Miles de manifestantes han comenzado este sábado a recorrer Madrid para reclamar nuevas medidas ante la crisis de la vivienda y avanzar hacia la convocatoria de una huelga general. Una de las columnas más numerosas ha partido a mediodía desde el entorno de Atocha en dirección a Cibeles y, después de recorrer sus primeros cientos de metros entre aplausos, silbatos y pancartas, seguían incorporándose personas procedentes de los barrios del sur de la capital y de municipios metropolitanos. La protesta está coordinada por la Confederación de Sindicatos de Inquilinas y diferentes colectivos sociales y forma parte de una jornada con movilizaciones en más de medio centenar de ciudades españolas.
Madrid ha organizado la marcha de una forma diferente a las últimas grandes protestas por vivienda. En lugar de concentrar a todos los asistentes en un único punto de salida, los convocantes han dividido la ciudad en cuatro grandes bloques territoriales: el sur sale desde Atocha; el oeste y centro, desde Plaza de España; el este, desde el Hospital de La Princesa; y el norte, desde la glorieta de Emilio Castelar. A ellos se suma una quinta columna formada por quienes continúan en la acampada de la Puerta del Sol, que sale desde el Oso y el Madroño. El objetivo es que todas terminen confluyendo en Cibeles, frente al Ayuntamiento de Madrid.
De Atocha a Cibeles: jóvenes, familias y jubilados
La afluencia se ha notado desde primera hora también en el transporte público. María Esther Muñoz, de 63 años, llegaba desde Carabanchel Alto y explicaba que los autobuses iban llenos y algunos dejaban de hacer paradas ante la cantidad de viajeros. En Marqués de Vadillo, añadía, acceder al Metro resultaba complicado por la afluencia. Acude porque considera "insostenible" que jóvenes que trabajan no puedan acceder a una vivienda y se ha encontrado durante el recorrido con amigos que habían tomado la misma decisión.
A su lado marchaba Antonio García, de 75 años, residente en Fuenlabrada. Él pudo comprar una vivienda y recientemente ha heredado otra en su pueblo, pero asegura que su situación personal no le impide reconocer el problema que afrontan generaciones más jóvenes. Sus nietos y sobrinos, explica, sufren la combinación de precariedad y dificultad para independizarse que observa en muchas familias de su entorno. "Yo podría estar acomodado, pero me identifico con la juventud y creo que las desigualdades hay que corregirlas. Y las tiene que corregir el Estado", resume.
El carácter intergeneracional vuelve así a aparecer en una movilización que comenzó poniendo el foco en los inquilinos pero que durante las últimas semanas ha ido incorporando a asociaciones vecinales, jóvenes, pensionistas y sindicatos laborales. CCOO ha llamado a participar en la protesta madrileña, mientras UGT ha incluido oficialmente entre sus convocatorias de este sábado su asistencia a la movilización de Cibeles.
La protesta llega un día después del revés en el Congreso
La marcha se produce en un momento especialmente tenso para la política de vivienda. El Congreso debatió este viernes dos reales decretos ley aprobados por el Gobierno el 29 de septiembre y ninguno consiguió los votos necesarios para seguir en vigor. Uno de ellos incluía medidas de protección para hogares vulnerables ante determinados desahucios, cambios sobre grandes tenedores, actuaciones para aumentar la vivienda asequible y diferentes modificaciones tributarias. El segundo reformaba la Ley de Arrendamientos Urbanos para facilitar la continuidad de los contratos de vivienda habitual una vez superados sus plazos mínimos.
La caída de los textos ha dado un nuevo impulso a las movilizaciones. Los sindicatos de inquilinos habían apoyado su convalidación, aunque consideraban que las medidas eran insuficientes y criticaban que el Ejecutivo hubiera dividido el paquete en dos decretos. Tras el rechazo parlamentario, el movimiento ha mantenido sus demandas de rebaja de los alquileres, mayor protección frente a los desahucios, contratos más estables y medidas sobre las viviendas controladas por grandes propietarios y fondos de inversión.
La manifestación, por tanto, no reclama únicamente recuperar las medidas que decayeron en el Congreso. Los convocantes pretenden ir más allá y cambiar las reglas del mercado del alquiler. Entre las reivindicaciones planteadas aparecen una reducción del 50% de los alquileres, contratos indefinidos y la expropiación de viviendas en manos de determinados fondos, propuestas del movimiento que requerirían diferentes cambios legales y que no forman parte actualmente de una norma en vigor.
De Maricarmen a la acampada de Sol
La movilización de este sábado es el último capítulo de una protesta que se aceleró tras el desahucio de Maricarmen Abascal, de 87 años, el pasado 23 de septiembre. Tres días después, una manifestación recorrió Madrid bajo el lema "Ni una Maricarmen más" y terminó dando origen a una acampada en la Puerta del Sol. Desde entonces, la plaza ha acogido asambleas, concentraciones y caceroladas que han mantenido la vivienda en el centro del debate político.
El caso de Maricarmen desencadenó inicialmente una campaña para que pudiera regresar a su vivienda y para aprobar el llamado "decreto Maricarmen". Sin embargo, la movilización ha ido ampliando sus objetivos. Incluso después de alcanzarse una solución para que la octogenaria pudiera regresar a su casa, la asamblea de Sol decidió mantener la protesta al considerar que resolver un caso concreto no solucionaba el problema de quienes se encuentran en situaciones similares.
La presión ha ido creciendo durante toda la semana. Este jueves miles de personas participaron en una cacerolada en Madrid y otras ciudades para reclamar la aprobación de los decretos, y la noche del viernes volvió a producirse una marcha desde Sol hacia Cibeles. La protesta de este sábado pretende ahora reunir esos diferentes focos en una convocatoria de mayor alcance.
"Hacia la huelga general", pero todavía sin fecha
El lema introduce una novedad importante: los convocantes quieren que las movilizaciones desemboquen en una huelga general por la vivienda. Eso no significa que exista ya una huelga general oficialmente convocada ni que tenga fecha. La portavoz del Sindicato de Inquilinas, Valeria Racu, ha explicado que el objetivo es comenzar a coordinar ese escenario con organizaciones sindicales y extender la protesta más allá del movimiento estrictamente inquilino.
La idea es convertir el problema de la vivienda en una reivindicación laboral y social más amplia. Los organizadores sostienen que el alquiler absorbe una parte creciente de los salarios y que la imposibilidad de independizarse afecta incluso a personas con empleo. El testimonio de los manifestantes que este sábado llegan desde Carabanchel, Fuenlabrada o Vallecas refleja precisamente esa dimensión: la protesta no está formada únicamente por personas amenazadas por un desahucio, sino también por familias preocupadas por las posibilidades de emancipación de sus hijos y nietos.
La movilización madrileña se desarrolla además de forma simultánea a más de 50 protestas en distintos puntos de España, con convocatorias durante todo el fin de semana. La Confederación de Sindicatos de Inquilinas busca así transformar las acampadas surgidas durante los últimos días en una estructura de movilización estatal y mantener la presión después de la votación del Congreso.
Cibeles, punto de encuentro de las cinco columnas
El punto final será la plaza de Cibeles, donde las columnas que atraviesan Madrid deben convertirse en una única concentración. A esta hora todavía no existe una cifra oficial consolidada de asistencia, por lo que el dato de "miles de personas" describe la afluencia observada en los diferentes recorridos sin anticipar un recuento definitivo de la Delegación del Gobierno o de los convocantes.
La escena de Atocha resume buena parte del cambio experimentado por las protestas durante la última semana. Lo que comenzó con la movilización contra el desahucio de una mujer de 87 años se convirtió después en una acampada permanente en Sol, pasó por el intento de sacar adelante dos decretos en el Congreso y llega este sábado a una marcha repartida por cinco puntos de Madrid con la huelga general como siguiente horizonte. El movimiento intenta demostrar ahora que puede mantener la presión después del fracaso parlamentario de las medidas y convertir una sucesión de protestas por la vivienda en una movilización social de mayor alcance.