En dos semanas, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, se enfrenta a una de las fechas marcadas en todos los calendarios en Bruselas. El Ejecutivo comunitario lleva días anunciando por todos sus canales, incluso con carteles instalados en sus edificios, la cuenta atrás para el momento en el que la dirigente tome la palabra. Será ante el Pleno del Parlamento Europeo, en el conocido como debate sobre el Estado de la Unión, que en el mundo de las abreviaciones bruselenses se ha bautizado como SOTEU.
Es una fecha clave, pues la presidenta sentará las bases de lo que será la acción del Ejecutivo comunitario durante el último curso político de la legislatura. Por ello, durante los días previos, las discusiones sobre qué asuntos se abordarán y cuáles quedarán fuera del discurso inundan buena parte de las conversaciones y portadas europeas. De hecho, el Colegio de Comisarios mantuvo un retiro informal el pasado viernes en el que los responsables de las distintas carteras trasladaron a la presidenta sus principales inquietudes y prioridades.
Todo parece indicar que, a lo largo de las más de dos horas que se prevé que dure el debate, se tratarán asuntos como el refuerzo de las fronteras ante crisis migratorias como la de Ceuta, la respuesta europea ante los incendios o el tan anunciado veto al acceso de los menores a las redes sociales. A estos asuntos se suman otros expedientes que llevan meses ocupando la agenda comunitaria, como la seguridad y la defensa europea, la competitividad industrial, la transición energética o la necesidad de reducir determinadas dependencias estratégicas de terceros países.

Una agenda que también mira a la próxima generación
Sin embargo, aquellos que conocen de primera mano el entramado comunitario advierten de que hasta las últimas horas antes de que Von der Leyen se dirija al estrado existe margen para introducir modificaciones. El discurso no solo será una declaración de intenciones política, sino también una señal sobre cuáles serán los expedientes legislativos y regulatorios que concentrarán los esfuerzos de la Comisión durante los próximos meses.
Hay una juventud que, al igual que periodistas, lobistas, consultores y funcionarios, también espera con expectación las palabras de la dirigente alemana. Son conscientes de que deberán hacerse cargo durante la próxima década de las decisiones que ahora se acuerden en Bruselas. Las políticas que se diseñen en materia de competitividad, vivienda, empleo, transición energética, digitalización o defensa tendrán un impacto directo sobre una generación que comienza ahora a incorporarse plenamente al mercado laboral y a asumir responsabilidades económicas y sociales. Por ello, Demócrata ha querido tomar el pulso de un grupo de jóvenes profesionales europeos que, durante la última semana de verano, se dieron cita en los “Cursos Europeos de Verano”, organizados por Equipo Europa, para intentar dar respuesta a cada uno de los problemas a los que se enfrenta la Unión Europea.

La joven María Vallejo es una de las personas que estuvo detrás de la organización del evento, que congregó a cerca de trescientos jóvenes en torno a la mesa de los retos que previsiblemente recorrerán el discurso de la alemana. “Todo apunta a que irá de seguridad y defensa, es lo que marca la agenda ahora mismo. Sin embargo, creo que apostará por un concepto más amplio de resiliencia europea”, comenta, haciendo alusión a que es “algo que nos interesa especialmente a los jóvenes, porque somos la generación que va a tener que sostener esas decisiones”.
La referencia a la resiliencia europea no es menor. En los últimos años, la Unión ha ampliado progresivamente el concepto de seguridad, pasando de una visión centrada principalmente en la defensa territorial a otra que incorpora también las cadenas de suministro, la energía, las infraestructuras críticas, la ciberseguridad, la tecnología o la capacidad industrial. Para los jóvenes europeos, esta transformación plantea una cuestión adicional: cómo financiar y sostener ese nuevo modelo sin trasladar todos sus costes a las generaciones que ahora comienzan su trayectoria profesional.
Competitividad sin abandonar la transición verde
Su generación pone también el foco en lograr encontrar un equilibrio entre la “innovación e inversión sin renunciar a nuestros objetivos climáticos”. “La dependencia económica de China y el futuro del Green Deal podrían estar entre los temas principales de su discurso. Es uno de los grandes desafíos del momento”, añade Santiago Slullitel, otro de los jóvenes que forma parte de la organización.
El dilema al que apuntan conecta directamente con una de las principales discusiones regulatorias que afronta Bruselas. La Comisión debe conseguir que la transición climática continúe avanzando al mismo tiempo que responde a la presión de la industria europea para reducir costes, facilitar inversiones y competir con economías como Estados Unidos o China. Competitividad y descarbonización se han convertido así en dos objetivos que, lejos de poder abordarse por separado, deberán convivir en buena parte de las decisiones que tome el Ejecutivo comunitario durante los próximos años.

Vallejo espera una respuesta de la Comisión durante el discurso acerca de “cómo plantea hacer de Europa un destino atractivo para invertir”. A su juicio, la “opinión que otros tienen de Europa no siempre es favorable”, en alusión al resultado negativo del último referéndum sobre la adhesión de Islandia a la UE. “El reto está en responder a todo esto sin dejar de lado los valores europeos que conforman nuestra identidad y quiénes somos”, sostiene. Una reflexión que sitúa otro de los debates de fondo para el próximo curso político: cómo reforzar la autonomía estratégica europea sin que la Unión abandone el marco de valores sobre el que ha construido su proyecto político y económico.
Valores, solidaridad y una Unión más cohesionada
Sobre los valores que han caracterizado la historia de Europa también presta atención otro de los asistentes al foro, Mario Sans. “Espero que Von der Leyen sepa articular un discurso alineado con los valores fundamentales que construyeron Europa, desde la institucionalidad respetuosa con los derechos humanos”, explica. Además, apunta hacia los Grupos Parlamentarios al pedirles que reflexionen sobre “la falta de solidaridad que los Estados miembros mostraron con la Administración española durante la crisis de Ceuta”. “Nos ha retratado ante la comunidad internacional como una Unión débil y fragmentada, lo cual solo beneficia a nuestros detractores”, resume.
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Ceuta servirá para abrir de las cuestiones que previsiblemente tendrá mayor peso en la agenda europea durante los próximos meses. Bruselas debe idear cómo responder de forma coordinada ante crisis que afectan directamente a sus fronteras exteriores. La gestión migratoria, la protección de las fronteras y los mecanismos de solidaridad entre Estados miembros serán algunos de los asuntos que contrentren el despliegue del Pacto de Migración y Asilo.
Para estos jóvenes, la discusión no puede limitarse a la dimensión securitaria. La respuesta europea debe ir acompañada de cohesión territorial, capacidad económica y una política común que permita a los Estados miembros afrontar las crisis sin que la respuesta dependa exclusivamente de sus capacidades nacionales.
Vivienda y empleo, el otro gran frente
Todos ellos esperan también que el Ejecutivo profundice en “estrategias de vivienda para los jóvenes”. Un problema que, tal y como señalan, “afecta a buena parte de los países del continente”. Medidas como los fondos Next Generation EU han paliado parcialmente las consecuencias de crisis que siguen azotando sus bolsillos y, en definitiva, a sus generaciones.
La vivienda se ha convertido así en una de las principales preocupaciones de una generación que, pese a contar con mayores niveles de formación y movilidad que las anteriores, encuentra dificultades para acceder a una vivienda y consolidar una trayectoria económica estable. El problema afecta de forma desigual a los distintos Estados miembros, pero comparte elementos comunes: el incremento de los precios, la escasez de oferta, la presión sobre los mercados urbanos y la dificultad para compatibilizar el acceso a la vivienda con los primeros años de incorporación al mercado laboral.
Las nuevas medidas que reclaman consideran que deberían estar acompañadas de “planes de empleo y reactivación económica que incluyan salarios dignos en la eurozona”, de manera que se garantice una autonomía económica suficiente “para también aportar al desarrollo de nuestros países”.
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En última instancia, el mensaje que trasladan estos jóvenes a Von der Leyen combina buena parte de los grandes debates que definirán el próximo curso comunitario: seguridad, defensa, competitividad, transición climática, vivienda, empleo, migración, inversión y valores europeos.
El SOTEU irá más allá de un discurso institucional al uso. Será la oportunidad de la presidenta de la Comisión para ordenar prioridades, marcar el calendario político y anticipar qué expedientes concentrarán la capacidad regulatoria de Bruselas durante los próximos meses. Para quienes comienzan ahora a construir su futuro en Europa, será también una primera respuesta a una pregunta mucho más amplia: qué Unión Europea recibirán cuando les corresponda tomar el relevo.