Era 1995, el felipismo daba sus últimos coletazos y el mapa autonómico terminaba de encajar. En marzo, Ceuta y Melilla adquirieron simultáneamente la condición de ciudades autónomas con la aprobación de sus respectivos Estatutos de Autonomía.
España concluía así el puzzle territorial iniciado en la Transición, y que los sucesivos Gobiernos desde Adolfo Suárez hasta Felipe Gónzalez habían tenido como prioridad. Pero aprobar un Estatuto no significaba que todas las competencias previstas en él pasaran automáticamente a ejercerse. Fue necesario desarrollar el nuevo marco y efectuar los correspondientes traspasos de funciones y servicios del Estado.
Ese es precismante el periodo que Juan Jesús Vivas ha recuperado tres décadas después. El presidente ceutí aprovechó la visita de José María Aznar a Ceuta el pasado 27 de agosto para asegurar que su llegada a La Moncloa significó "un antes y un después en el devenir de nuestra ciudad de los últimos 30 años".
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El expresidente del Gobierno viajó a la ciudad para mostrar su apoyo tras la entrada masiva de migrantes de los días 30 y 31 de julio, que ha abierto una crisis política, migratoria y diplomática que todavía condiciona la vida ceutí. La presdencia de Aznar tuvo una doble dimensión. Su figura está inevitablemente asociada a episodios como la crisis del islote de Perejil de 2002, clave en la historia de las relaciones entre España y Rabat, pero también al desarrollo institucional de la autonomía ceutí.
La autonomía se ejerce
Uno de los primeros hitos se produjo en diciembre de 1996, apenas siete meses después de la llegada de los populares a La Moncloa. El Consejo de Ministros aprobó una batería de reales decretos que hicieron efectivos distintos traspasos de funciones y servicios del Estado a la Ciudad.
Entre ellos figuraban competencias en conservación de la naturaleza, medio ambiente, ordenación del territorio y urbanismo, carreteras, patrimonio arquitectónico y vivienda. El BOE publicó conjuntamente buena parte de esos traspasos en enero de 1997.
Pero no se trató únicamente de un cambio nominal. En urbanismo, por ejemplo, Ceuta pasó a asumir funciones de aprobación de planes, gestión, tutela y fiscalización dentro de los límites establecidos por la legislación estatal. En carreteras ocurrió algo similar: la Ciudad recibió funciones y servicios que hasta entonces ejercía directamente la Administración General del Estado.
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El proceso continuó durante toda la legislatura. En 1999 se aprobaron nuevos traspasos en materias como asistencia social, cultura y deporte, sanidad y defensa de consumidores y usuarios. En asistencia social, el traspaso incorporaba también bienes, personal y créditos presupuestarios vinculados a los servicios asumidos. Y en sanidad, la ciudad asumió funciones vinculadas principalmente a salud pública, inspección, vigilancia epidemiológica y control sanitario, aunque determinadas competencias siguieron en manos del Estado.
El Consejo de Política Fiscal y Financiera
El otro gran salto fue financiero e institucional. A finales de 1996, las Cortes aprobaron la modificación de la Ley Orgánica de Financiación de las Comunidades Autónomas para integrar expresamente a Ceuta y Melilla en el Consejo de Política Fiscal y Financiera.
La propia exposición de motivos de la Ley Orgánica 3/1996 explicaba la razón: después de convertirse en ciudades autónomas, era necesario "formalizar la inserción de sus respectivos regímenes financieros" dentro del sistema general de financiación autonómica, preservando sus peculiaridades fiscales. La reforma permitió que Ceuta estuviera representada en el principal órgano de coordinación financiera entre el Estado y las autonomías.
En citas
Aunque Juan Jesús Vivas quiso reconocer al expresidente del Gobierno su contribución a la normalización institucional de Ceuta, Jose María Aznar puso el foco en la crisis que atraviesa la región.
Durante su visita, situó la crisis en el terreno de la soberanía nacional y sostuvo que con la entrada masiva se había "violado la integridad territorial" de España. El expresidente reclamó "firmeza" en la respuesta del Estado, advirtió de que "la debilidad es y será siempre provocadora" y defendió que "la soberanía nacional no tiene vacaciones". También vinculó directamente el porvenir de la ciudad con el del conjunto del país: "El futuro de Ceuta es el futuro de España".