¿Cómo aprovechar el potencial de la Inteligencia Artificial sin perder el control sobre ella? Es la pregunta que, con distintos matices, se repite a diario en despachos de Bruselas, entre funcionarios, asesores, legisladores, empresas y consultores. Una pregunta que, en ocasiones, se aborda casi con la ingenuidad de quien confía en poder domesticar una revolución tecnológica con el mismo manual de instrucciones utilizado para responder a los desafíos del pasado.
El problema es que la Inteligencia Artificial no espera. Mientras los desarrollos tecnológicos se aceleran a una velocidad inédita, las negociaciones comunitarias mantienen sus propios tiempos, marcados por el equilibrio institucional, la búsqueda de consensos entre los Estados miembros y la complejidad de construir reglas comunes para un mercado de casi 450 millones de ciudadanos.
En ese espacio entre la velocidad de la tecnología y el ritmo de la política europea, cerca de trescientos jóvenes profesionales se reúnen esta semana en Pamplona para intentar aportar su propia respuesta. Bajo el lema "La Europa Conectada", la asociación Equipo Europa organiza un foro de discusión que reúne a representantes institucionales, expertos, empresas y miembros de la sociedad civil con el objetivo de poner en contexto, dimensionar y arrojar algo de luz sobre algunos de los principales dilemas que afronta actualmente la Unión Europea.
La actualidad inmediata dificulta, en demasiadas ocasiones, la discusión sosegada de asuntos sobre los que Bruselas sabe que el tiempo no es precisamente su principal aliado. La agenda comunitaria avanza entre crisis, negociaciones legislativas, declaraciones políticas y urgencias geopolíticas. Pero hay debates que exigen levantar la vista del corto plazo.

El futuro regulatorio del sector digital, la autonomía tecnológica europea, el desarrollo de infraestructuras, la capacidad de atraer inversión y talento o el impacto de la Inteligencia Artificial sobre los derechos y el empleo son cuestiones que determinarán buena parte de la posición de Europa en las próximas décadas. Por ello, representantes públicos y privados han aprovechado estas jornadas en Pamplona para detenerse, analizar y discutir antes de que el frenético ritmo de la capital comunitaria vuelva a imponer su propia lógica.
Demócrata, en el centro del debate europeo sobre la IA
A raíz de su experiencia y de su trabajo diario desde Bruselas, Demócrata ha formado parte de la jornada inaugural del foro, participando activamente en el panel dedicado a los avances de la Inteligencia Artificial y a su impacto sobre los derechos de los ciudadanos europeos. Durante su intervención, el corresponsal de Demócrata en Bruselas, Álvaro Villarroel, planteó una de las cuestiones centrales de la jornada: la necesidad de que Europa encuentre un equilibrio entre la protección y la competitividad. "El debate no es solo cuánto debemos regular, sino también cómo conseguimos innovar, competir y no quedarnos atrás".

Villarroel recordó que la Inteligencia Artificial es, probablemente, una de las tecnologías que con mayor rapidez está transformando la sociedad. Hace apenas unos años, parecía una herramienta reservada a expertos, grandes compañías o laboratorios tecnológicos. Hoy forma parte del día a día y está modificando la manera de trabajar, informarse, investigar, aprender o incluso tomar decisiones. Europa ha querido dar una respuesta propia a esta transformación. Ha sido pionera en establecer un marco específico con el AI Act y ha apostado por un modelo basado en la innovación, pero también en la protección de los derechos fundamentales y en la confianza.
Sin embargo, la Unión Europea sigue enfrentándose a una realidad incómoda: Estados Unidos y China avanzan con enormes capacidades de inversión, grandes empresas tecnológicas y una carrera cada vez más intensa por liderar esta revolución.
La gran pregunta, por tanto, es si Europa puede ser algo más que el gran regulador de la Inteligencia Artificial. Si puede también desarrollar empresas propias, atraer talento, movilizar capital y crear las tecnologías que definirán el futuro.
Una carrera contra el reloj
Bruselas es consciente de que está inmersa en una carrera a contrarreloj. El cronómetro hace tiempo que está en marcha y Europa intenta ahora desarrollar un modelo propio que reduzca algunas de las dependencias tecnológicas que lastran su capacidad de crecimiento y limitan su margen de decisión.
El secretario general del Supervisor Europeo de Protección de Datos, Leonardo Cervera, defendió durante el debate una aproximación claramente europea a esta cuestión. "Lo que es importantísimo es que tengamos una Inteligencia Artificial bien hecha, porque si la vamos a hacer mal, para eso mejor no tenerla".

Su planteamiento se aleja de cualquier posición tecnófoba. La Inteligencia Artificial, defendió, puede transformar sectores enteros y aportar enormes beneficios en ámbitos como la salud, la productividad o la conectividad. Pero precisamente por su capacidad transformadora necesita principios, reglas y supervisión. Cervera utilizó una comparación histórica para explicar su visión. La primera gran tecnología que transformó a la humanidad fue el fuego, pero no cualquier fuego: el fuego controlado. "Siempre con precaución, siempre con reglas y siempre supervisado", resumió. Una lógica que, a su juicio, debería aplicarse también a la Inteligencia Artificial.
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El responsable europeo defendió así la necesidad de contar con supervisores capaces de poner freno a quienes utilicen estas herramientas con fines perjudiciales. Entre sus principales preocupaciones situó dos ámbitos: el desarrollo de armas autónomas y el impacto de la automatización sobre el empleo. "Si la Inteligencia Artificial no se regula y su velocidad no se modera, supone automatización. La automatización supone destrucción de empleo", advirtió, reclamando un debate mucho más amplio sobre la relación entre productividad, trabajo y bienestar social.
La cuestión no consiste, por tanto, únicamente en determinar cuántas tareas podrán hacer las máquinas, sino en decidir qué tareas queremos que hagan y cuáles deben seguir reservadas al control humano.
La dependencia también es tecnológica
La eurodiputada de Renew Europe Oihane Agirregoitea trasladó el debate desde la regulación hacia una cuestión que Bruselas considera cada vez más estratégica: la capacidad de producir y escalar tecnología propia. Europa, recordó, ha demostrado que puede desarrollar normas con impacto mundial. Pero las crisis de los últimos años también han dejado una lección clara: regular lo que producen otros no es suficiente para garantizar la autonomía europea. La escasez de semiconductores, la crisis energética y las crecientes tensiones geopolíticas han puesto de manifiesto que la vulnerabilidad está estrechamente ligada a la dependencia.
Para Agirregoitea, Europa debe intervenir, al menos, en cuatro grandes ámbitos: inversión, talento, infraestructuras y mercado. La financiación aparece como uno de los principales desafíos. "No hemos invertido suficientemente en los últimos años", advirtió la eurodiputada, que defendió también facilitar el acceso al capital y el crecimiento de startups y scale-ups europeas para evitar que las compañías con potencial tengan que salir del continente para encontrar financiación.

El talento es el segundo elemento. Europa necesita formar, retener y atraer profesionales en un contexto de competencia global por perfiles altamente cualificados. El tercer desafío son las infraestructuras. Infraestructuras tecnológicas, capacidad de computación, nube, centros de datos y redes energéticas forman parte de una misma ecuación. La Inteligencia Artificial necesita capacidad industrial y tecnológica, pero también una enorme disponibilidad de energía. Y ahí aparece una de las grandes contradicciones de la carrera tecnológica: Europa quiere acelerar la adopción de la IA para mejorar su competitividad, pero esa aceleración incrementará también las necesidades energéticas.
Durante el turno de preguntas, Agirregoitea defendió que el despliegue de centros de datos y nuevos modelos de IA debe avanzar en paralelo con las inversiones en energías renovables, eficiencia energética y redes eléctricas. No se puede, resumió, aspirar a incorporar masivamente la IA en la industria y en la vida cotidiana sin abordar al mismo tiempo los recursos que ese modelo necesitará para funcionar.
Regular, simplificar e invertir
La responsable de Innovación de MásOrange, Yaiza Rubio, trasladó al debate la perspectiva empresarial. Europa, defendió, debe mantener la continuidad con sus valores y sus reglas, pero también necesita garantizar que las empresas puedan incorporar estas herramientas de forma segura y con una mayor capacidad para escalar. Rubio alertó de que la Inteligencia Artificial ya está avanzando desde la fase de experimentación hacia el análisis de casos de uso concretos y hacia la automatización de sistemas cada vez más complejos.
Los agentes de IA, señaló, permitirán automatizar numerosas tareas y obligarán a replantear la formación y la incorporación de nuevos profesionales al mercado laboral. La preocupación afecta especialmente a los jóvenes. Si determinadas funciones de entrada desaparecen por la automatización, el sistema tendrá que encontrar nuevas fórmulas para formar a quienes hoy salen de la universidad y necesitan adquirir experiencia antes de asumir responsabilidades más complejas.
La conclusión compartida por los participantes fue que Europa no puede limitarse a elegir entre regulación o innovación. Necesita ambas. Pero también necesita revisar cómo regula. La simplificación normativa aparece como una de las grandes prioridades para los próximos años, especialmente en un momento en el que Bruselas intenta reducir cargas administrativas y hacer más accesible el marco regulatorio para empresas y sectores industriales. La fórmula final planteada durante el debate podría resumirse en tres conceptos: simplificación con cabeza, inversión dirigida y capacidad de elección.