Los voluntarios que atienden a las mujeres migrantes instaladas en un campamento provisional de Sidi Embarek, en Ceuta, han lanzado un ultimátum ante el agotamiento de sus recursos: advierten de que la comida se acabará si no reciben nuevas aportaciones. En el asentamiento permanecen alrededor de 250 mujeres después de que las menores que estaban allí fueran trasladadas esta semana a una nave de El Tarajal.
La advertencia procede de las organizaciones vecinales que llevan más de un mes encargándose de buena parte de la atención diaria. Uzman Bersabé, del Movimiento Social y Vecinal de Ceuta, ha señalado que la situación ha llegado a un punto límite y que, de mantenerse las actuales condiciones, al día siguiente no dispondrán de alimentos suficientes.
El campamento se encuentra en terrenos cedidos por la ONG Luna Blanca, junto a una mezquita del barrio. Antes de instalarse allí, las mujeres y los menores habían sido alojados en una pista de fútbol que terminó desbordada por la llegada de personas. La solución actual también había sido planteada como provisional mientras las administraciones encontraban una alternativa.
La falta de alimentos añade así un nuevo problema a una situación que los voluntarios llevan semanas intentando sostener con aportaciones particulares y recursos de organizaciones sociales. El aviso llega después de que parte de las personas inicialmente atendidas haya sido trasladada a otros espacios de acogida.
Los menores ya han sido trasladados
El martes, 67 menores migrantes no acompañadas y dos chicos en situación de especial vulnerabilidad abandonaron los recursos improvisados en los que habían permanecido durante semanas. Fueron trasladados a una de las naves de El Tarajal, acondicionada para recibirlos con mayores recursos que los disponibles en los campamentos vecinales.
El traslado redujo la población del asentamiento de Sidi Embarek, pero no resolvió la situación de las mujeres que continúan allí. Los voluntarios aseguran que siguen encargándose de necesidades básicas mientras esperan que se concrete una solución por parte de las administraciones.
Abdellah Mustafa, uno de los vecinos implicados en la atención, explica que el esfuerzo se prolonga desde la llegada masiva del 30 de julio y que la organización cotidiana resulta cada vez más difícil. Los voluntarios también realizan recuentos frecuentes porque algunas de las mujeres abandonan voluntariamente Ceuta y regresan a Marruecos.
Mientras se concreta esa respuesta, las organizaciones mantienen la atención diaria. Pero el aviso lanzado ahora introduce un límite inmediato: si no llegan nuevas provisiones, los voluntarios aseguran que no podrán garantizar la comida para las personas que permanecen en el campamento.