Las redes sociales no fueron un elemento accesorio en la entrada masiva registrada en Ceuta los días 30 y 31 de julio. Según el informe del Centro Nacional de Inmigración y Fronteras al que ha accedido DEMÓCRATA, constituyeron la infraestructura utilizada para captar participantes, multiplicar el llamamiento, coordinar los desplazamientos y mantener la movilización durante el desarrollo de los acontecimientos.
El documento policial describe una estrategia digital escalonada. Los mensajes aparecieron primero en plataformas abiertas como Facebook, Instagram y TikTok. Los usuarios que mostraban un interés activo eran derivados posteriormente a grupos cerrados de WhatsApp, donde la conversación dejaba de ser genérica y pasaba a incluir instrucciones operativas, rutas de transporte, horarios, puntos de reunión y recomendaciones para evitar la vigilancia.
La actividad registrada en los grupos monitorizados por la Policía pasó de 344 mensajes el 28 de julio a 1.341 el día 29 y alcanzó un máximo de 1.974 mensajes el 30 de julio. Ese último dato supone un incremento del 3.363,1% respecto al mayor volumen diario detectado antes del día 28.
El CENIF considera que esta evolución no responde a una propagación espontánea. El informe habla de un patrón dirigido a maximizar la viralización, de perfiles y números de teléfono que actuaron como amplificadores y de una campaña compatible con un modelo de difusión planificado que habría tratado de reducir al mínimo la exposición pública hasta los días inmediatamente anteriores a la entrada.
El embudo digital: captar en abierto y coordinar en WhatsApp
El mecanismo descrito por la Policía funcionaba como un embudo. La parte superior estaba formada por Facebook, Instagram y TikTok, donde se difundían mensajes breves, emocionales y fáciles de compartir.
En esta primera fase se anunciaba la fecha del 30 de julio, se preguntaba por la existencia de otros grupos y se animaba a compartir la convocatoria. También se difundían preguntas destinadas a reducir la percepción del riesgo, como qué ocurriría si una persona era interceptada en el mar.
La función de estas plataformas abiertas era ampliar el alcance y detectar a los usuarios interesados. La coordinación concreta se trasladaba después a grupos cerrados de WhatsApp.
El informe policial sitúa este cambio principalmente durante los días 29 y 30 de julio. En esos grupos ya se hablaba de avanzar en equipos de diez personas, coordinar una entrada colectiva y organizar los desplazamientos hasta el entorno de la frontera.
Uno de los mensajes analizados ofrecía incluso una ruta completa: compartir un vehículo de la plataforma InDrive, viajar en tren hasta Tánger, continuar en taxi hasta M’Diq y caminar alrededor de una hora y media hasta Fnideq, la localidad marroquí fronteriza con Ceuta.
Otros participantes recomendaban reducir la comunicación digital porque internet podía estar monitorizado y pedían que determinados grupos se comunicaran mediante mensajes manuscritos.
La estrategia, por tanto, separaba dos funciones: las redes abiertas proporcionaban alcance y captación; WhatsApp ofrecía privacidad, segmentación y coordinación operativa.
El interés se mantuvo oculto hasta las últimas 48 horas
Uno de los elementos más relevantes del informe es la evolución temporal de la conversación.
Entre el 18 y el 24 de julio, los grupos monitorizados registraron una actividad reducida, con cifras que oscilaron entre dos y 23 mensajes diarios. La primera activación se produjo entre los días 24 y 28, cuando el volumen comenzó a crecer sin llegar todavía a exteriorizar una movilización masiva.
El 28 de julio se contabilizaron 344 mensajes. El día 29, la cifra se disparó hasta los 1.341. El máximo se alcanzó el 30 de julio con 1.974 mensajes, seguido de otros 1.627 el día 31 y 1.403 el 1 de agosto.
A partir del día 2 comenzó el descenso: 517 mensajes el 2 de agosto, 464 el día 3, 290 el día 4, 151 el día 5 y 62 el día 6. Desde el 10 de agosto, la actividad regresó a niveles similares a los registrados antes del inicio de la movilización.
Estas cifras corresponden exclusivamente a los grupos monitorizados por el CENIF. No representan el volumen total de publicaciones difundidas en todas las plataformas, por lo que la conversación digital real pudo ser considerablemente mayor.
Para la Policía, lo significativo no es solo el crecimiento, sino su concentración temporal. El interés fue aumentando de manera contenida y solo se hizo visible de forma explosiva en las horas inmediatamente anteriores a la entrada masiva, reduciendo la ventana disponible para detectar y neutralizar la convocatoria.
Una narrativa diferente para cada fase
El documento policial divide la campaña digital en tres momentos: antes, durante y después de la entrada.
Antes del 30 de julio, los mensajes buscaban generar expectación, reunir participantes y resolver dudas. Se anunciaba la fecha, se solicitaba información sobre grupos y se alentaba a compartir la convocatoria.
Durante los días 30 y 31, la comunicación se generalizó simultáneamente en todas las aplicaciones. Los mensajes pasaron a ofrecer actualizaciones en tiempo real sobre la situación de la frontera y a transmitir la idea de que había surgido una oportunidad inmediata que podía desaparecer.
Se difundieron afirmaciones como “han abierto la puerta”, llamadas a desplazarse urgentemente a Castillejos y mensajes que utilizaban el volumen de participantes como incentivo: “Somos mil y entramos”. Otros usuarios aseguraban que indicarían el camino o informaban sobre la posición y apariencia de los agentes.
Funcionalmente, estos mensajes cumplían tres objetivos: crear urgencia, ofrecer una prueba social de que miles de personas estaban participando y transmitir que el riesgo de ser detenido había disminuido.
Después de la entrada, la conversación volvió a cambiar. Los mensajes empezaron a ofrecer consejos para evitar la devolución, permanecer ocultos en Ceuta o formular argumentos que dificultaran el retorno a Marruecos.
La misma infraestructura digital sirvió así para activar la movilización, dirigirla mientras se producía y prolongar posteriormente algunos de sus efectos.
Tres mensajes para convertir la entrada en una “oportunidad única”
La estrategia de viralización no se construyó únicamente alrededor de una fecha. Según el informe consultado por Demócrata, utilizó acontecimientos reales que fueron simplificados, distorsionados y convertidos en consignas de fácil transmisión.
El primer elemento fue una sentencia del Tribunal Supremo sobre las devoluciones desde el mar. El CENIF aclara que la resolución judicial no provocaba por sí misma la movilización.
Lo que actuó como factor de empuje fue su manipulación y traducción a un mensaje viral: “Si entras nadando, no pueden devolverte”.
El segundo elemento fue la celebración del Día del Trono en la cercana localidad de M’Diq. Las publicaciones difundían que las fuerzas de seguridad marroquíes se encontraban ocupadas en el dispositivo desplegado por la presencia de la familia real y que la frontera estaba desprotegida.
El informe considera que la proximidad del rey de Marruecos y del establishment del país también pudo proyectarse digitalmente como una especie de “consentimiento tácito”. La elección de un día no laborable facilitaba, además, que más personas se sumaran a la convocatoria.
El tercer elemento fue el proceso extraordinario de regularización desarrollado en España. Aunque quienes accedieran a Ceuta en esas fechas no podían beneficiarse de un procedimiento que ya había finalizado, la campaña lo convirtió en otra consigna simplificada: “En España, al final consigues papeles”.
La combinación de estas tres ideas construía una ventana de oportunidad aparentemente irrepetible: no podrían devolverte si entrabas nadando, la frontera estaba desprotegida y permanecer en España acabaría permitiendo obtener documentación.
Administradores y teléfonos que actuaban como altavoces
El CENIF identifica perfiles y números de teléfono presentes simultáneamente en varios de los grupos monitorizados. Entre ellos aparecen administradores y participantes que intervenían de manera recurrente para reproducir los mismos mensajes en distintos espacios.
El informe los denomina “dinamizadores del mensaje”. Su función consistía en actuar como altavoces, trasladar contenidos entre diferentes grupos y mantener activa la conversación digital.
La existencia de estos perfiles es uno de los elementos utilizados por la Policía para descartar una viralización completamente descentralizada. Sin embargo, el documento no identifica a sus titulares ni demuestra quién les daba instrucciones.
El 90,8% de los números de teléfono examinados tenía prefijo marroquí. El 9,2% restante correspondía a líneas de otros países de África, Europa, Oriente Próximo y Asia.
Dentro de ese 9,2% de números no marroquíes, el 29,5% tenía prefijo argelino. Esto significa que las líneas argelinas representaban aproximadamente un 2,7% de la muestra total, un dato que por sí solo no permite atribuir a Argelia la organización de la campaña.
El propio informe reconoce que las bases de datos españolas no permiten identificar a los titulares de la mayoría de esos teléfonos. Además, un prefijo indica dónde está registrada una línea, pero no acredita la nacionalidad del usuario, su ubicación real ni su pertenencia a una estructura determinada.
Una campaña compatible con automatización y expertos en contenidos
El CENIF considera que la difusión presenta características compatibles con lo que el documento denomina método SPREAD, un modelo de diseño de contenidos virales orientado a reducir la dependencia del azar y favorecer una distribución masiva.
La Policía no afirma que haya podido reconstruir técnicamente todas las herramientas utilizadas. Lo que sostiene es que el ajuste de los mensajes a las distintas fases, su capacidad para saltar entre plataformas y la explosión concentrada de la actividad resultan difíciles de explicar mediante una acumulación de casualidades.
Según el informe, una campaña de estas características requeriría una intención previa, herramientas de automatización de cierta complejidad y la intervención de especialistas capaces de diseñar contenidos, construir una estructura de distribución y optimizar su alcance.
Se trata de una valoración policial sobre la metodología que podría explicar el comportamiento observado. El documento no aporta en sus 55 páginas una identificación de las herramientas automatizadas concretas, una relación de cuentas controladas mediante bots ni una atribución técnica de la infraestructura a un Gobierno o institución.
Sí concluye que existió una “dirección estratégica” basada en la dinamización y viralización de mensajes, la activación y desactivación de perfiles, el uso de sistemas de mensajería y la difusión de desinformación y contranarrativas adaptadas a cada fase.
Una estructura difusa con funciones repartidas
El informe no describe una organización digital con una jerarquía tradicional y perfectamente visible. Habla de una estructura “difusa”, con actuaciones descentralizadas y deslocalizadas.
Dentro de ella distingue varias funciones: promotores de la iniciativa, organizadores, viralizadores, dinamizadores y personas encargadas del seguimiento y el control.
Esta división permitía ocultar la autoría intelectual. Unos perfiles lanzaban el mensaje, otros amplificaban la conversación, otros trasladaban a los interesados hacia grupos cerrados y una última capa conectaba la movilización digital con las indicaciones sobre desplazamientos y puntos de acceso.
El CENIF asegura que las organizaciones criminales dedicadas habitualmente a la inmigración irregular no participaron en la promoción de la campaña. Pese a la monitorización policial de sus grupos, perfiles y teléfonos, el informe afirma que no existe ninguna referencia de esas redes animando a la movilización.
Para los investigadores, la dimensión técnica y operativa de la campaña excedía ampliamente las capacidades conocidas de las mafias que actúan en el entorno de Ceuta.
La segunda convocatoria fue mucho más fácil de detectar
La comparación con una nueva convocatoria anunciada para el 15 de agosto ocupa un lugar destacado en el análisis digital.
A diferencia de lo ocurrido el 30 de julio, la segunda llamada comenzó a viralizarse con mucha más antelación. Sus indicadores eran visibles y públicos desde el inicio, lo que facilitó que las autoridades y los medios de comunicación detectaran el movimiento.
Las autoridades marroquíes respondieron además con mensajes inmediatos en los que advertían de que no tolerarían ningún intento de entrada. La convocatoria perdió así dos elementos esenciales de la primera campaña: la sorpresa y la percepción de que la frontera se encontraba abierta.
El informe plantea, en términos condicionales, que esta segunda convocatoria pudo ser un proceso “manejado” y artificialmente más detectable, destinado a mostrar la capacidad de control de las fuerzas de seguridad marroquíes y “blanquear” su respuesta durante los días 30 y 31 de julio.
No se trata de una autoría acreditada, sino de una hipótesis que el CENIF extrae al comparar el comportamiento digital y policial de ambas convocatorias.
La batalla posterior por imponer el relato
La estrategia digital no terminó con el cierre de la frontera. El informe analiza una fase posterior de narrativa y contranarrativa difundida por canales oficiales marroquíes o medios vinculados directa o indirectamente al régimen.
Según el documento, estos relatos atribuyeron lo sucedido a organizaciones criminales, a una supuesta injerencia argelina, a las relaciones de España con Argelia y el Sáhara o a la consideración de Ceuta y Melilla como territorios ocupados.
El CENIF sostiene que algunos de estos argumentos fueron sometidos a procesos de “blanqueo” mediante autores extranjeros y su posterior publicación en medios de comunicación españoles o internacionales.
Esta fase tenía un objetivo diferente al de la convocatoria inicial. Ya no buscaba movilizar personas hacia la frontera, sino disputar la interpretación de lo ocurrido, dispersar las responsabilidades y trasladar la atención hacia actores alternativos.