No ha sonado la flauta. Pese al optimismo expresado por el Gobierno tras su aprobación en el Consejo de Ministros, el real decreto-ley sobre lobbies no ha sido convalidado este miércoles en el Congreso. El Ministerio de Transformación Digital y Función Pública trasladó entonces que era un texto consensuado con las partes, que contaba con el respaldo del sector y que incluía algunas de las enmiendas propuestas por los grupos parlamentarios al proyecto de ley sobre esta materia, que permanece bloqueado en la Cámara Baja.
Sin embargo, la oposición y varios partidos del bloque de investidura manifestaron su malestar al considerar el texto poco ambicioso, criticando a la par las formas en las que se había tramitado: vía real decreto-ley y en pleno agosto. En los últimos días, los sindicatos y la patronal también se han desmarcado del Ejecutivo pidiendo quedar excluidos del régimen previsto para los grupos de interés.
Levantada la sesión, la pelota volvía a estar sobre el Ejecutivo: decidir si volver a dar la batalla o asumir la derrota, y parece que se decantan por esto último. Fuentes del Gobierno aseguran que ellos han hecho lo que estaba en su mano: aprobar un proyecto de ley, y ante la parálisis en comisión, tratar de sacarlo via real decreto-ley. Además, ponen el foco en los grupos que no han apoyado la iniciativa y trasladan la responsabilidad al resto de grupos políticos.
Segundas partes
Durante el debate en la Cámara Baja, el ministro del ramo, Óscar López, había ofrecido aprobar antes de que terminara octubre otro real decreto-ley para aclarar que sindicatos y patronal quedaban al margen de la regulación cuando ejercieran sus funciones de diálogo social. La promesa estaba condicionada, sin embargo, a que el Congreso respaldara este miércoles la iniciativa. Al no superar la votación, ya no hay una Ley de Lobbies que modificar en los términos planteados por López.
Fuentes consultadas por DEMÓCRATA señalan que no está en los planes del ministerio volver a recurrir al real decreto-ley para intentar aprobar de nuevo la regulación de los grupos de interés, incorporando desde el principio cambios que permitan ampliar sus apoyos parlamentarios. Con este gesto, el Gobierno emplaza la regulación de los lobbies a la próxima legislatura.
Paralelamente, el PP y otros grupos parlamentarios han instado abiertamente al Ejecutivo a reabrir las negociaciones en comisión con el objetivo de pactar un nuevo texto. A este respecto, desde el ministerio de López recuerdan que en la elaboración del la norma que ha decaido esta tarde se incorporaron más del 90% de las enmiendas presentadas al proyecto, incluidas las de los populares, que también han votado en contra.

En saco roto
La derogación del Real Decreto-ley 21/2026 supone su caída y, con él, la vigencia de las medidas introducidas mediante esta norma. Entre sus principales novedades estaban la creación de un registro estatal público y obligatorio para las personas, empresas, asociaciones y plataformas que traten de influir sobre las decisiones de la Administración General del Estado.
El decreto establecía también obligaciones sobre la publicación de reuniones y contactos con responsables públicos, introducía un código de conducta para los grupos de interés y fijaba un régimen de infracciones y sanciones que ahora queda sin efecto.
Al margen de las medidas concretas, en la propia exposición de motivos del decreto-ley, el Gobierno justificaba la necesidad de su aprobación en la liberación de fondos del Plan de Recuperación, ya que la regulación era un compromiso con la Comisión Europea. En consecuencia, ahora España podría ver recortados alrededor de 800 millones de euros de fondos europeos que estaban pendientes de recibir en función de la convalidación o derogación de esta norma y a los cuales ya no se podría acceder en un futuro aunque se acabara aprobando una nueva normativa de lobbies.