Un equipo de especialistas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW, por sus siglas en inglés), en Australia, ha llevado a cabo un nuevo metaanálisis en el que se relaciona el uso de cannabis con una aparición más temprana de la psicosis.
El trabajo, difundido en la revista especializada ‘Biological Psychiatry’, concluye que quienes consumen esta sustancia desarrollan este trastorno de media unos dos años y medio antes que las personas que no la utilizan, una diferencia que se hace más marcada a medida que aumenta la edad. De acuerdo con los autores, puede llegar a observarse una distancia “de más de seis años entre los consumidores y no consumidores de cannabis que desarrollan psicosis a los 30 años”.
Los investigadores recuerdan que la psicosis es un síntoma característico de la esquizofrenia y de otros trastornos psiquiátricos graves, y que puede manifestarse con delirios, alucinaciones, pensamiento desorganizado y conducta desordenada. Han precisado, además, que “generalmente, aparece al final de la adolescencia o al principio de la edad adulta, pero puede presentarse en un amplio rango de edad”.
Para sustentar sus conclusiones, el equipo ha revisado 149 estudios realizados desde 2011, con datos de más de 71.000 participantes, en su mayoría procedentes de Europa, Norteamérica y Australia. La mayor parte de las investigaciones se centraban en personas diagnosticadas de esquizofrenia.
En conjunto, se observó que la psicosis tendía a debutar a una edad media de entre 20 y 24 años. Dentro de ese intervalo, quienes consumían cannabis vivieron su primer episodio psicótico aproximadamente 1,6 años antes que los no consumidores. “La diferencia aumentó a 4,43 años en los estudios donde la psicosis se desarrolló entre los 25 y los 29 años, y a 6,3 años entre los mayores de 30 años”, han señalado los autores.
Estos resultados indican que el uso de cannabis se vincula con un inicio más temprano de la psicosis y que ese impacto parece intensificarse con los años, según ha explicado el investigador principal, el psiquiatra Matthew Large, profesor adjunto de la Facultad de Medicina de la UNSW. Large ha añadido que el análisis pone el foco sobre todo en los riesgos del consumo en la adolescencia, “cuando el cerebro aún se está desarrollando”.
Un riesgo que se acumula con el tiempo
Aun así, ha advertido de que “el riesgo no desaparece al llegar a los 20 años”, y ha apuntado que lo observado “sugiere un efecto acumulativo, donde el daño se incrementa con el tiempo, de forma similar al alcohol o la nicotina”. “Puede que exista un límite biológico, en el sentido de que solo se puede adelantar la aparición de los síntomas hasta cierto punto”, ha detallado.
En esta línea, ha indicado que “en los grupos más jóvenes, pueden predominar factores de riesgo de psicosis, genéticos o de otro tipo relacionados con el desarrollo, lo que dificulta la detección de cualquier cambio de edad vinculado al cannabis”. Sin embargo, ha recalcado que este metaanálisis no prueba de forma definitiva que el cannabis cause psicosis ni que sea el desencadenante directo, ya que, “para ello, se requeriría una investigación experimental que sería poco ética”.
Con todo, ha defendido que “la consistencia de la evidencia, en particular el fuerte efecto en adultos mayores que probablemente han estado consumiendo cannabis durante más tiempo, respalda la teoría de que el cannabis juega un papel causal en el momento de aparición de la psicosis y, posiblemente, en la aparición de algunos casos entre personas que de otro modo no habrían desarrollado psicosis”.
La doctora Carly Stevens, integrante de la Facultad de Ciencias Biomédicas de la UNSW y autora principal del metaanálisis, considera que los hallazgos cuestionan la idea de que retrasar el inicio del consumo hasta la veintena elimina el peligro. A su juicio, lo descubierto pone “en tela de juicio” la creencia de que no ocurre nada si se empieza a fumar marihuana “hasta los veintitantos años”. “Simplemente no es así”, ha remarcado.
“Se ha hecho mucho hincapié en que los adolescentes no fumen cannabis, lo cual es importante, pero necesitamos ampliar las advertencias a todo el mundo”, ha insistido Stevens. Por su parte, Large ha recordado que la psicosis “es una enfermedad grave que te arrebata la realidad”. A su entender, “si logramos retrasar la psicosis aunque sea unos pocos años, las personas tendrán más probabilidades de alcanzar hitos cruciales en su educación y formación, y de desarrollar sólidas redes de apoyo que pueden protegerlas contra el deterioro psicosocial”.
El psiquiatra ha añadido que conseguir ese retraso “además, reduciría la carga sobre el sistema sanitario, dado que hasta el 3 por ciento del gasto relacionado con la salud en los países desarrollados se atribuye a los trastornos psicóticos”.