Las autoridades de República Democrática del Congo (RDC) han informado de que el último brote de ébola declarado a mediados de mayo en el este del país ha rebasado ya los 8.600 casos confirmados. La epidemia deja igualmente cerca de 4.150 muertos y en torno a 900 personas ingresadas o en aislamiento.
El Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) ha detallado que hasta la fecha se han contabilizado 8.603 infecciones y 4.148 decesos, de ellos 59 nuevos casos y 34 fallecidos en las últimas 24 horas, lo que sitúa la tasa de letalidad en el 48,2%.
El organismo ha añadido que 896 personas permanecen hospitalizadas o en centros de aislamiento, mientras que 2.235 han sido dadas de alta tras superar la enfermedad. La tasa de seguimiento de los contactos se sitúa en el 79,7%, un porcentaje que ha venido descendiendo en los últimos días.
La provincia de Ituri —afectada junto a Kivu Norte, Kivu Sur, Alto Uélé, Bajo Uélé, Tshopo y Ubangi Sur— continúa siendo el foco principal del brote, al concentrar el 75% del total de casos registrados hasta ahora, aunque únicamente representa el 39% de los contagios notificados en la última jornada.
El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) ha advertido de que más de 1.900 menores han perdido a uno o a ambos progenitores o cuidadores, o han quedado separados de ellos, a consecuencia del ébola, la mayoría en la provincia de Ituri.
“Para la infancia, el ébola puede desencadenar rápidamente una serie de consecuencias devastadoras”, ha afirmado la directora de Operaciones de Emergencia de UNICEF, Lucia Elmi, tras visitar el epicentro del brote en Bunia. “Una madre o un padre enferma y el niño puede quedar expuesto al virus. Después, esa persona es hospitalizada o muere, y el niño se queda sin la persona de la que depende, mientras que el miedo al contagio y el estigma hacen que familiares y vecinos teman hacerse cargo de él”, ha relatado.
La agencia de la ONU ha subrayado que, hasta el 29 de septiembre, se habían identificado 2.076 menores diagnosticados con ébola, de los que 1.162 han fallecido, según datos desagregados del Ministerio de Sanidad congoleño. De este modo, los niños constituyen uno de cada cuatro casos confirmados, pero casi uno de cada tres muertos.
UNICEF ha recordado además que, incluso antes del inicio de la epidemia, la población infantil del este de la RDC ya sufría una de las crisis más prolongadas del planeta. El organismo ha incidido en que el virus se extiende por provincias que acogen a unos 4,4 millones de desplazados internos y donde la violencia, el desplazamiento y la desconfianza hacia las instituciones complican la detección temprana de los contagios.
La organización ha recalcado que la respuesta frente al ébola requiere 150,8 millones de dólares (unos 134 millones de euros), de los que 113,4 millones de dólares (cerca de 101 millones de euros) deberían destinarse a intervenciones dentro de la RDC. Hasta el momento solo se han conseguido movilizar 40,1 millones de dólares (alrededor de 35,6 millones de euros), lo que limita la capacidad de actuación tanto en el país como en once Estados vecinos.
Impacto sobre la escolarización
En este contexto, la organización no gubernamental Consejo Noruego para los Refugiados (NRC) ha alertado de que el brote amenaza la continuidad educativa de miles de menores debido al impacto de la enfermedad. Unas 5.700 escuelas, que escolarizan a cerca de 1,8 millones de niños, quedan fuera del alcance de las medidas de control y prevención.
La ONG ha señalado que alrededor del 90% del alumnado en las provincias de Ituri, Kivu Norte y Alto Uélé no ha recibido apoyo en materia de higiene y salud. “Los niños no deberían estar privados de una educación porque sus familias teman que las escuelas no sean lugares seguros. Los padres no deben tener que elegir entre la seguridad de sus hijos y el deseo de que accedan a una educación y tengan un futuro más brillante”, ha explicado el director del NRC en RDC, Eric Batonon.
“Necesitamos urgentemente una mayor inversión en saneamiento, higiene y medidas de prevención de infecciones, para que los niños puedan lavarse las manos y mantener el distanciamiento personal en las aulas”, ha explicado. “Además, debemos recordar que muchos jóvenes del este de RDC ya han perdido años de educación debido a la violencia y el desplazamiento continuos”, ha esgrimido.
En la misma línea, Silvia Beccacece, líder de un equipo de emergencia en la ciudad de Bunia, ha indicado que “el miedo y la desinformación hacen que el riesgo del ébola sea aún mayor”. “Para las familias que han perdido a seres queridos, el dolor y la incertidumbre pueden resultar abrumadores; los niños también viven estas pérdidas, viendo morir a padres, familiares y amigos”, ha relatado.
“Los menores de cinco años representan una gran proporción de los afectados, por lo que proteger su bienestar debe ser el eje central de la respuesta. Necesitan espacios seguros donde puedan comprender lo que está sucediendo y expresar sus inquietudes”, ha dicho, antes de incidir en que “las medidas sanitarias y el apoyo psicosocial deben ir de la mano para que los niños puedan regresar a la escuela y seguir aprendiendo a pesar de la crisis”.
Por último, Beccacece ha hecho hincapié en que para muchos alumnos, esta situación tiene lugar “tras años de interrupciones” a causa de la violencia y el desplazamiento por el conflicto en el este de RDC. “El acceso continuo a la educación es fundamental para ayudarles a mantener una sensación de estabilidad y mirar hacia el futuro”, ha zanjado.