El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ha protagonizado este jueves un nuevo choque entre sus miembros permanentes durante la discusión del orden del día sobre el régimen de sanciones a Irán, con Rusia y China poniendo en entredicho la validez de las restricciones impuestas a Teherán.
Reino Unido, Francia y Estados Unidos han defendido con firmeza la celebración de una sesión específica en el Consejo sobre el programa nuclear iraní, mientras que China y Rusia sostienen que las potencias occidentales vulneraron el pacto de 2015, de modo que cualquier decisión posterior carecería de base jurídica.
La embajadora británica ante Naciones Unidas, Sarah MacIntosh, ha subrayado que el mecanismo de sanciones --conocido como snapback y que faculta al grupo E3 (Alemania, Francia y Reino Unido) a reactivar las sanciones de la ONU-- se puso en marcha de forma efectiva en septiembre de 2025, una vez que el Consejo rechazó prolongar la suspensión de las medidas contra Teherán.
En este sentido, ha sostenido que, al fracasar la prórroga de la suspensión, el 'snapback' devolvió automáticamente la vigencia a las resoluciones anteriores a 2015. A su vez, ello implicó reactivar la obligación del Comité 1737 --creado en 2006 para supervisar las restricciones-- de informar cada 90 días.
“Seis resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, incluida la 1737, llevan casi un año en vigor. La resolución 1737 es clara en su mandato: el Comité debe informar al Consejo de Seguridad sobre su labor al menos cada 90 días”, ha señalado durante su turno de palabra.
La embajadora estadounidense ante la ONU, Jennifer Locetta, ha indicado que Washington respalda “plenamente la declaración” de MacIntosh. “Hace un año, este Consejo optó, en una votación decisiva, por permitir la reimposición de las resoluciones 1696, 1737, 1747, 1803, 1835 y 1929 del Consejo de Seguridad. En virtud de esta decisión, se restableció el Comité de 1737”, ha dicho.
Del mismo modo, Jéerome Bonnafont, embajador francés ante Naciones Unidas y presidente del Consejo de Seguridad durante el mes de septiembre, se ha mostrado partidario de convocar la sesión “de conformidad con el mandato otorgado por las resoluciones del Consejo”.
El embajador ruso ante la ONU, Vasili Nebenzia, ha denunciado que “ciertos miembros del Consejo de Seguridad no cesan en sus intentos de abusar del reglamento interno para legitimar sus pretensiones unilaterales relativas al supuesto mecanismo de restablecimiento automático de sanciones”.
“El mecanismo para restablecer las resoluciones anteriores del Consejo de Seguridad sobre la cuestión nuclear iraní, previsto en la resolución 2231, no se activó debido a diversas razones jurídicas y de procedimiento (...) En consecuencia, no existe fundamento alguno para reanudar las actividades del Comité 1737, que dejó de existir en 2015, ni para debatir su labor en el Consejo”, ha argüido.
En la misma línea, el embajador chino, Sun Lei, ha remarcado que “el Consejo de Seguridad debe desempeñar un papel constructivo”, reclamando a los Estados que dejen de servirse del órgano “para promover sus propias agendas políticas y evitar crear nuevos obstáculos para la solución política del problema nuclear iraní”.
“Interpretar erróneamente el contexto histórico del problema nuclear iraní, ignorar las dificultades que enfrenta Irán para restablecer las salvaguardias y la verificación, e insistir en impulsar el restablecimiento de las sanciones contra Irán en el Consejo de Seguridad, así como forzar la intervención del Consejo de Seguridad en el tema nuclear iraní, no contribuirá a generar confianza ni a superar las diferencias entre las partes”, ha dicho.
Al margen del pulso técnico sobre el reglamento --el orden del día ha quedado finalmente aprobado con once votos favorables y dos en contra, dado que este tipo de decisiones no pueden ser vetadas por un miembro permanente-- la controversia refleja una profunda brecha geopolítica entre las grandes potencias del Consejo de Seguridad en torno a Irán.