Tras dos años de recesión y un crecimiento de apenas el 0,2% en 2025, la economía alemana empieza a mostrar señales de recuperación. Los desafíos estructurales que afronta su industria y las dificultades propias de la actual situación geopolítica persisten. Pero, paradójicamente en un contexto de mayor tensión para los costes energéticos, el gigante europeo comienza a emitir señales de optimismo.
El PIB avanzó un 0,4% durante el primer trimestre de 2026 y otro 0,3% en el segundo, según la última revisión de la Oficina Federal de Estadística alemana (Destatis). Entre abril y junio, la economía creció un 1% respecto al mismo periodo del año anterior.
Detrás de la recuperación aparece un cambio profundo en la política económica alemana. Berlín ha abierto la puerta a aumentar sus niveles de deuda y descuidar el déficit público del histórico rigor fiscal.
¿Qué ha hecho Alemania para sacar la cabeza?
La respuesta de la economía alemana se debe, en buena medida, a los estímulos fiscales aprobados por el Gobierno de Friedrich Merz, que ha apostado por la financiación de grandes inversiones en infraestructuras y ampliar el gasto en defensa fuera de los límites ordinarios.
El declive del gigante europeo se debía, al menos en parte, por el abandono de esta materia. "En los últimos años había descuidado las inversiones en infraestructuras, redes energéticas, tecnología... en aras de la reducción de la deuda y el déficit público", comenta para DEMÓCRATA el director de Coyuntura Económica de Funcas, Raymond Torres.
Merz ha puesto en marcha un importante plan de inversiones, centrado fundamentalmente en el sector de la defensa que ha conseguido movilizar al sector privado. Desde 2024, la inversión extranjera ha crecido un 80% en el país.
La industria es la más beneficiada por ese trasvase de recursos hacia el sector militar. "No es que las fábricas de automóviles se estén reestructurnado, pero aprovehcan esos proyectos de inverrsión", apunta Torres.
El presupuesto del Ministerio de Defensa ha aumentado desde los 62.400 millones de euros en 2025 hasta 82.700 millones en 2026. A esa cantidad se suman 25.500 millones procedentes del fondo especial de las Fuerzas Armadas.
El objetivo va más allá. El proyecto presupuestario para 2027 eleva a 109.700 millones el presupuesto del Ministerio de Defensa y el Gobierno pretende que el gasto computable por la OTAN pase del 2,8% del PIB en 2026 al 3,5% en 2029.
Todo tiene un coste
Alemania cerró 2025 con una deuda pública equivalente al 63,5% del PIB y un déficit del 2,7%, según los datos utilizados por la Comisión Europea. Bruselas calcula que el déficit aumentará hasta el 3,7% del PIB en 2026 y el 4,1% en 2027. La deuda, mientras, pasaría al 65,8% este año y al 68% en 2027.
El Bundesbank contempla un deterioro todavía mayor a medio plazo. Su previsión de junio apunta a que el déficit podría aproximarse al 5% del PIB en 2028 y la deuda rondar entonces el 70%.
En todo caso, Alemania parte de una posición más favorable que otras grandes economías europeas y mantiene la máxima calificación crediticia. Además, respecto a las normas europeas, el país se beneficia de la cláusula de salvaguarda europea que permite absorber el aumento del gasto militar a la hora de controlar el déficit.
Ese cambio coincide con unas condiciones financieras muy diferentes a las de la década anterior. Alemania, que llegó a financiarse a tipos negativos, presenta una rentabilidad de su bono a diez años en el entorno del 3%, cerca de los máximos registrados por ese bono durante los últimos doce meses.
En todo caso, Torres advierte de que las tendencias en deuda pública van más allá de la situación específica de Alemania. "Lo que está haciendo con sus planes de inversión también lo hacen otros países, lo que presiona al alza el recurso del mercado", explica.
Sucede en Estados Unidos, en Japón, y en otros países que cuentan con necesidades estructurales como Francia o Italia. También España, apunta, si bien en menor medida.
La inflación vuelve al 2,9% por la energía
La estimación provisional de Destatis sitúa la inflación de agosto en el 2,9% interanual, frente al 2,8% de julio y el 2,3% de junio. El principal responsable del último repunte es la energía. Sus precios aumentaron un 10,5% interanual en agosto, después del 8,3% de julio.
Para Alemania, la energía tiene una dimensión que supera el impacto sobre los hogares. La química, la siderurgia y otras industrias intensivas en consumo energético llevan años soportando unos costes que condicionan su competitividad frente a otros centros de producción.
El golpe de la invasión rusa de Ucrania, el fin del gas barato procedente de Moscú y el cierre de las nucleares ha forzado a un replanteamiento del modelo energético alemán en los últimos años, potenciando en buena medida la industria renovable. También las infraestructuras de gas natural licuado.
La amenaza China
El gigante asiático, que hace años era uno de sus grandes clientes, ahora se presenta como el gran competidor industrial y tecnológico de Alemania. El automóvil es el mejor ejemplo. "Los coches chinos entran en Europa a precios muy competitivos y adaptando sus motores eléctricos, poniendo en entredicho el liderazgo alemán", explica Torres.
Pocas empresas reflejan mejor esa transformación que Volkswagen. El grupo acaba de aprobar un nuevo plan que contempla otros 50.000 recortes de empleo, incluidos puestos directivos, mientras intenta recuperar competitividad.
El ajuste afecta también al producto. Volkswagen pretende reducir aproximadamente a la mitad su gama y recortar en torno a un 75% la complejidad de su oferta hasta 2035. El grupo busca concentrar producción y elevar economías de escala mientras adapta su estrategia en China.
No es un caso aislado
Otras firmas como BASF, Thyssenkrupp, ZF y Continental también ajustan sus plantillas. BASF lleva su propia reestructuración en Ludwigshafen, uno de los grandes complejos químicos europeos. Entre enero de 2024 y junio de 2026 redujo su plantilla mundial en unas 7.000 personas. En mayo, bajó de 30.000 empleos equivalentes a tiempo completo en Ludwigshafen por primera vez desde 1954.
La siderurgia presenta una situación similar. Thyssenkrupp Steel ha acordado una reorganización que contempla recortar o externalizar alrededor de 11.000 empleos.
La presión se extiende a los proveedores del automóvil. ZF Friedrichshafen prevé reducir entre 11.000 y 14.000 puestos en Alemania hasta finales de 2028, dentro de una reorganización destinada a adaptar su capacidad a una demanda más débil y a la transformación hacia el vehículo eléctrico.
En Continental, su división ContiTech ha pactado eliminar unos 3.000 empleos en todo el mundo, 1.600 de ellos en Alemania, y trasladar parte de las actividades a localizaciones con estructuras de costes más competitivas.
No son situaciones idénticas, pero en ellas confluyen costes elevados, capacidad industrial sobrante en determinados sectores, competencia internacional y grandes necesidades de inversión para transformar productos y procesos.
Después del gasto llegan los recortes
La política expasiva conlleva resacas. Y los planes presupuestarios empiezan a incorporar una consolidación posterior. El Gobierno ha incorporado en su planificación necesidades de consolidación que alcanzan alrededor de 48.000 millones de euros en 2030.
El sistema de pensiones está en el punto de mira. El Gobierno prevé reducir en 1.000 millones de euros la aportación federal al sistema de pensiones en 2027 y señala medidas de ahorro en el seguro sanitario desde ese mismo año.
Alemania ya ejecutado reformas en el sistema de pensiones, pero se enfrenta a las mismas dinámicas de envejecimiento de la población que otras economías europeas. Sin nuevas medidas, el Bundesbank estima que el tipo de cotización al sistema de pensiones tendría que pasar del 18,6% actual a cerca del 20% en 2028.
Y, por ahora, crece por debajo de Europa
Pese a sacar a Alemania del estancamiento, el plan de inversiones todavía no resuelve los problemas de fondo de la economía alemana. La Comisión Europea prevé un crecimiento de apenas el 0,6% en 2026 y el 0,9% en 2027.
Las previsiones de BBVA Research son más optimistas. Creen que Alemania pueda alcanzar un avance del 0,8% este año y del 1,3% en 2027.
Los resultados de ese plan de inversiones dictaminarán las futuras reformas que deba emprender el país.
"El razonamiento hasta ahora del Gobierno Merz es, primero reactivar la economía y después ajustar para evitar desequilibrios pronunciados en las cuentas públicas", razona Torres. "Hasta ahora, se lo han podido permitir porque partían de unos niveles de deuda y déficit muy controlados".