en Ceuta y Melilla prevista para el día siguiente. La comunicación remitida a los puestos fronterizos calificaba como de "riesgo extremo" la posibilidad de accesos ilegales coordinados tanto a nado como mediante el salto de la valla.
La documentación conocida ahora sitúa esas advertencias en el centro de la investigación. La Policía había identificado antes de los hechos un riesgo de entrada masiva y coordinada, mientras que el informe remitido posteriormente a la jueza analiza cómo se desarrolló finalmente la operación.
La cuestión adquiere una nueva dimensión tras la reacción de Marlaska. El ministro ha reclamado al director general de la Policía que determine desde cuándo se encontraba en poder de la institución el informe que atribuye a agentes marroquíes un papel activo en la organización de los accesos.
Gendarmes marroquíes habrían guiado a los grupos
Una de las principales conclusiones del documento es que habría existido un guiado activo por parte de agentes marroquíes. Según la información difundida sobre el informe, gendarmes desplegados en la zona de Castillejos habrían dado instrucciones a los grupos concentrados allí y dirigido el flujo hacia determinados puntos desde los que se producirían los accesos a Ceuta.
El documento también recoge la presencia de personas de paisano que habrían supervisado los movimientos sobre el terreno y transmitido instrucciones a los agentes uniformados. Entre las zonas señaladas aparece el espigón de El Tarajal.
La investigación incorpora además registros gráficos que, según la información publicada, mostrarían a esas personas dando instrucciones a agentes marroquíes. Estos elementos forman parte de las pruebas que tendrá que valorar la Audiencia Nacional.
Tres oleadas con perfiles diferentes
El CENIF analiza también el perfil de las personas que llegaron a Ceuta y distingue tres fases durante los dos días de la entrada masiva. La primera comenzó antes de las 11.00 horas del 30 de julio y estuvo protagonizada principalmente por hombres jóvenes, de entre 15 y 25 años, muchos de ellos equipados con neoprenos, aletas y distintos sistemas de flotación. La mayoría eran ciudadanos marroquíes.
Entre las 11.00 y las 22.00 horas se produjo una segunda oleada, con una mayor presencia de familias, mujeres y niños. En este grupo también comenzaron a incorporarse personas procedentes del África subsahariana y no predominaba el mismo equipamiento utilizado para los desplazamientos por mar.
Desde las 22.00 horas del día 30 y durante el 31 de julio volvió a predominar un perfil similar al de la primera fase, con hombres jóvenes preparados para realizar el trayecto a nado.
La interpretación policial es que esta sucesión habría permitido saturar inicialmente la capacidad de respuesta en la zona de El Tarajal y dificultar posteriormente la contención de otros grupos.
El foco se dirige ahora a la información que recibió Interior
El informe también plantea que los acontecimientos pudieron tener una dimensión de contrainteligencia, al haber generado un cuestionamiento sobre la capacidad de los servicios de inteligencia españoles para anticipar la operación.
Esta hipótesis resulta especialmente relevante porque existían alertas previas. La investigación deberá determinar qué información llegó a los responsables españoles, cuándo la recibieron y qué medidas se adoptaron a partir de esas advertencias.
La cuestión se suma a las explicaciones ofrecidas por Marlaska en el Congreso, donde el ministro aseguró que el CNI había trasladado información sobre el riesgo existente antes de la entrada masiva. Ahora, tras conocerse el contenido del informe del CENIF, Marlaska quiere saber también cuándo tuvo conocimiento la Policía de los datos que apuntan a una posible intervención de agentes marroquíes.
La comparación con la convocatoria del 15 de agosto
El documento establece además una comparación con una segunda convocatoria prevista para el 15 de agosto. Según el CENIF, en aquella ocasión las autoridades marroquíes ejercieron un control mucho mayor sobre la movilización, lo que permitió evitar que se reprodujera el escenario de finales de julio.
La diferencia entre ambos episodios es utilizada por la Policía como otro elemento para sostener que la entrada de los días 30 y 31 de julio no fue un fenómeno espontáneo, sino un proceso cuya organización y ejecución deben ser investigadas.
La Audiencia Nacional y la Fiscalía deberán valorar ahora el contenido del informe y determinar si los hechos descritos presentan relevancia penal. En paralelo, la petición de Marlaska abre otra cuestión: qué sabía la Policía, desde cuándo lo sabía y cuándo llegó esa información al Ministerio del Interior.