Las miradas estarán puestas en la carrera presidencial, pero otra parte esencial del poder brasileño se decide este domingo 4 de octubre. Los electores elegirán a 54 de los 81 integrantes del Senado: dos tercios de una Cámara que puede facilitar o dificultar el programa del próximo presidente.
Cada estado y el Distrito Federal escogerán a dos senadores. Los 27 escaños restantes corresponden a los mandatos elegidos en 2022, que continúan porque la duración del cargo es de ocho años. La renovación se alterna: un tercio en unas elecciones y dos tercios en las siguientes.
Por qué importa el Senado aunque se gane la Presidencia
Una victoria presidencial no entrega automáticamente una mayoría parlamentaria. El Ejecutivo tendrá que relacionarse con unas cámaras elegidas en votaciones diferentes y con su propia distribución de fuerzas.
El Senado participa en la elaboración de leyes y puede aprobar, modificar o rechazar proyectos. También examina nombramientos de especial relevancia, entre ellos los de magistrados del Supremo Tribunal Federal, la Procuraduría General y la dirección del Banco Central.
Su peso se extiende a las cuentas públicas: interviene en decisiones sobre endeudamiento y, junto con la Cámara de Diputados, en el presupuesto federal.
La consecuencia política es directa. Quien gane la Presidencia necesitará apoyos para convertir sus promesas en decisiones. Una noche favorable en la votación presidencial puede coexistir con un Parlamento difícil para el futuro Gobierno.
Dos votos por elector y sin segunda vuelta
La elección del Senado tiene una mecánica distinta a la presidencial. Cada elector puede escoger a dos candidatos diferentes y los dos más votados de su estado o del Distrito Federal obtienen los escaños.
Los dos votos tienen el mismo peso. No existe una primera preferencia que valga más que la segunda y tampoco habrá una segunda vuelta para resolver estas plazas. La elección senatorial queda definida en esta jornada.
Una decisión con efectos durante ocho años
El alcance de la votación supera el siguiente mandato presidencial. Los senadores elegidos ahora tendrán mandatos de ocho años, de modo que su influencia continuará después de la próxima elección general.
Además, todos los estados cuentan con tres representantes en la Cámara Alta, independientemente de su población. Su composición responde a la representación territorial y no reproduce necesariamente el mapa del voto presidencial.
Esa será una de las claves para interpretar la noche brasileña: junto a quién queda más cerca de la Presidencia, habrá que observar qué fuerzas ganan capacidad para aprobar leyes, negociar presupuestos y condicionar los nombramientos institucionales.