La inflación ha vuelto a acelerarse con fuerza en agosto. El Índice de Precios de Consumo (IPC) ha aumentado siete décimas respecto a julio y ha situado su tasa interanual en el 4,3%, según el indicador adelantado publicado este viernes por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Es el nivel más alto desde febrero de 2023.
El repunte tiene un responsable principal: los carburantes. El INE señala que los precios de los combustibles y lubricantes para vehículos personales han aumentado en agosto, frente al descenso registrado en el mismo mes del año pasado. Los alimentos y las bebidas no alcohólicas también han contribuido al incremento, aunque en menor medida, ya que sus precios han bajado menos que hace un año.
La subida ya tiene una traducción directa para los conductores. Llenar un depósito puede costar hasta 16 euros más que al comienzo del verano, mientras el precio del gasóleo ha acumulado un fuerte incremento durante las últimas semanas. El encarecimiento del combustible, además, no se limita al gasto de quienes utilizan el coche: forma parte de los costes de transporte y distribución y puede terminar trasladándose a otros bienes y servicios.
El dato general contrasta con la evolución de la inflación subyacente, que excluye los productos energéticos y los alimentos no elaborados. Esta tasa se ha moderado una décima, hasta el 2,9%. El Índice de Precios de Consumo Armonizado (IPCA), utilizado para comparar la evolución de los precios entre los países europeos, se ha situado en el 4,5%.
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El Gobierno atribuye la subida al shock energético
El Gobierno sitúa el origen del repunte en el encarecimiento de los carburantes derivado de la persistencia del «shock» energético provocado por la guerra en Irán. El Ministerio de Economía destaca que la inflación subyacente se mantiene por debajo de la general y sostiene que el aumento de los precios todavía no se ha trasladado con la misma intensidad al conjunto de la cesta.
El Ejecutivo asegura que mantiene un «seguimiento minuto a minuto» de la evolución del conflicto y de sus efectos sobre la economía española.
Al mismo tiempo, mantiene las medidas de apoyo a los carburantes. Desde el 1 de septiembre, la rebaja temporal del impuesto de hidrocarburos aplicada al gasóleo será de 20 céntimos por litro, frente a los cinco céntimos previstos inicialmente. En el caso de la gasolina, la reducción será de cinco céntimos.
La evolución de la energía ocupa así el centro del dato de agosto, aunque sus consecuencias pueden extenderse más allá del precio que paga directamente el consumidor en una estación de servicio.
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España registra más inflación que sus socios europeos
La evolución de los precios en España también se está separando de la registrada en el conjunto de la Unión Europea. El último dato comparable disponible de Eurostat, correspondiente a julio, situó la inflación armonizada en el 2,9% en la zona euro y en el 3% en el conjunto de la Unión Europea.
España se encontraba ya por encima de ambas tasas. Con el dato adelantado de agosto, el IPCA español alcanza el 4,5%, frente al entorno del 3,5% estimado para la zona euro.
La diferencia resulta especialmente relevante para las empresas que compiten en los mercados europeos. Una inflación superior no implica por sí misma una pérdida inmediata de competitividad, pero sí puede convertirse en un problema cuando la brecha se mantiene durante varios años.
Es precisamente el efecto que destaca Rafael Pampillón, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad CEU San Pablo, al analizar para las consecuencias del nuevo repunte de los precios.
Pampillón: «Cuando los precios suben más que nuestros salarios, nuestro dinero compra menos cosas»
«La inflación tiene un efecto que cualquiera entiende: cuando los precios suben más que nuestros salarios, nuestro dinero compra menos cosas», explica a DEMÓCRATA, Rafael Pampillón, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad San Pablo CEU.
El catedrático señala que durante los últimos meses los salarios han crecido en torno al 3%, por debajo de la inflación. La consecuencia es una pérdida de poder adquisitivo: aunque las nóminas aumenten en términos nominales, el incremento no compensa completamente el encarecimiento de los bienes y servicios.
Pampillón considera que existe, además, otro efecto menos visible que puede adquirir mayor importancia con el paso del tiempo: la pérdida de competitividad de las empresas españolas.
«Si en España los precios suben más deprisa que los países con los que competimos, nuestras empresas pierden competitividad», sostiene.
La diferencia entre España y la zona euro permite observar el fenómeno. El IPCA español alcanza el 4,5%, mientras la referencia europea se sitúa en torno al 3,5%. Para Pampillón, un año con una diferencia de un punto no determina por sí solo la posición competitiva de un país. El problema aparece cuando esa distancia se mantiene y se acumula.
El efecto puede ser especialmente relevante para una empresa española que venda en otros mercados europeos. Si sus costes aumentan durante años más deprisa que los de una empresa alemana, francesa o italiana, tendrá que reducir sus márgenes o conseguir producir de forma más eficiente.
«Si no consigue esto último, termina perdiendo terreno», explica.
La evolución de los precios también puede hacer relativamente más atractivos los productos extranjeros para los consumidores españoles.
Pampillón considera que la respuesta pasa por aumentar la competencia en aquellos sectores en los que la regulación, las barreras de entrada o la escasez de oferta favorecen las subidas de precios. También señala la productividad como un elemento fundamental para que los salarios puedan aumentar sin trasladar permanentemente ese incremento a los precios.
«Producir más valor por cada hora trabajada permite pagar mejores salarios sin trasladar continuamente ese coste a los precios», afirma.
La pertenencia al euro introduce una dificultad adicional. «En una moneda común no podemos borrar después esa diferencia devaluando», recuerda.
Santacruz: «Los precios de la energía y los alimentos» explican buena parte del golpe
Para Javier Santacruz Cano, economista de DEMOCRATA, la evolución de agosto vuelve a poner sobre la mesa el peso que tienen la energía y los alimentos en el presupuesto de los hogares.
«No por esperado no ha sido mayor la leche... los precios de la energía y los alimentos. Igual que en 2022», señala.
Santacruz recuerda que ambos componentes representan más de un tercio de la cesta de la compra. Por eso, cuando experimentan un encarecimiento significativo, el efecto termina reflejándose en el índice general.
«Es lógico que ante un encarecimiento muy pronunciado de ambos termine repercutiendo de la forma en que lo ha hecho en el IPC», explica.
El indicador adelantado del INE confirma que los carburantes han sido el principal factor del repunte de agosto, mientras los alimentos y las bebidas no alcohólicas también han contribuido al avance. El detalle de la evolución de cada producto se conocerá cuando el organismo publique el dato definitivo.
La importancia de la energía no se limita, además, al gasto de los hogares. El combustible es un coste para el transporte de mercancías y para numerosas actividades económicas, por lo que una subida prolongada puede terminar trasladándose a otros precios.
La inflación subyacente, situada en el 2,9%, muestra por ahora una evolución más contenida del resto de componentes. La diferencia respecto al 4,3% de la inflación general refleja el peso que está teniendo el componente energético en el actual repunte.
¿Dónde se notará el gasto?
1) Gasóleo. Se prevé un fuerte incremento de los precios durante el verano. Llenar un depósito puede costar hasta 16 euros más que al comienzo del verano.
2) Gasolina. El precio ha aumentado durante las últimas semanas Mayor coste de los desplazamientos.
3) Alimentos. Contribuyen al repunte porque sus precios han bajado menos que hace un año Presión sobre el presupuesto destinado a la compra.
4) Transporte. El combustible forma parte de sus costes Puede trasladar el encarecimiento a otros bienes y servicios
5) Energía. Es el principal origen del actual repunte Aumenta los costes de hogares y empresas
6) IRPF. La no deflactación generó 2.294 millones de recaudación adicional en 2025 a las arcas de Hacienda. El efecto de la inflación sobre el IRPF, puede reducir la renta disponible cuando aumentan los salarios nominales.
Rotellar: «Está mermando el poder adquisitivo de las familias»
El efecto acumulado sobre las familias es el aspecto que destaca José María Rotellar, director del Observatorio Económico de la Facultad de Francisco de Vitoria.
«El incremento exponencial de la inflación, con una tendencia alcista ya de muchos meses, está mermando el poder adquisitivo de las familias», afirma.
Rotellar incorpora a ese análisis la evolución de la presión fiscal durante los últimos años. «Si a ello le añadimos el incremento de impuestos que se ha producido en estos últimos ocho años, hoy es más bajo un salario neto medio en términos constantes que hace ocho años», sostiene.
A su juicio, el resultado es «el empobrecimiento de la clase media y, con ello, de toda la economía española».
La evolución de los salarios en términos nominales no permite, por sí sola, determinar si los hogares han mejorado su situación. Para conocer la evolución de la renta real hay que comparar esos ingresos con el aumento de los precios y tener en cuenta el efecto de los impuestos.
Es en este punto donde aparece la cuestión de la deflactación del IRPF.
Cuando el salario sube, pero también aumenta la factura fiscal
Los expertos consultados sostienen que la inflación puede generar un efecto adicional sobre los contribuyentes cuando los tramos y los parámetros del IRPF no se actualizan en la misma proporción que los precios.
De hecho, el mecanismo, conocido como progresividad en frío, se produce cuando una persona recibe una subida salarial que compensa total o parcialmente la inflación, pero el aumento de su salario nominal hace que una mayor parte de sus ingresos quede sometida al impuesto.
De modo que, en términos reales, el trabajador puede no haber ganado capacidad adquisitiva. Sin embargo, puede terminar pagando una cantidad mayor de IRPF.
El propio Gobierno ha cuantificado este efecto. La documentación económica remitida por el Ejecutivo cifra en 2.294 millones de euros la recaudación adicional obtenida en 2025 por la no deflactación de la tarifa y los mínimos del IRPF.
La cifra permite dimensionar un fenómeno que no supone una subida formal de los tipos impositivos, pero sí puede elevar la carga fiscal efectiva cuando los salarios aumentan por efecto de la inflación.
En el caso de las familias, por tanto, el incremento del coste de vida puede producirse por varias vías simultáneas: el aumento de los precios de los bienes y servicios, el menor crecimiento de los salarios reales y, en determinados casos, una mayor factura fiscal.