El Banco de España calcula que una mayor densificación de las seis grandes áreas urbanas del país permitiría añadir entre 500.000 y 1,2 millones de viviendas a la oferta residencial. El organismo plantea aprovechar de forma más intensa el suelo que todavía se encuentra en desarrollo urbanístico, donde la densidad prevista es inferior a la de las zonas ya consolidadas.
La estimación más elevada corresponde a un escenario teórico en el que las áreas en transformación alcanzasen la densidad media de los espacios urbanos consolidados. En un supuesto más moderado, siguiendo el gradiente de densificación observado en esas zonas, el incremento sería de unas 500.000 viviendas. El análisis se refiere a Madrid, Barcelona, Málaga, Valencia, Zaragoza y Sevilla y no significa que esas casas estén actualmente proyectadas o puedan construirse de forma inmediata.
Madrid concentraría el 67% de las viviendas adicionales del escenario de 500.000 unidades, mientras que Barcelona aportaría otro 21%. El propio Banco de España presenta la densificación como una de las alternativas disponibles para los municipios que afrontan escasez de suelo y no como una solución automática al problema residencial.
La propuesta parte de una diferencia que el supervisor identifica entre las ciudades ya construidas y los nuevos desarrollos. Las áreas consolidadas de Valencia, Zaragoza y Sevilla presentan aproximadamente 1,7 veces más densidad que las zonas de desarrollo, mientras que en Barcelona, Madrid y Málaga la relación se sitúa entre dos y 2,5 veces.
Los nuevos barrios se construyen con menor densidad
El análisis del Banco de España señala que los planes urbanísticos de las áreas que todavía están en transformación contemplan, de media, una densidad residencial menor que la existente en las partes consolidadas de las mismas áreas urbanas.
La diferencia se explica en parte por la elevada densificación que experimentaron las grandes ciudades españolas durante la segunda mitad del siglo XX. El organismo también apunta que las áreas urbanas españolas son, en términos comparativos, más dispersas que otras grandes áreas europeas y que la densidad disminuye de forma más acusada desde los centros hacia las periferias.
El planteamiento no consiste únicamente en aumentar la altura de los edificios. La estimación parte de utilizar de manera más intensiva el suelo urbanizable que ya está contemplado en los procesos de transformación, modificando la densidad residencial prevista en esos ámbitos.
La falta de vivienda no se explica solo por el suelo
La propuesta aparece en un contexto en el que la oferta residencial española está reaccionando con lentitud al crecimiento de la demanda. El Informe Anual 2025 del Banco de España señala que el aumento de la demanda y de los precios habría hecho esperar un incremento sostenido de la inversión y de la producción de vivienda, pero la respuesta de la oferta continúa siendo limitada.
Entre los obstáculos identificados por el organismo figuran la escasez de suelo edificable, la lentitud en la ejecución de las viviendas previstas y las dificultades asociadas a la planificación y gestión urbanística. A estos factores se suman problemas de productividad, tamaño empresarial y disponibilidad de mano de obra en el sector de la construcción.
La actividad constructora tampoco está respondiendo al ritmo que exigiría la presión residencial. El Banco de España señala que en 2025 se terminaron unas 92.000 viviendas, un 9% menos que el año anterior, mientras que la inversión residencial se mantiene por debajo de los niveles registrados durante otros periodos de fuerte crecimiento de la demanda.
Más viviendas también exige más infraestructuras
El Banco de España advierte de que una mayor densificación no puede plantearse únicamente desde el número de viviendas. El crecimiento de las áreas urbanas requiere planificar y financiar simultáneamente las infraestructuras necesarias para absorber a una población mayor.
El transporte público y privado es uno de los elementos que el organismo considera necesario reforzar. También señala la necesidad de ampliar la dotación de servicios públicos, entre ellos los educativos y sanitarios, para evitar que el aumento de residentes genere costes adicionales de congestión.
La capacidad de aumentar la oferta residencial dependerá, por tanto, de decisiones que corresponden a las administraciones responsables de la planificación urbanística y de la inversión en servicios e infraestructuras. La densificación aparece en el informe como una herramienta disponible para utilizar de forma más intensiva el suelo ya destinado a nuevos desarrollos.