La reirradiación con protonterapia alcanza un 67% de supervivencia en tumores de cabeza y cuello, según un estudio

Un estudio del CCUN muestra que la reirradiación con protonterapia ofrece un 67% de supervivencia anual en cáncer de cabeza y cuello recurrente.

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Imagen de cómo la protonterapia concentra la radiación en el tumor durante una reirradiación, preservando al máximo los tejidos sanos ya tratados. CUN

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Un estudio reciente del Cancer Center Clínica Universidad de Navarra (CCUN) ha puesto de manifiesto que la reirradiación con protonterapia logra una supervivencia global del 67 por ciento al año en pacientes con cáncer de cabeza y cuello recurrente que ya habían recibido previamente radioterapia.

El trabajo, difundido en la revista “Cancers” y realizado en una cohorte de 65 pacientes, se considera una de las series más amplias publicadas en Europa centradas de forma específica en protonterapia de intensidad modulada con técnica “Pencil Beam Scanning” (PBS). Sus conclusiones refuerzan el papel de esta modalidad avanzada para ampliar el abanico de opciones terapéuticas en pacientes seleccionados.

Tal y como subraya la CUN, la reirradiación es uno de los retos más complejos de la oncología radioterápica. Cuando el tumor reaparece en una región previamente irradiada con dosis completas, los tejidos sanos se encuentran muy próximos a su umbral de tolerancia y cualquier nueva dosis debe administrarse con extrema precisión para controlar la enfermedad sin aumentar de forma notable el riesgo de toxicidad.

En esta investigación se observó una supervivencia global mediana de 17,2 meses, una supervivencia libre de progresión de 10,1 meses y una tasa de finalización del tratamiento del 92 por ciento. Además, únicamente el 7,7 por ciento de los pacientes desarrolló mucositis oral aguda grave y no se detectaron toxicidades agudas de grado 4 o 5.

“La reirradiación constituye uno de los escenarios más complejos de nuestra especialidad porque los tejidos ya han recibido una dosis muy elevada de radiación y cada Gray administrado cuenta. La protonterapia nos permite concentrar mejor la dosis sobre el tumor y reducir la irradiación de los tejidos previamente tratados, ampliando así la ventana terapéutica de estos pacientes”, ha explicado el especialista del Departamento de Oncología Radioterápica del CCUN y primer autor del estudio, Enrique Amaya.

Además de confirmar el perfil de seguridad y eficacia de esta estrategia, el trabajo incorpora un hallazgo que puede contribuir a afinar la selección de los candidatos a reirradiación. En un primer análisis, los tumores situados en la base del cráneo o en áreas centrales próximas a esta región parecían asociados a peores desenlaces clínicos.

No obstante, el estudio detallado evidenció que esta diferencia se explicaba, sobre todo, porque estos pacientes presentaban una mayor carga de enfermedad localmente avanzada. De hecho, el estadio T3-T4 fue el único factor pronóstico independiente relacionado con una menor supervivencia libre de progresión.

“Este hallazgo indica que la localización del tumor, por sí sola, no debería excluir a un paciente de una posible reirradiación. Lo realmente determinante es valorar cuidadosamente la extensión de la enfermedad y seleccionar adecuadamente a los candidatos que pueden beneficiarse de este tratamiento”, señala Amaya.

Ampliar la ventana terapéutica

La CUN remarca que, en pacientes con cáncer de cabeza y cuello recidivado que no son candidatos a cirugía, la reirradiación se convierte, en numerosos casos, en la única alternativa con intención curativa. Sin embargo, plantear un segundo ciclo de radioterapia obliga a extremar la protección de estructuras críticas como la médula espinal, el tronco cerebral, las vías ópticas, los vasos carotídeos o la mandíbula.

Gracias a las características físicas del haz de protones, esta técnica permite concentrar la mayor parte de la dosis directamente sobre el tumor y disminuir la irradiación innecesaria de los tejidos sanos adyacentes y situados más allá de la lesión. Esta precisión dosimétrica amplía la ventana terapéutica, lo que se traduce en mayores probabilidades de control tumoral manteniendo un perfil de toxicidad aceptable.

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