Pedro Sánchez abrió la campaña electoral en la misma comparecencia con la que ha anunciado la disolución de las Cortes. Lo hizo al presentar un balance favorable de su gestión y atribuir las dificultades a una oposición que bloquea los avances sociales, antes de pedir una mayoría progresista más amplia y cerrar con el propósito de volver a ganar.
En ese relato, la elección adquiere la forma de una dicotomía entre el bien y el mal, puesto que su Gobierno representa la protección de la mayoría social y sus adversarios encarnan el retroceso de derechos en beneficio de los privilegiados. La apelación al «lado correcto de la historia» convierte así el voto en un dilema moral, porque invita al ciudadano a decidir también qué valores quiere defender.
Este encuadre busca movilizar a una izquierda decepcionada, cuyo malestar por la vivienda podría encontrar una salida electoral. Sánchez intenta transformar el bloqueo parlamentario en una injusticia contra la mayoría y situarse del lado de quienes protestan, aunque hayan cuestionado su gestión. La promesa de completar las reformas pendientes permite presentar una nueva legislatura como reparación de ese agravio.
La vivienda -si es capaz de aguantarla en el centro de la campaña, evitando otros temas, como Ceuta o como los casos judiciales pendientes- le ofrece una posibilidad de recomponer su relación con votantes decepcionados. Pero además está la interpretación de la movilización porque salir a la calle no implica respaldar al Gobierno, sobre todo cuando parte de la protesta denuncia precisamente la insuficiencia de su actuación. La convocatoria apuesta por superar esa distancia, aprovechando una movilización que puede devolver interés político a quienes se habían apartado de él. Para lograrlo, Sánchez tendrá que convencerles de que otra legislatura permitirá hacer lo que esta no ha conseguido, sin pretender que la indignación borre las responsabilidades de su gestión.
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El rechazo de PP, Vox y Junts le permite disputar la responsabilidad por el bloqueo, mientras la Diputación Permanente aparece como el as en la manga de Sánchez. El Gobierno prevé volver a aprobar los decretos de vivienda y someterlos, tras la disolución de las Cortes, a ese órgano, donde dispone de una aritmética más favorable para salvar la protección frente a los desahucios si mantiene los apoyos. La operación permite presentar esas medidas casi como el primer capítulo de su programa electoral y sostener la vivienda como centro de la campaña, aunque seguirá obligado a demostrar que responden a la demanda social.
El momento elegido importa porque, mientras la vivienda ocupa la conversación pública, Sánchez tiene más posibilidades de mantenerla en el centro del debate. Esperar entrañaba el riesgo de que esa demanda perdiera visibilidad y de que Ceuta recuperara protagonismo, favoreciendo el discurso de la derecha. La convocatoria intenta aprovechar el cambio de agenda, aunque los adversarios también decidirán de qué se habla durante la campaña.
La fecha obliga asimismo a organizarse a las fuerzas situadas a su izquierda, cuando Sumar se dispone a presentar su frente y su candidatura el 17 de octubre. La urgencia puede acelerar acuerdos que seguían aplazándose, pero también agravar diferencias que aún no se han resuelto, de modo que la mejora socialista solo servirá para gobernar si el conjunto consigue suficiente representación.
Sánchez ha recuperado capacidad para decidir el curso de los acontecimientos y ha obligado a sus adversarios a someter sus propuestas al juicio de los electores, asumiendo que prolongar la resistencia podía empeorar sus opciones. Ha elegido arriesgarse mientras dispone de una demanda social con la que intentar reconstruir apoyos, aunque siga sin tener asegurada una mayoría. La incertidumbre sigue siendo cuántos de quienes protestan están dispuestos a darle otra oportunidad. Son demasiados cálculos. Veremos si le salen todos.
sobre la firma:
Imma Aguilar Nàcher es consultora y asesora en comunicación política, estrategia electoral, reputación y relaciones institucionales. Fue directora del Gabinete del ministro de Ciencia, Innovación y Universidades. Ha asesorado a gobiernos, partidos, empresas y figuras públicas en España y América Latina, donde ha participado en campañas presidenciales.
También ha sido directora de comunicación y coordinadora de grupos parlamentarios en el Congreso y el Senado. Actualmente es profesora de campañas políticas y comunicación de gobierno en universidades españolas y latinoamericanas. Su trayectoria reúne experiencia institucional al más alto nivel, estrategia electoral, docencia universitaria y una amplia carrera periodística en televisión.