La prevención de la anafilaxia en los centros educativos se ha convertido en una de las principales prioridades de la Asociación Española de Personas con Alergia a Alimentos y Látex (Aepnaa). Su presidente, Ángel Sánchez, en esta entrevista en Demócrata, reclama que todos los colegios dispongan de protocolos para gestionar los alérgenos, formar al personal en el reconocimiento de las reacciones alérgicas graves y garantizar una respuesta inmediata cuando se produzca una emergencia. El objetivo es que la seguridad de los menores no dependa de la comunidad autónoma en la que estudien ni de que sus familias hayan conseguido organizar por su cuenta las medidas necesarias para protegerlos.
La organización considera que la aprobación de una instrucción del Gobierno de Baleares para garantizar la escolarización segura de los alumnos con alergias constituye un avance importante y puede servir de referencia para otras autonomías. La iniciativa refuerza la atención a la anafilaxia dentro del sistema de alerta escolar destinado a niños con patologías crónicas graves y establece medidas para mejorar la capacidad de respuesta de los centros públicos.
"Estamos sinceramente emocionados", afirma Sánchez, que destaca la colaboración entre las consejerías de Educación y Sanidad del Ejecutivo balear y el compromiso político que ha permitido sacar adelante la medida. La asociación espera que esta experiencia facilite la aprobación de una regulación de mayor alcance que pueda extenderse al conjunto del sistema educativo.
La reivindicación parte de una situación que Aepnaa considera difícilmente justificable: una reacción alérgica grave puede aparecer en un colegio y exigir una intervención inmediata, aunque en el centro no haya personal sanitario. En esos casos, disponer de protocolos claros, profesionales formados y medicación accesible puede resultar determinante.
Una respuesta inmediata ante la anafilaxia
La anafilaxia es una reacción alérgica grave, de aparición rápida y potencialmente mortal. Puede desencadenarse por alimentos, picaduras de insectos, medicamentos u otros alérgenos. En el ámbito escolar, la alergia alimentaria plantea dificultades específicas porque los niños comparten espacios, comedores y actividades en los que pueden producirse exposiciones accidentales.
La situación es especialmente delicada en los menores de corta edad. Mientras que un adolescente puede reconocer mejor los riesgos, identificar los alimentos que debe evitar y participar activamente en el manejo de su enfermedad, un niño de cinco años no dispone de la misma autonomía para tomar decisiones y protegerse.
Por este motivo, Aepnaa lleva años centrando buena parte de su actividad en la creación de entornos educativos seguros. Sánchez recuerda que en 2013 se aprobó en España un documento de consenso sobre la gestión de las alergias alimentarias en los centros educativos. Aquel texto pretendía impulsar que las comunidades autónomas, responsables de la gestión ordinaria de los colegios, desarrollaran medidas concretas para proteger al alumnado.
Sin embargo, han transcurrido trece años hasta que la asociación ha conseguido un avance como el de Baleares. Para su presidente, la experiencia demuestra tanto la complejidad del proceso como la importancia de que las administraciones sanitarias y educativas trabajen conjuntamente.
"La anafilaxia en el centro educativo es una cuestión sanitaria, evidentemente, pero se produce en el interior del centro educativo, donde no suele haber personal sanitario", explica. La respuesta, por tanto, debe estar organizada de antemano y no puede depender de improvisaciones cuando ya se ha producido la emergencia.
La asociación considera imprescindible que los centros dispongan de una política de gestión de los alérgenos alimentarios, que el personal sepa reconocer los síntomas de una anafilaxia y que esté preparado para administrar la medicación indicada.
En este punto, Sánchez subraya la importancia de la adrenalina, el tratamiento de primera línea ante una anafilaxia. La rapidez de administración resulta fundamental, por lo que el presidente de Aepnaa defiende que los profesionales que deban atender a un menor tengan la formación y los medios necesarios para actuar sin demoras evitables.
La asociación también reclama que se delimiten adecuadamente las responsabilidades de quienes intervienen en la emergencia. Avisar a los servicios de emergencias es necesario, pero no debe convertirse en una razón para posponer la actuación inmediata cuando existe una sospecha fundada de anafilaxia.
La colaboración de las familias constituye otro elemento esencial. Los padres deben comunicar al colegio el diagnóstico, aportar la información clínica pertinente y participar en la elaboración de las medidas individualizadas que precise cada alumno. Para Aepnaa, esa colaboración debe integrarse en un sistema organizado, sin trasladar a las familias toda la responsabilidad de garantizar la seguridad de sus hijos.
Baleares, un modelo para otras comunidades
La instrucción aprobada por el Gobierno balear incorpora la anafilaxia al marco de alerta escolar que ya contempla la atención inmediata a menores con patologías crónicas graves, como la diabetes o la epilepsia. Según Sánchez, también se ha reforzado la formación relacionada con las reacciones alérgicas graves y se prevé el suministro de adrenalina a los centros educativos, teniendo en cuenta las necesidades de los alumnos y las distintas edades.
Uno de los aspectos que destaca la asociación es que no todos los niños que pueden sufrir una anafilaxia tienen antecedentes conocidos de una reacción de este tipo. Por tanto, la prevención no puede limitarse a identificar a quienes ya han experimentado un episodio grave.
El presidente de Aepnaa sostiene que el modelo balear recoge las principales demandas que la entidad lleva años trasladando a las administraciones. Ahora, su objetivo es extender esta línea de trabajo a otros territorios.
La asociación ha iniciado una nueva ronda de contactos institucionales para promover declaraciones en los parlamentos autonómicos coincidiendo con el Día Mundial de la Alergia, que se celebra el 8 de julio. Según Sánchez, el Congreso de los Diputados y los parlamentos de Cataluña, la Comunidad de Madrid y Canarias han respaldado declaraciones institucionales que ponen el foco en la importancia de la anafilaxia y en la necesidad de avanzar hacia una escolarización segura e inclusiva.
Estas declaraciones no sustituyen a una regulación específica, pero pueden contribuir a situar el problema en la agenda política y a impulsar medidas legislativas. Aepnaa quiere aprovechar el respaldo institucional para que la protección de los alumnos con alergias deje de depender de iniciativas puntuales y se convierta en una garantía efectiva.
La asociación defiende que el sistema debe contemplar tres pilares: prevención de la exposición a los alérgenos, formación para reconocer y tratar una reacción grave y disponibilidad de los recursos necesarios para responder con rapidez. A ello se añade la coordinación entre los centros educativos, las familias y los servicios sanitarios.
Una alianza europea para incorporar la anafilaxia a la agenda pública
La reivindicación de Aepnaa trasciende las fronteras españolas. La asociación participa en ACT for Anaphylaxis, una alianza europea que pretende dar mayor visibilidad a la anafilaxia e incorporarla a las políticas y estrategias comunitarias.
Sánchez recuerda que la alergia constituye un problema de salud creciente y cita las estimaciones europeas que apuntan a que en 2050 la mitad de la población podría presentar algún tipo de alergia. Asimismo, señala que actualmente se calcula que cerca de 20 millones de personas en Europa tienen alergias alimentarias, algunas de las cuales pueden desencadenar reacciones graves.
La alianza no pretende que la Unión Europea asuma competencias sanitarias que corresponden fundamentalmente a los Estados y a sus administraciones territoriales. Su propósito es aprovechar la capacidad comunitaria para promover estrategias, recomendaciones e iniciativas que ayuden a reducir las diferencias entre países.
"No puede ser que, dependiendo del código postal o del país europeo en el que vivas, estés más seguro o tengas mayor o menor tranquilidad ante una anafilaxia", recalca el presidente de Aepnaa.
La desigualdad en la protección escolar es uno de los motivos que han impulsado esta iniciativa. Sánchez menciona un estudio de 2024 centrado en los colegios europeos que identificó diferencias importantes entre países. En su opinión, esa disparidad evidencia la necesidad de establecer unas bases comunes que faciliten la prevención y la respuesta ante las reacciones alérgicas graves.
La alianza se presentó oficialmente el 9 de septiembre en el Parlamento Europeo, con un primer encuentro dedicado específicamente a la anafilaxia en los centros educativos. Entre sus integrantes figuran organizaciones europeas de alergología e inmunología clínica, medicina de emergencias y pediatría, además de asociaciones de pacientes.
La ambición, sin embargo, va más allá de las aulas. Aepnaa quiere que la anafilaxia se tenga en cuenta en todos los entornos donde pueda producirse una emergencia: desde los centros de trabajo hasta los transportes, los espacios con grandes concentraciones de personas y los establecimientos de hostelería y restauración.
Para ello, la asociación propone que la prevención y la respuesta ante estas reacciones se incorporen a iniciativas europeas relacionadas con la alimentación escolar, la preparación ante emergencias y la protección de la población. La formación, la información y el acceso a la medicación son los elementos que considera fundamentales.
Viajar con alergia sin depender del destino
La movilidad es otra de las preocupaciones de las personas con alergias alimentarias, especialmente de los jóvenes. La ausencia de criterios comunes puede generar situaciones desiguales cuando una persona necesita viajar en avión y reducir el riesgo de entrar en contacto con un alérgeno.
Sánchez pone como ejemplo las diferencias en las condiciones de embarque. En algunos países, explica, existen procedimientos que permiten a los pasajeros con alergias acceder antes al avión para limpiar el asiento, la bandeja y otras superficies. Sin embargo, esas facilidades no están garantizadas de la misma forma en todos los lugares.
La asociación apoya que se establezcan unas recomendaciones mínimas europeas para que las personas con alergias alimentarias puedan viajar con mayor seguridad. La aspiración es que las medidas de prevención no dependan de la compañía, del país de salida o del destino.
Este planteamiento conecta con una idea que Aepnaa defiende en el ámbito escolar: la seguridad debe responder a unos criterios compartidos y no quedar condicionada por las circunstancias particulares de cada territorio.
Los jóvenes, protagonistas del relevo generacional
La asociación impulsa también iniciativas dirigidas a reforzar la participación de las personas jóvenes con alergias alimentarias. Una de ellas se desarrolla en el marco de Erasmus+, con la participación de 24 jóvenes de entre 18 y 27 años procedentes de España, Islandia, Francia e Italia, que comparten durante ocho días sus experiencias y trabajan en propuestas relacionadas con la gestión de sus alergias.
El proyecto pretende crear una red de contactos y favorecer que los participantes intercambien conocimientos desde una perspectiva distinta a la de los adultos. Para Sánchez, hablar entre iguales facilita que las recomendaciones se comprendan y se incorporen a la vida cotidiana.
"No es el dictado que hacen los padres de lo que tienes que hacer, sino que surge del diálogo entre iguales", explica.
La iniciativa tiene también una dimensión de continuidad asociativa. Aepnaa busca preparar a los jóvenes para que puedan asumir responsabilidades en las organizaciones de pacientes y mantener su actividad en el futuro. La participación juvenil puede contribuir, además, a identificar problemas que afectan especialmente a este grupo de edad.
Entre sus demandas figura viajar con mayor seguridad y disponer de procedimientos homogéneos para prevenir exposiciones accidentales durante los desplazamientos. La asociación espera que las propuestas surgidas de estos encuentros puedan alimentar el trabajo de la alianza europea y contribuir a que la protección de las personas con alergias se integre de manera habitual en las políticas públicas.