Estados Unidos ha impuesto una nueva ronda de sanciones económicas contra Cuba que amplía la ofensiva de la Administración de Donald Trump sobre la estructura política y empresarial de la isla. Las medidas afectan a tres responsables del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) y a nueve entidades estatales vinculadas con la minería, los metales, la construcción y el comercio exterior.
El Departamento de Estado anunció las designaciones el 20 de agosto y la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro, conocida como OFAC, incorporó inmediatamente a las personas y organismos afectados a su lista de nacionales especialmente designados.
El paquete de medidas consiste en una ampliación selectiva del régimen sancionador estadounidense que bloquea los posibles activos de los afectados cubanos bajo jurisdicción norteamericana, prohíbe determinadas operaciones y, sobre todo, advierte a bancos y empresas de otros países del riesgo de continuar haciendo negocios con ellos.
¿A quién afectan las nuevas sanciones?
Las sanciones personales se dirigen contra tres integrantes de la dirección del ICAP, una institución estatal dedicada a las relaciones de Cuba con organizaciones y movimientos extranjeros:
- Fernando González Llort, presidente del ICAP.
- Noemí Ramona Rabaza Fernández, vicepresidenta primera.
- Leima Martínez Freire, responsable del área de Norteamérica.
El secretario de Estado, Marco Rubio, acusa al ICAP de utilizar los intercambios educativos y culturales como cobertura para mantener una red de influencia política en Estados Unidos. Washington también relaciona estas actividades con los actos organizados por el centenario del nacimiento de Fidel Castro.
Estas afirmaciones forman parte de la justificación política ofrecida por el Gobierno estadounidense. La Habana rechaza las acusaciones y defiende al ICAP como una organización de solidaridad y cooperación internacional.
Las nueve entidades estatales incluidas en la actualización de la OFAC son:
- Ministerio de la Construcción de Cuba (MICONS).
- Acinox Comercial, dedicada a la industria del hierro y el acero.
- Agencia de Contratación a Representaciones Comerciales (ACOREC).
- Coratur, vinculada al abastecimiento y al comercio mayorista.
- Transimport, dedicada a la importación y comercialización de equipos de transporte y piezas.
- Consumimport, empresa estatal de comercio mayorista.
- Empresa de Níquel Comandante Ernesto Che Guevara, situada en Moa.
- Metalcuba, importadora y comercializadora de metales.
- Grupo Empresarial Geominero Salinero (Geominsal).
La selección de estas entidades muestra que Washington pretende actuar sobre sectores capaces de proporcionar divisas al Estado cubano y sobre empresas que intervienen en sus relaciones comerciales con el exterior. El níquel, los metales, la construcción y las importaciones constituyen actividades especialmente sensibles para una economía necesitada de financiación y suministros.
¿Qué suponen las sanciones para Cuba?
La inclusión en la lista de la OFAC tiene varias consecuencias. Todos los bienes o intereses de las personas y entidades sancionadas que se encuentren en Estados Unidos o bajo el control de ciudadanos y empresas estadounidenses quedan bloqueados.
Las personas y compañías sujetas a la jurisdicción estadounidense tampoco pueden realizar operaciones con los sancionados, salvo que exista una licencia o una excepción aplicable. La prohibición alcanza la entrega y recepción de fondos, bienes y servicios.
Las restricciones también pueden extenderse a empresas que no figuren expresamente en la lista cuando una o varias personas bloqueadas posean, directa o indirectamente, al menos el 50% de su propiedad.
Además, la Orden Ejecutiva 14404, firmada por Trump el 1 de mayo de 2026, permite sancionar a bancos extranjeros que faciliten operaciones significativas para personas o entidades bloqueadas. Entre las posibles medidas se encuentra limitar su acceso a cuentas de corresponsalía en Estados Unidos o bloquear sus activos bajo jurisdicción norteamericana.
Esta amenaza de sanciones secundarias es una de las partes más importantes del paquete, porque puede llevar a bancos, aseguradoras, navieras y proveedores internacionales a cancelar operaciones con Cuba aunque no sean estadounidenses.
¿Cómo podría afectar a las empresas españolas afincadas en Cuba?
Las sanciones estadounidenses no convierten automáticamente en ilegal para una empresa española cualquier operación con Cuba. Sin embargo, una compañía con actividad en Estados Unidos, pagos en dólares, financiación internacional o relaciones con bancos norteamericanos debe comprobar si su contraparte cubana aparece en la lista de la OFAC o está controlada por una entidad sancionada.
En la práctica, muchas entidades financieras pueden optar por rechazar pagos relacionados con Cuba para evitar investigaciones, multas o restricciones en el mercado estadounidense. Este fenómeno, conocido como reducción preventiva del riesgo, puede encarecer las transferencias, retrasar operaciones comerciales y dificultar la contratación de seguros o transporte.
El alcance real dependerá de la exposición internacional de cada organismo cubano. Una empresa estatal sin activos en Estados Unidos puede sufrir un impacto directo limitado, pero la pérdida de proveedores, clientes, financiación o servicios bancarios extranjeros puede resultar mucho más relevante que el propio bloqueo patrimonial.
El caso del Ministerio de la Construcción es especialmente significativo por sus relaciones con proyectos públicos, infraestructuras y compañías internacionales. La OFAC ha concedido a las personas y entidades extranjeras hasta el 19 de septiembre de 2026 para cerrar operaciones ordinarias con el MICONS o con sociedades participadas por este en al menos un 50%.
Este periodo permite finalizar relaciones ya existentes, pero no autoriza nuevas operaciones prohibidas. Tampoco modifica las restricciones que ya se aplican a ciudadanos y empresas estadounidenses.
¿Y qué sucede con Cuba?
Las nuevas medidas llegan en un momento especialmente delicado para Cuba. La isla atraviesa una crisis económica y energética marcada por la falta de combustible, el deterioro de las centrales eléctricas, la escasez de divisas y las dificultades para importar alimentos, medicamentos y piezas de repuesto.
Durante julio y agosto se produjeron varios colapsos del sistema eléctrico nacional. Los apagones han afectado reiteradamente a viviendas, empresas y servicios públicos, en un país de aproximadamente diez millones de habitantes cuyo parque de generación térmica arrastra décadas de envejecimiento y falta de inversión.
La crisis tampoco puede explicarse por una única causa. El Gobierno cubano atribuye buena parte de la situación al embargo, a las sanciones financieras y a las restricciones sobre el suministro de combustible. Washington responsabiliza al modelo económico estatal, a la falta de reformas y a la gestión de las autoridades cubanas.
Antes del actual endurecimiento, el propio Gobierno cubano ya había reconocido que la economía había perdido más de un 10% de su tamaño desde 2019. La agricultura, la industria, la minería y la producción energética se encuentran entre las actividades más afectadas.
El turismo, una de las principales fuentes de divisas de la isla, también atraviesa una situación crítica. Casi tres cuartas partes de los hoteles estaban cerrados a finales de julio, según datos de las autoridades cubanas, mientras la falta de combustible provocaba cancelaciones de vuelos y problemas de transporte.
Cuba, entre la espada y la pared, se abre al comercio internacional
La Habana ha comenzado a introducir cambios para tratar de responder a la crisis. La Asamblea Nacional cubana aprobó un paquete de 176 medidas que incluye una mayor participación de empresas privadas, facilidades para el uso de tierras estatales y autorizaciones para importar combustible y medicamentos.
El Gobierno también ha permitido la entrada de operadores privados en determinadas actividades turísticas y ha autorizado su primera iniciativa con inversión extranjera para importar y vender combustible. Cerca de 200 empresas cubanas recibieron permiso para participar en su distribución mayorista.
No obstante, Miguel Díaz-Canel ha descartado una privatización general de la economía y mantiene fuera de ese proceso sectores que considera estratégicos, como la sanidad, la ciencia y determinados servicios públicos.
Las nuevas sanciones pueden dificultar este intento de apertura. Aunque Washington afirma que quiere fortalecer al sector privado frente al Estado, la incorporación de empresas de importación, transporte y contratación laboral a la lista negra puede reducir el número de socios extranjeros dispuestos a operar en la isla.
La respuesta de Cuba a las sanciones
El ministro cubano de Exteriores, Bruno Rodríguez, ha acusado a Estados Unidos de actuar con el "propósito deliberado" de dañar la economía y limitar la capacidad del Estado para prestar servicios básicos. Según el canciller, las medidas también obstaculizarán las compras de alimentos, medicinas y material sanitario efectuadas por empresas privadas cubanas.
Díaz-Canel, por su parte, ha defendido a las personas e instituciones sancionadas y ha asegurado que su único "delito" es trabajar para Cuba. "Sabremos resistir y vencer", afirmó el presidente cubano después de conocerse la actualización de la OFAC.
Las sanciones no tienen una fecha general de caducidad. Continuarán vigentes mientras Estados Unidos no retire a las personas y entidades de la lista o modifique su política hacia la isla. A corto plazo, el principal efecto será comprobar hasta qué punto bancos, proveedores y socios internacionales deciden cortar sus relaciones con los nuevos organismos sancionados.