España se estanca en libertad económica: sigue en el puesto 53 y la inversión pública continúa lejos de 2009

España mantiene el puesto 53 en el índice de la Fundación Heritage, mientras el IEE advierte de una inversión pública en infraestructuras muy por debajo de los niveles de 2007

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Vista de las obras del soterramiento de la carretera A-5, a 13 de octubre de 2025, en Madrid | Eduardo Parra / Europa Press

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España sigue sin ganar posiciones en libertad económica y tampoco recupera el músculo inversor público perdido tras la crisis. El país ocupa el puesto 53 de 184 economías en el índice de Heritage elaborado para el Instituto de Estudios Económicos y, mantiene la inversión pública en infraestructuras muy lejos de los niveles de 2009, pese al volumen extraordinario de fondos europeos movilizados en los últimos años. La fotografía cambia en el sector privado, cuya inversión supera la media europea.

España obtiene 66,8 puntos en el Índice de Libertad Económica 2026 de la Fundación Heritage, frente a los 66,3 del año anterior. La mejora, de apenas medio punto, no modifica su posición en la clasificación internacional. El país continúa en el puesto 53 de 184 economías.

La puntuación española está 6,9 puntos por encima de la media mundial, situada en 59,9 puntos. Pero la comparación resulta menos favorable cuando se toma como referencia a las economías desarrolladas. Con la media de la OCDE fijada en 100, España alcanza 93,1 puntos y ocupa el puesto 31 de los 38 países de la organización.

El IEE, que analiza los resultados del índice en el contexto español, advierte además de una evolución desigual entre sus distintos componentes. La salud fiscal mejora 16,5 puntos respecto al año anterior, mientras que la facilidad inversora retrocede diez puntos, el mayor descenso registrado entre los indicadores analizados.

La inversión pública continúa lejos de los niveles previos a la crisis

La otra gran fotografía del informe aparece en la inversión pública. España mantiene un nivel de inversión en infraestructuras muy inferior al de los años anteriores a la crisis financiera.

El IEE calcula que la inversión pública en infraestructuras rondó los 13.000 millones de euros en 2024, aproximadamente el 1% del PIB. En 2007 alcanzaba cerca de 28.000 millones, equivalentes al 2,4% del PIB. El esfuerzo inversor actual se encuentra así alrededor de un 54% por debajo del registrado entonces.

La brecha también aparece cuando se compara España con sus socios europeos. Entre 2019 y 2024, el déficit medio de inversión respecto a la UE se situó en unos 19.000 millones de euros anuales, equivalente al 1,4% del PIB. Aproximadamente la mitad de esa diferencia correspondió al sector público, con unos 10.500 millones de euros al año.

La evolución resulta especialmente significativa después del despliegue de los fondos europeos. Según los datos oficiales del Plan de Recuperación, hasta el 30 de abril de 2026 se habían reconocido obligaciones por 101.619,839 millones de euros sobre un crédito acumulado de 123.163,302 millones.

El IEE señala que la inversión en infraestructuras comenzó a recuperarse a partir de 2023 con el apoyo de los fondos europeos, aunque continúa claramente por debajo de los niveles registrados durante la primera década del siglo.

El problema no se limita a la construcción de nuevas infraestructuras. También afecta al mantenimiento de las existentes. Entre 2018 y 2024, la inversión media anual destinada a mantenimiento fue de 10.500 millones de euros, frente a los 12.000 millones que el instituto estima necesarios para compensar la depreciación del stock. Para el periodo 2013-2022, sus cálculos apuntan a que habrían sido necesarios más de 17.000 millones adicionales para evitar su deterioro.

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Gráfico de la inversión total de los países de la UE. Fuente: Eurostat.

La empresa privada invierte por encima de la media europea

La fotografía cambia cuando se separa la inversión empresarial de la pública. La inversión total de la economía española se situó en el 20,3% del PIB, por debajo del 21,6% de la Unión Europea y del 21,4% de la eurozona.

Pero esta cifra agrega la inversión pública y la privada. Cuando se observa únicamente el esfuerzo inversor de las empresas, España presenta una posición diferente: la inversión empresarial alcanzó el 13,1% del PIB, frente al 12,5% de la UE y el 12,2% de la eurozona.

El contraste permite entender mejor el dato de inversión total. El sector empresarial español está invirtiendo por encima de la media comunitaria, mientras que el menor peso de la inversión pública contribuye a que el conjunto de la inversión española quede por debajo de los niveles europeos.

El sector privado concentra, además, el 88% del stock de capital neto y el 89% de la inversión en tecnologías de la información y las comunicaciones, según los datos analizados por el IEE.

La diferencia entre ambos sectores también aparece en los indicadores de productividad y eficiencia. La productividad del sector privado español es un 39% superior a la del sector público. En términos de eficiencia, la diferencia alcanza el 33,1%, la tercera mayor de la OCDE, según el instituto.

De izquierda a derecha, Gregorio Izquierdo, director del Instituto de Estudios Económico, junto a Iñigo Fernández de Mesa, presidente del Instituto de Estudios Económicos. Foto: IEE.
De izquierda a derecha, Gregorio Izquierdo, director del Instituto de Estudios Económico, junto a Iñigo Fernández de Mesa, presidente del Instituto de Estudios Económicos. Foto: IEE. -

España supera a la OCDE en libertad de empresa

El comportamiento de España también cambia cuando se analiza específicamente la libertad de empresa. En este componente, el país alcanza 102,2 puntos, tomando como referencia 100 para la media de la OCDE. También supera la media de la Unión Europea, situada en 99,8 puntos.

El dato introduce un contraste dentro del propio índice: España se encuentra por encima de las medias de referencia en libertad de empresa, aunque presenta una posición más débil en otros componentes de la libertad económica.

Entre los principales obstáculos para la actividad empresarial aparecen los costes energéticos, la incertidumbre sobre la política económica y la escasez de mano de obra. Estos tres factores figuran entre las principales preocupaciones empresariales entre 2024 y 2026.

Las dificultades para cubrir vacantes presentan además un marcado componente sectorial. Los mayores problemas se concentran en la construcción, la hostelería, la agricultura y la industria.

La facilidad para invertir pierde diez puntos

La evolución de los distintos componentes del índice deja dos movimientos especialmente destacados. La salud fiscal mejora 16,5 puntos en un año, aunque todavía mantiene una brecha de 15,4 puntos respecto a las economías avanzadas.

En sentido contrario, la facilidad inversora pierde diez puntos y se sitúa 13,4 puntos por debajo de ese mismo grupo de referencia. La integridad gubernamental completa los ámbitos en los que el IEE identifica mayores diferencias respecto a las economías avanzadas.

En el conjunto del índice, por tanto, la mejora de España es limitada: gana medio punto, pero no cambia de posición en la clasificación internacional.

Gobierno, corrupción y vivienda ganan peso entre las preocupaciones

El informe también recoge la evolución de las preocupaciones empresariales a partir de los datos del CIS. La confianza mantiene una trayectoria positiva desde 2013, aunque experimentó retrocesos durante la pandemia y con los cambios geopolíticos de los últimos años.

Entre 2022 y 2026 ganan peso las preocupaciones relacionadas con el Gobierno y los partidos políticos, la corrupción y el fraude y la vivienda. Al mismo tiempo, pierden relevancia el paro, la crisis económica y los problemas políticos generales.

El resultado es una fotografía con dos velocidades. España no mejora su posición relativa en libertad económica y mantiene una inversión pública en infraestructuras muy inferior a la de los años anteriores a la crisis. Al mismo tiempo, la inversión empresarial se sitúa por encima de la media europea.

El informe presentado por el presidente del IEE, Íñigo Fernández de Mesa, y el director general del instituto, Gregorio Izquierdo, sitúa así el principal contraste de la economía española: mientras el sector privado mantiene un esfuerzo inversor superior al promedio comunitario, el sector público continúa lejos del nivel de inversión en infraestructuras alcanzado antes de la crisis.