España registra una de las natalidades más bajas de su historia mientras la inmigración impulsa el crecimiento poblacional

El continente europeo lleva años en envejecimiento poblacional. Cada vez más, nacen menos niños y mueren más personas. El único paliativo es, temporalmente, la migración

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Varios migrantes, a 1 de agosto de 2026, en Ceuta (España). Marcos Moreno - Europa Press

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España vive una lenta y constante recesión poblacional. Cada vez nacen menos niños y muere más gente. Resulta evidente el desequilibrio en la estructura poblacional de España, pues paulatinamente la pirámide poblacional se va inviertiendo. 

El Instituto Nacional de Estadística (INE) permite analizar la realidad social de España en este sentido. El organismo dispone información desde 1975, que fue cuando este departamento comenzó a modernizarse. Todos los datos están actualizados hasta 2024.

Tasa de natalidad: la más baja desde que hay registros

La tasa de natalidad es el indicador que permite entender cuántos nacimientos hay por cada 1.000 habitantes en un año determinado. Se calcula utilizando dos indicadores: cantidad poblacional dividido entre el número de nacimientos y multiplicado por 1.000.

Según datos del INE, en 1975 la tasa de natalidad era de 18,7 nacimientos por cada 1.000 habitantes. Como es comunmente sabido, la evolución de los nacimientos en España va en descenso desde hace mucho tiempo, agravada, además, por las distintas crisis económicas que han habido a lo largo de la historia.

Si se continúa observando el histórico de nacimientos, resalta como a partir de 2002 la tasa de natalidad se revitaliza hasta 2008, año a partir del cual alcanza los 11,28 nacimientos por cada 1.000 habitantes y, a partir de entonces, vuelve a decrecer. 

Desde entonces, todo ello ha conducido paulatina, pero progresivamente a una tasa de natalidad de 6,49 nacimientos por cada 1.000 habitantes. 

Tasa de fecundidad: de las más bajas en años

La tasa de fecundidad mide el número medio de hijos por mujer. Se calcula a través de dos indicadores: número de nacimientos dividido entre el número de mujeres en edad fértil y multiplicado por 1.000.

Según el INE, en 1975 la tasa de fecundidad era de 2,77 hijos por mujer, un número razonable según estipulan expertos ya que supera el número de reemplazo, 2,1. Este número, 2,1, es el número de hijos necesarios que debe haber por mujer para garantizar el reemplazo de la población y que no decrezca. 

Sin embargo, la población decrece y ello se refleja también en la tasa de fecundidad, pues lenta, pero progresivamente, esta decreció hasta 1,16 hijos por mujer en 1999, año a partir del cual remontó brevemente.

Una vez llegado 2008, la tasa de fecundidad empezó a decaer hasta la actualidad, 1,1 hijos por mujer. 

El saldo migratorio: de los más altos desde que hay registros

El saldo migratorio es, para algunos países europeos, la guinda del pastel. Gracias a la inmigración, muchos países europeos logran mantener su economía moderna mientras los nativos más jóvenes, por ejemplo, ni estudian ni trabajan.

En cualquier caso, el saldo migratorio es el indicador que permite conocer el número definitivo de migrantes que tiene un país. Se calcula restando el número de inmigrantes con el número de emigrantes dividido entre la cantidad poblacional, en un año determinado. El resultado puede reflejar que un país tenga un saldo migratorio negativo, es decir: que salen más migrantes de los que entran; o saldo migratorio positivo, es decir: que entran más de los que salen.

En el caso de España, los datos registrados fechan a partir de 2008. Según el INE, en dicho año el saldo migratorio era de 310.642 inmigrantes, lo cual significaba que España ingresaba más migrantes de los que remitía. 

El panorama, tan rápida como brevemente, cambió, llegando a un saldo negativo máximo en 2013, con 251.531 emigrantes. A medida que España salía de la crisis económica, volvía a ingresar inmigrantes.

Desde entonces y hasta la actualidad, España cuenta con un saldo migratorio positivo, con 626.268 inmigrantes. 

La realidad social de España

Los datos reflejan diversas conclusiones: 

  1. El continente Europeo ya no es lo que era. A medida que pasa el tiempo, el viejo continente envejece cada vez más, por lo que mantener su estructura económica con la estructura poblacional presente resulta cada vez más complejo. Estos países se caracterizan por tener estructuras sociales con alta tasa de mortalidad y baja tasa de natalidad. Es por ello que se puede entender que cada vez más, los gobiernos europeos decidan retrasar la edad de jubilación. No hay ingresos.
  2. El saldo migratorio positivo es paliativo. Y es que, si bien Europa ingresa numerosas cantidades de inmigrantes cada año, lo cierto es que es un recurso paliativo en términos económicos. La migración no resuelve los problemas estructurales que hay en el país de destino, porque, posteriormente, los hijos de los inmigrantes nacidos en Europa acaban por adoptar las costumbres europeas. Ello significa: baja natalidad. 

A la luz de los resultados, Europa debe hacer un ejercicio de reflexión y remoldear su postura. Ya no únicamente en términos económicos, sino también en términos de derechos humanos y sociales. Muchos de los inmigrantes proceden de países en conflicto, del Sáhara Occidental, como los recién llegados a Ceuta en 2026. 

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